De verdad es que empiezo a hastar hasta la coronilla de "los míos" (aunque sí, no nos engañemos, siempre he dicho que "los míos" no existen como colectivo, debo conformarme con lo que más se le aproxima, o aproximó un día). Lo digo por esto, que he dejado en X.
¿Estamos ya tan desquiciados como para demonizar no al fascista de manual, con fenotipo, cabeza y gesto mussoliniano, con tono de chulo de barrio, con órdenes y amenazas protonazis, que vocifera, humilla, insulta, amenaza al subordinado, sino por el contrario al subordinado que se atreve a no obedecer una orden que considera impropia y graba, como única defensa, esos improperios y escupitajos que parecen salir de la radio de Queipo?¿Ése es el ejercito democrático que queremos?
Lo único criticable (aunque evidencia un estado de cosas en el que el miedo reina) es que el subordinado no se haya atrevido a denunciarlo hasta estar en lo posible a salvo de ese energúmeno.
Que "los míos" estén dispuestos a defender al chulo frente al débil, sólo porque, en este instante (sólo en este instante, que los Franco, Cabanellas, Mola, Queipo, todos era republicanos, muy republicanos, hasta que dejaron de serlo) el chulo obedece a quien defiende al líder supremo, me produce una vergüenza indescriptible.