Leo por un casual en Facebook, a uno de Cortes (el pueblo, ya de Navarra, situado a menos de mil metros del mío), que han derruido "el parador", osea la gasolinera que fue hostal.
La vida de los lugares es curiosa, la de transformaciones que ha visto todo aquello desde los tiempos en que se erguía con pretensiones de frontera la caseta de arbitrios de la Diputación Foral, protegida por el franquismo, en la que los transportistas, incluidos los agricultores, tenían que pagar por tantas cosas. Luego un prometedor hostal con gasolinera al que íbamos a llenar con los tractores, siempre temerosos de "los motoristas" de Tráfico que establecían allí su base durante horas, y en algún periodo también a echar alguna copa nocturna, pues quedó en simple bar que lentamente fue decayendo a partir de los años 70. Hasta la actualidad, en que una autopista pasa por prácticamente la nada.
A los de Cortes les trae recuerdos de encuentros y charletas bajo el porche, a mí me los trae de la primera vez que me tocó, alzando bien poca altura, ir a limpiar remolacha (los niños nos arrodillábamos con las mujeres, sobre el barro helado, a darle a la cuchilla), y de lo mucho que me gustaba, ya de adolescente, ir a regar a ese campo. Mientras se regaba me entretenía viendo pasar y parar coches, soñando con aventuras (tengo un recuerdo vívido de una tarde soleada leyendo a Juan Ramón Jiménez bajo el enorme alberjero que teníamos junto a la acequia, en la esquina del campo más cercana a Mallén). Hasta que con muy malas artes, con continuas amenazas de expropiación por parte de la Diputación Foral, mi padre tuvo que malvender el campo (un muy buen campo) a los de la gasolinera para que hicieran un aparcamiento de camiones. Y hoy el campo es un carril de la autovía, y "el parador" es un campo de escombros.
- Y tú un viejo -puede alegar el lugar- que un día no muy lejano ni existirás, mientras yo seguiré aquí, quizás transformado de nuevo.
Bueno, pues no ha reflejado mal la escena el Nano Banana, aunque se ha empeñado en unas trías en vez de en una acequia. Me veo, me veo...
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