En 1996, Mario Gaviria publicó un libro muy mal recibido por la progresía, que ya estaba harta del Felipe que no nos había traído (afortunadamente) el socialismo y encima nos había metido en la OTAN y (afortunadamente) en el Mercado Común, una progresía que hasta animaba a los comunistas en su pinza con el PP allá en donde había ocasión.
Se titulaba "España séptima potencia" y su tesis era que la Era González había puesto a España de nuevo en el mapa del mundo. En realidad en 1975 (seamos honestos) ya estaba entre el puesto 8° y 12°, según qué indicadores se utilicen, pero Gaviria evidenciaba con un cúmulo de datos y argumentos que respecto a 1975 nuestra posición había mejorado aún más, y estábamos en un país bastante feliz (sí, los boomers esos a los que algunos de sus hijos odian por haberles ido bien, aunque estén dispuestos a heredarlos), y encima respetado por tirios y troyanos. Pero ya saben, con aquello de "paro, terrorismo, corrupción", echaron a González y se montó un despacho de influencias, como Zapatero pero más a las claras y con más éxito. Osea que le fue bien, como a todos los ex presidentes.
Desde entonces hemos tenido dos presidentes del PP que no aportaron nada, y dos del PSOE que en origen eran más conservadores que Felipe, pero que a medida que se empoderaban asumían posiciones no ya de una izquierda socialdemócrata sino más propias de movimientos populistas. Y que aunque han añadido alguna ventaja al Estado del Bienestar construido en el último cuarto del siglo XX (básicamente la Dependencia y pasos en igualdad entre hombres y mujeres), no han supuesto una mejora objetiva de las condiciones de vida de las clases trabajadoras (osea clase obrera, menestrales y autónomos en general y aparato de Estado), más allá de las mejoras que el mero desarrollo tecnológico han traído a todo el planeta, incluido el mal llamado Sur Global. Es más, la calidad del Estado del Bienestar que ya estaba construido y funcionaba bastante bien (Sanidad, Educación e Infraestructuras) se ha deteriorado significativamente.
Así que ahora que una caterva de pesebreros, muchos sin oficio ejercido, que llevan toda su vida viviendo de un partido que casi se inventó Felipe (1), conformen una especie de reala de perros rabiosos difundiendo odio a González para proteger al Líder Supremo, produce sobre todo pena. No por él, que en donde está supongo que como quien oye llover, sino por el PSOE, al que van a dejar hecho unos zorros. Que aprovechen en la izquierda rabiosa para volver a darle al de "la cal y las puertas giratorias" (el eslógan complementario del "paro, terrorismoy corrupción" de Aznar) es comprensible. Pero contribuir desde el propio PSOE a la destrucción de referentes clásicos tanto a nivel nacional como regional (como se ha intentado hacer con Ibarra en Extremadura) del PSOE que triunfaba y transformaba es catastrófico. Y, por supuesto, alimenta a ambos extremos.
Otra forma de verlo: aay jarrones que tras ocupar solamente dos cargos públicos han transformado España (y mira que me gustaban poco en aquellos tiempos jóvenes y ardientes algunas de sus transformaciones), y tacitas y tazones a quienes tras trepar por mil cargos no se les conoce aporte alguno al bienestar de sus contemporáneos...y contemporáneas.
Notas
(1) No sé si llegarían a la docena los que había en el PSOE en Zaragoza en 1975, todos ellos grandes profesionales en lo suyo, cuando José Félix Sáenz me preparó un carnet que no llegué a recoger porque entre que no entendía que tuviese que afiliarme también a la UGT no siendo asalariado sino estudiante, y que en el entretanto me abdució Gaviria, quien me abrió caminos más libertarios.
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