Es una reflexión que inicié y parece que no terminé (el fichero está incompleto, y no me suena que lo publicase en ningún periódico) hace 26 años, justo en estas mismas fechas del 2000, me ha aparecido limpiando discos y la verdad es que lo he visto tannn actual...
"LO BELLO Y LO SUBLIME
Artemio Baigorri
Sociólogo, Profesor de la Universidad de Extremadura
¿Se han fijado que en este país ya no se habla de la erótica del poder? No faltará quien argumente con rapidez que, observando a Aznar o su amigo Villalonga, cómo va a pensar uno en erotismo... Efectivamente, ni los políticos, ni los pelotaris de este régimen, tienen erótica alguna: son la ética del capitalismo en estado puro, concreción perfecta del tipo ideal construido por Max Weber. Más aún, la comparación entre los morros jaggerianos del joven Felipe y el careto gris-verdoso de Aznar, o entre el rostro monocorde de Villalonga con el ‘penetante’ aspecto de macho cabrío de Conde, podría conducir a la depresión a cualquier fémina sensible. Y del mismo modo, comparar a las queridas y segundas de la nueva clase en el poder, todas emperifolladas y de una belleza castrante, con las intelectuales golfas y de belleza decadente que años atrás se agolpaban en los escalones intermedios del PSOE, podría conducir a la automutilación física o mental de cualquier hombre sensible.
Para entender esta transformación hay que volver a Kant, y sus observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime, donde concluye que cuando el sentimiento de lo bello degenera, cuando le falta completamente lo noble, degenera en lo ridículo; del mismo modo que cuando se consideran sublimes las cosas antinaturales, no son sino esperpentos.
Por eso no se habla de la erótica del poder. Porque lo bello se ha tornado en ridículo, y lo sublime en esperpento. Y es que, como decía el maestro, “una persona de laboriosidad tranquila y egoísta, no tiene en modo alguno los órganos apropiados para percibir el rasgo noble de un poema o de una virtud heroica”.
Ahora bien. ¿Es todo eso preocupante?. ¿Afecta a nuestros bolsillos, a nuestro producto interior bruto?. Podría parecer que no; que el disfrute de la belleza o la práctica de los sentimientos sublimes son asuntos privados, que poco tienen que ver con la capacidad de los gobiernos para reducir el déficit público o controlar la inflación. Pero si abrimos los ojos y, como decía la famosa pintada, nos desabrochamos el cerebro, las cosas cambian, porque no sólo de pan viven loas seres humanos.
Cuando vemos cómo en el ojo del mundo, la televisión, lo ridículo y lo esperpéntico han sustituido lenta pero irremisiblemente a lo bello y lo sublime. Cuando las divas de carnicería sustituyen a las divas de la sensibilidad, y los galanes relamidos y casposos a los tíos buenos; cuando los homosexuales reprimidos y potencialmente pedófilos quitan el puesto a las locas creativas y honestas; cuando los ladrones de la letra pequeña sustituyen a los bucaneros suicidas que se juegan el todo por el todo; cuando todo se tiñe del azul de la represión y la impotencia, nuestra sensibilidad debiera preocuparse, porque vamos por mal camino.
Hay otros síntomas preocupantes de este proceso de degeneración hacia el reinado del super-yo en el que esta sociedad se embarcó hace unos pocos años, cuando los políticos aprendieron a resistirse a la erótica del poder, y los meapilas que sólo se excitan ante un gráfico de ventas, o de intención de voto ascendente, se hicieron los dueños del escenario.
Pensemos en nuestros jóvenes. Las estadísticas son estremecedoras: la edad media en la que los jóvenes llegan a tener relaciones sexuales completas se retrasa. Leo en un informe publicado en las páginas de este mismo periódico, que “el sexo ya no es visto como una liberación, sino como algo peligroso que te puede matar”, o que “la virginidad de las chicas vuelve a tener un gran valor”. ¿De cambio, me pregunto?. ¿Contractual, para obtener una mejor dote matrimonial? ¿Y para qué, si ni siquiera tienen hijos? Si el sexo por el sexo vuelve a ser pecado, y el sexo santificado para la reproducción no se practica, ¿a qué mundo nos están conduciendo esta panda de reprimidos?. No me extraña que las enfermeras españolas anden preocupadas, como se muestra en un informe que recientemente han hecho público, por la adicción al sexo virtual en Internet. Aquí no hay cifras, pero los estándares de la cultura americana son ya aplicables: allí acaban de estimar en 200.000 personas las que están enganchados como perros en celo a las páginas porno de Internet; por la cuenta de la vieja, aquí debemos tener unos 40.000 al menos. Por lo demás, basta visitar los chats en los que predominan los jóvenes: el calentón que llevan los pobres es de hórdago... No practicarán el sexo por miedo, pero desde luego no por falta de ganas.
Y esa es justamente la cuestión. Yo no diría exactamente eso, pero retomaría a mi viejo y reprimido amigo Kant, quien advierte de que “el sometimiento de las pasiones propias por principios es sublime, pero las mortificaciones, los votos y algunas otras virtudes monacales son esperpentos”.
¿Vamos a seguir dejando que nuestros sentidos se aborreguen,"
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