A los humanos nos encantan los apocalipsis. Nos encanta flagelarnos y no, no es sólo cosa judeocristiana ¿O sí?
El caso es que tras el apocalipsismo ambiental, llega el apocalipsismo IAtico. Tiene su vertiente, como con toda tecnología, luddita, y en este caso su vertiente educativa. Y suena tan goloso lo de que la IA destruye la educación...¡la Universidad!
Pero la Universidad no la destruye la IA, quizás la salve.
La Universidad la hemos destruido los profesores no obligando a leer, aprender, pensar, analizar críticamente.
La hemos destruido porque la Educación Secundaria ha destruido en las últimas décadas la materia prima con la que trabajamos, los estudiantes.
La hemos destruido porque los políticos universitarios nos han obligados a ello, pagan pluses al profesorado por ello. Se llama Tasa de Éxito.
La hemos destruido porque los universitarios convertidos en políticos han destruido el sistema universitario con sucesivas leyes devaluadoras de las titulaciones universitarias y devaluadoras de la evaluación del profesorado al permitir la corrupción (¿alguien conoce a algún catedrático en la cárcel por corromperse pagando favores con plazas o con acreditaciones? Porque podría o debería haber unos cuantos).
La IA quizás la salve.
Aplicándola a la selección y evaluación del profesorado. Al diseño de titulaciones. Al diseño y actualización y programas docentes. Al diseño de actividades. Al resumen de textos (sí, resúmenes, porque la mayor parte de lo que escribimos quienes hacemos trabajo intelectual es paja, no sabemos autocontenernos). A la evaluación de las actividades y exámenes (no, no tienen por qué ser orales, de hecho no deberían ser orales, tienen que demostrar que saben escribir, construir frases, no que te intenten convencer, bro, con lengua de vendedor de coches, como en esas paparruchas de clubs de debate). A la propia creación de textos docentes, de investigación y de creación. Facilitando la organización docente y la gestión y con ello reduciendo costes ingentes en personal de administración y servicios (y donde sea necesario también de profesores, claro que sí) y haciendo posible la total gratuidad en las universidades públicas.
Sí, quizás, sólo quizás, la IA la salve.
Sólo quizás, porque solo la salvará si somos capaces de, con su ayuda, seguir generando conocimiento de calidad. Porque hasta hoy la IA se ha alimentado con lo que hemos aportado las generaciones previas. Pero si empieza a alimentarse sólo de sí misma, de la Redundancia, entonces sí vendrá el caos.
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