Más hostias (merecidísimas, como todas las que lleva recibir en las últimas décadas) a la Sociología, en este artículo sobre las batallitas políticas de la ASA (aquí no hay ni batallitas: hay "turno de partidos", como en el gobierno de la Restauración).
Manoseada según épocas, países, colegios ocultos o directamente ministerios, por unos y por otros, si quiere seguir siendo respetada como Ciencia (a punto está de que la echen de ese club) tendrá que expulsar del templo a los mercachifles de Ideologías.
"El político y el científico" de Weber fue una lectura obligada para todo sociólogo, pero dudo que hoy en día se imponga (si es que se impone algún libro, dada la incapacidad de la mayoría para leer más de cinco páginas seguidas sin acción) en ninguna Facultad de Sociología. Su neutralidad valorativa (Weber fue un político de derechas), especialmente en el aula (que he intentado mantener durante toda mi vida académica) es una posición tan digna como la de Durkheim, para quien los valores son hechos sociales engendrados por la propia colectividad; y siendo objetivos y medibles en sus efectos, la sociología no solo puede estudiarlos, sino que puede determinar científicamente qué valores e ideales necesita una sociedad en una época determinada para funcionar de manera armónica (algo que también he intentado aplicar durante toda mi vida académica, aunque parezca paradójico).
De Lester Ward, en el origen de la ASA y tan progresista como Durkheim aunque al modo americano, citan en el artículo su aserto: "un sociólogo que decide tomar partido en los acontecimientos actuales abandona su ciencia y se convierte en político". Pero influyó poderosamente en la base reformista de la Escuela de Chicago (la nuestra, no la de los economistas).
Tener un fuerte compromiso social, incluso político, no debería ser contradictorio con respetar los principios de la Ciencia, y la Sociología o es Ciencia o es Teología (como pretendió Comte en su locura), ni siquiera Racionalismo. El uso de la Sociología, como el de todas las demás Ciencias (desde las Exactas a las de la Naturaleza) para la mejora de la vida humana y social es un principio sagrado, si no sirve para eso, no sirve para nada. Basta con la reflexión filosófica. Pero que sea útil, que sea una Ciencia Aplicada y Aplicable, no significa que sea una herramienta para manipular la realidad en función de nuestras particulares ensoñaciones ideológicas. Y hay que reconocer que todo eso lo han gestionado los sociólogos conservadores, "de derechas", más honestamente que los progresistas, "de izquierdas".
Durkheim fue socialista (socialdemócrata, diríamos hoy), aunque detestaba el marxismo y especialmente su pretensión científica. Pero aún creyendo en esa necesidad de una Sociología aplicable, útil a la Sociedad, tenía claro que los experimentos, con gaseosa. Porque "nuestras creencias morales son el producto de una larga evolución; resultan de una sucesión de interminables tanteos, esfuerzos, fracasos, experiencias de toda suerte. Como sus orígenes son lejanos, en ocasiones no podemos percibir las causas que los explican. Mientras tanto, debemos someternos respetuosamente, porque sabemos que la humanidad, tras tanto sufrimiento ytrabajo, no ha encontrado nada mejor (...). Sería verdaderamente pueril querer rectificar con nuestro pequeño juicio particular los resultados de la experiencia humana. Sin duda liegará un dia en que la ciencia de la moral habrá avanzado lo suficiente como para que la teoría pueda regular la praxis: pero todavia estamos lejos y, de momento, lo más sabio es atender las enseñanzas de la historia" (E. Durkheim, "La sciencie positive de la morale en Allemagne", Revue Philosophique, núm. 24 (1887).
La Sociología está a punto de ser tachada de seudociencia. Así que vamos a quitarnos las chapas y lospañuelicos y ponernos a leer, estudiar, observar, medir, contar, interpretar. Seamos útiles y no una mera mosca cojonera para nuestros conciudadanos. Y ya por tarde, o en el fin de semana, pues ya que cada cual eche el rato en las manifas o rituales de secta religiosa que cada cual prefiera.
De verdad, que nos echan...