En realidad me llevaba una porrada de años, más de lo que yo creía porque Angel Delgado siempre pareció más joven de lo que era. Ha muerto a los 84, tras una larga y penosa (para él y su familia) enfermedad, y me jode porque precisamente en septiembre tenía planeado visitarlo en Zaragoza, al par que a otros amigos a los que no veo desde hace ya muchas décadas. Demasiadas, porque soy un descastado. Cuando has pasado entre la primera infancia y la universidad por siete centros educativos de cinco ciudades y pueblos distintos, el mundo, la vida, te hace así. O me justifico así.
En concreto a Angel Delgado ni sé cuántos años hace que no lo veía. Lo conocí casi a la vez que a Gaviria, con el que él ya estaba colaborando. Recién salido, o escapado, de cura. Había formado parte del grupo de curas, una treintena, que en 1974 se habían rebelado contra el Obispo de Zaragoza, Cantero Cuadrado, uno de los más reaccionarios de la época, en solidaridad con Wirberto Delso, cura de Fabara al que el obispo había echado del pueblo. Al final buena parte de los curas se secularizaron (hay que tener en cuenta que formaban parte de una generación de rurales que había encontrado en el Seminario un camino más accesible a la formación), y entre ellos estaba Angel, al que también reprendían del obispado porque le gustaba participar (con o sin sotana) en carreras de coches, con la de Alcañiz, con su Simca1000. Y como le gustaban tanto los coches, pronto encontró trabajo como profesor de autoescuela. Con él me saqué el carnet, se lo sacó mi novia, mi hermano, mi cuñado, montones de amigos... A las chicas les encantaba especialmente su dulzura al enseñar y sobre todo al corregir, porque era muy buena gente. Pero además de ganarse el pan con el sudor de su frente siguió desarrollando actividades culturales. Formó parte de la revista Andalán (era el que más a pecho se tomaba que una y otra vez los "políticos", osea quienes vivían o trabajaban para vivir de la política, se negasen a mi entrada en el "consejo" de la revista), escribía artículos de opinión en el periódico El Día de Aragón, ganó un par de premios de poesía, y hasta se lanzó a coescribir ya en la madurez una novela sobre un rey aragonés. Precisamente para unos libritos que El Día de Aragón publicó, en un coleccionable dominical, con una selección de artículos míos, escribió un divertido, jugoso y generoso epílogo, que pego a continuación.
"AL LECTOR, DE TU A TU
Angel Delgado (24.VII1.87) - Aragón (Mundo Universo)
¿Recuerda el título de este librico? Recuérdelo, hombre, ande... ¿Ya? Pues bien, en mi opinión cuanto antecede es una muestra «de lo que hay». Un serio sondeo sociológico con el amor demodé de un luchador, con un margen de error de más o menos 1% como mucho. Y «de lo que se podría»...una invitación a soñar con la utopía (esa espera humana que tanto gusta a J. lo Batalla o a Mary Cubero, entre otros). Véanlo: En esta tierra podria hacerse del agua una lluvia segura y repartida. De las cosas de la naturaleza o la salud, macetas grandiosas. De la economía, un pan manejado por Pablo Serrano como él quería. Podría hacerse de la sociedad como un pañuelo, de la injusticia como una herencia común, de la igualdad como un gen imperdible. Podría haber un pueblo en marcha algo más feliz. Podria hablarse de unas relaciones sin clanes ni caníbales; de Aragón libre, como hermano de otros pueblos. Se podría... siga, siga imaginando.
Artemio invita en cada artículo a la imaginación. Lo malo es que no sé en qué diablos de clave lo hace, que esa imaginación sugiere compromisos, ¿lo ha notado? Tal vez porque habla de Aragón como de una casa, porque hace tratados de sociología como quien escribe cartas. Tal vez porque es libre aún, y, ya sabe, eso se contagia. Al terminarlos, a uno le surge la duda de si estos escritos son investigación social o un libro de cuentos para mayores. O el manual de un revoltoso, no sé. Por un lado, siempre lleva la contra. Pero, por otro, descubres que ésta es la sociología que necesitamos la base: la que es popular, la que comprendemos todos, la que nos ayuda a observar con ojos como platos la realidad, la sociedad, sin tinglados... la marcha, vamos. Porque, estará usted de acuerdo o no con las cosas que dice Artemio, pero ¿a que ha comprendido todo? Pues ojo, que como esto les pase a los pobres, puede ser peligroso.
Todo trabajo sociológico tiene, al menos, dos aspectos: primero es investigación, simple álbum de fotos, y después es un frontón dispuesto a los rebotes, una cámara preparada con cinta virgen. Cuando la investigación social es aguda y las propuestas realistas, en la foto nos vemos afectados todos y la cámara es simplemente nuestro futuro. Por eso nos surgen unas ganas-expectativas-sentimientos de soñar, gritar... «¡Cuántas .cosas podrían hacerse!» Claro, habría que hacerlas. Si yo fuese director general de Educación de Aragón -o de la ONU, mejor- pondría este libro (y otros trabajos de Artemio, Gaviria, Silber, Borao, Labordeta, Guarc, Lucía, etc.) como área -ahora se dice así, creo-- obligatoria. La llamaríamos «Preparando un mundo más feliz», así de simple y dificil. Mientras llego, a ver qué consejero se atreve a empezar por alguna escuela de barrio o universidad popular.
¿...ve usted, amigo lector?, Artemio crea sueños. Y el sueño es un radical, porque es libre, y como no tiene miedos ve que pueden ganarse todas las batallas. Habrá que decirle que no sea tan libre, porque encima de volvemos locos de tanto hacemos pensar, no podemos etiquetarlo ni criticarlo (por si acaso metemos la pata), y además nos da envidia. ¿O a lo mejor hay que darle las gracias, por esto...?
Quizás es también un poco duro. Puede ser influencia del cierzo o de la boira. O de la soledad.
Artemio Baigorri pertenece a los llamados (entre 1970-80) «ideólogos de la libertad», o «sociólogos de la base, los currantes y los militantes». Se hizo en la «Ebro's University» y perfeccionó técnicas en la «People's Luchas School». Enlazaría con los distintos movimientos o escuelas -machacadas a través de los siglos- de utópicos que harían suya aquella frase de Hegel: «la historia es el desarrollo de la idea de libertad». El quitaría lo de «idea». Debido a esta trayectoria, frente a los tecnócratas de poco ha que nos imponían la siesta o el «échate a dormir», o frente a los burócratas actuales que nos proponen la modorra, A. Baigorri termina siempre, aunque él no lo pretenda, sugiriéndonos la utopía, el sueño realizable y concreto. ¿Lo hacemos...?"
Osea que merecía una visita, hace años. Pero la vida va como va... Y es cierto que tras la muerte de mi madre y de Gaviria, mis viajes a mi tierra de origen (o de nacimiento, que mi tierra de origen está aún más arriba, y a su vez quedó olvidada muchas generaciones atrás) han sido ya muy escasos. Pero no hay que dejar pasar los años.