Bueno, mi hijo se leyó el Corán enterito de arriba hace bastantes años, y mi hija anda ahora dándole vueltas a lo trascendente. Son millenials, más o menos. Tienen inquietudes.
A la vista de ese tipo de ejemplos que tantos podemos tener en casa, hay quienes se lanzan a afirmar el aumento de la religiosidad entre los Z, en Norteamérica, pero podríamos decir que la sensación se observa en casi todo el planeta.Otros lo niegan, dicen que se refieren a hechos más circunstanciales, que las evidencias empíricas no confirman eso.
En España hemos visto una especie de renacer de una especie de Kikos, los Hakuna, en realidad casi una franquicia del Opus, que estaba en crisis pero intenta mantener como sea su penetración entre las clases medias altas. Como en América, hubo una oleada anterior que generó sectas (aunque lógicamente ninguna se acepte a sí misma como secta, algunas incluso están o han estado reconocidas por una u otra Iglesia) de todo tipo:
Desde 1975, el panorama de grupos con comportamientos sectarios o polémicos vinculados al catolicismo en España incluye tanto organizaciones dentro de la estructura eclesial como grupos escindidos.
Aparte de la pesadez del Opus, penetrándolo absolutamente todo entre los años 60 y 90, en que empieza su decadencia, hemos visto de todo:
- El Yunque, una organización secreta de extrema derecha que opera de forma encubierta para influir en la vida pública y la Iglesia.
- El Camino Neocatecumenal (los Kikos), que son como los testigos de Jehová pero en católico-apostólico-romano.
- Los Legionarios de Cristo, cuya historia de escándalos, abusos sexuales y control jerárquico extremo sobre la voluntad de sus miembros es bien conocida.
Y luego hemos visto emerger los nuevos "protestantes", los escindididos que se reclaman auténtica Iglesia de Roma y demás parafernalias (y por tanto no son reconocidos por la Santa Sede o incluso han sido excomulgados)
- Iglesia Palmariana, esperpento bien conocido en España con sus papas, ritos tridentinos y un control férreo sobre sus fieles.
- Orden y Mandato de San Miguel Arcángel (los Miguelianos), intervenido por la Iglesia (y la justicia) tras denuncias de abusos sexuales y económicos por parte de su líder.
- Seminarios de San Pío X (Lefebvristas): Importados de Francia, centrados en la tradición más ortodoxa, en la línea del nacionalcatolicismo franquista, mantienen posturas de ruptura con el Vaticano II que generan dinámicas de aislamiento doctrinal.
Pero más allá de la espuma del asunto, para entender bien lo que ahora mismo ocurre es mejor, como siempre,. Hagámoslo para analizar el mito rampante de la creciente espiritualidad y religiosidad. Porque además la Historia es espiral, cíclica en ciclos que ensanchan el campo. Osea que hay poco nuevo.
En 1981, hace casi medio siglo, Marvin Harris publicó "America Now: The Anthropology of a Changing Culture", traducido al español como "La cultura norteamericana contemporánea", en el que dedica un capítulo al llamado Tercer Gran Despertar religioso en Estados Unidos, como parte de la crisis cultural posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Sostenía que los nuevos cultos y el resurgir religioso son sobre todo una respuesta práctica a problemas materiales y sociales, más que una genuina “búsqueda espiritual”.
Harris vincula la proliferación de cultos, terapias y movimientos “psico‑místico‑paracientífico‑espiritual‑terapéuticos” desde finales de los sesenta con otros procesos: deterioro de la calidad de los bienes y servicios, desintegración familiar, delincuencia, paro, inflación, burocracias opresivas y consumismo disfuncional. Frente a interpretaciones que intentan explicar el auge de la espiritualidad como reacción al “individualismo utilitarista” de una sociedad opulenta y materialista, Harris niega que la clave sea el éxito material; porque para él, la opulencia es precisamente en buena parte ilusoria y la gente se vuelca en religiones y cultos porque no logra resolver necesidades básicas ni asegurar bienestar en la vida cotidiana.
Es especialmente interesante el análisis que hace del “evangelismo electrónico” (telepredicadores, iglesias de televisión, “cristianos renacidos”), que considera el núcleo real del Tercer Gran Despertar por número de fieles, recursos y capacidad de influencia, y que sería plenamente asimilable al boom en las RRSS, especialmente en TikTok.
Estos llegan a proponer un “evangelio de la riqueza” según el cual el éxito económico y la salud física son signos de gracia divina, construyendo auténticos imperios mediáticos y financieros mediante donaciones de millones de espectadores que buscan curación, alivio de deudas, seguridad y sentido en un contexto de inflación, precariedad, miedo al delito y soledad.
En síntesis, interpreta el Tercer Gran Despertar como una respuesta desesperada a la suma de problemas estructurales de la Norteamérica contemporánea —consumismo, crisis familiar, inversión de roles de género, alienación laboral, opresión burocrática, inseguridad, racismo—, y se pregunta si el desplazamiento de la razón por la fe no puede estar abriendo el camino a formas de “noche blanca” a gran escala, análogas a Jonestown pero de una escala mayor, a nivel nacional.
Pues aquello que decía sobre Norteamérica es aplicable hoy, tras medio siglo de extensión de la Urbe Global en la Sociedad Telemática, a todo el planeta civilizado. Sobre la propia Norteamérica hoy quizás ubicaría fenómenos como la toma del Congreso o la orgia ICE en ese modelo de "noche blanca" de Gran Suicidio colectivo.
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