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2019/03/11

De ese lugar donde los pollos se pasean crudos y las ovejas no son tan conformistas como nos cuentan los cuentos....

El deseo de huir de un destino trazado


Lo de tener cuidado con el campo, ese lugar donde los pollos se pasean crudos que a saber quién lo dijo  (por derecho debería ser de Tono) sigue siendo cierto. Y habría que advertirlo especialmente a periodistas y sociólogos de ciudad. Por eso, yo que empecé como periodista y he terminado como sociólogo, hace muuuuchos años que me impuse el no leer jamás un libro sobre "lo rural" escrito por alguien "de capital".

Por eso, de periodistas, después de los de Eliseo Bayo (que anduvo por mil rincones urbanos, incluidos algunos de esos en los que hay que andar con una pinza en la nariz, pero básicamente era de pueblo) no he vuelto a leer ninguno. Con él se escribieron los últimos grandes libros-crónica sobre lo que hoy es la Ruralía, ese fragmento de la urbe global (lo siento, pero ni Oración de campesinos ni El manifiesto de la tierra están escaneados por ningún sitio, tendrán que buscarlos en bibliotecas o librerías de viejo)

La "casica" de "el monte", que un día fue espacio de disfrute cuando tocaba recoger la uva, las olivas o las almendras

Así que no cedí a la tentación consumista (cedo a pocas tentaciones consumistas, la verdad) de leer "La España vacía". Me temía lo que, buscando otra cosa, me encuentro ahora  (mucho tiempo ha, pero la red es eso, que nada envejece) tan bien analizado en estos textos de la politóloga Leyla Martinez y del geógrafo Jesús Cuadrado (aunque no coincido con sus propuestas de agrupaciones, al menos tal y como son habitual y alegremente sugeridas por muchos geógrafos). 

De la casa cerrada

Me resulta especialmente graciosa la crítica que Martínez hace del análisis del crimen de Fago que se hace en el mediático libro: la teoría de la "privación sensorial", para referirse a un crimen que desde hace más de una década yo lo utilizo de vez en cuando en cursos y conferencias como paradigma de la urbe global (tras la urbanización del mundo rural) y sobre todo de la californication.



E interesante la reflexión de Cuadrado, que no siempre se tiene en cuenta, sobre la importancia de discernir entre los "dos tipos de pobladores" de muchos de esos pueblos aparentemente abandonados: los permanentes y la “población vinculada” (yo mismo y millones más en toda España, unos empadronados y otros no), que tiene una vivienda utilizada temporalmente, normalmente muy cuidada. Y a veces plantean, digámoslo también, problemas de convivencia con los permanentes, especialmente con algunas de sus actividades, sea productivas (ganadería), sea de ocio (quads, motos, caza...). La californication.

La "población vinculada", en muchos casos incluso empadronada, es a menudo la que mejor conserva (o recupera) el patrimonio

Lo general en lo particular




Las fotografías son todas propias





2013/01/15

Economía de medios

Lo digo muy en serio: reconozco que es lógico que sea a alguien que nació en Manhattan, estudió en Princeton, es profesor en Harvard, lleva pajarita y sobre todo escribe en inglés, a quien el Ayuntamiento de Barcelona invite para hablar de los retos de la urbe global. Sobre todo si se trata de hablar de ciudades globales, que es lo que Barcelona se considera a sí misma (en fin...), y no tanto de la urbe global. De verdad que lo entiendo.
Pero no me dirán que no es economía de medios que yo dijese en una hora y media conferencia hace 18 años, y en diez breves páginas de comunicación presentadas en el XIV Congreso Mundial de Sociología de la ISA en Montreal, hace 16 años, lo que este buen mozo llamado Edward Ludwig "Ed" Glaeser, a quien acabo de descubrir (es que de verdad, uno no puede estar a la última de todos los extremos del fractal que supone el nietzscheano "nada humano me es ajeno", a ver si completo el post sobre Todología que me inspiró Osvaldo Leyva en Mexicali), ha necesitado varios cientos de páginas. Yo en la versión de varios cientos de páginas decía algunas cosas más. Y gratis, que ya la colgué en Scribd hace tiempo, después de descubrir que un exalumno se me había adelantado en liberar la obra.
Pero ojo, no se me malinterprete. Que Glaeser también es de los que pone en abierto buena parte de los resultados de sus investigaciones. Basadas casi todas en la behaviorismo económico más simplen (menos sociológico, por tanto), y por tanto en simples en correlaciones, pero bueno, ahí están.

2012/09/11

Magic Moments

...paseando al atardecer por La Comarca


dejándome caer bajo las sombras


...pero sin perder comba...


...mientras me llegan los primeros compases del nuevo disco del abuelo Roberto



Claro que en medio del campo, con esa caca de tarifa plana de Movistar, la urbe global se mueve a trompicones. Pero no se puede tener todo, ¿verdad?

Tenía ganas de andar,  perderme en el campo, después de un día tan urbanita y estresado. Acelerado por la mañana para llegar a la tertulia (catalanes, cachondeo del iva cultural extremeño, refinería...). Estresado y sin siesta por la tarde, a velocidades prohibitivas y prohibidas, para llegar a un examen, a la vez que atendía una entrevista para Julia Otero (sobre eso que los predicadores y marketinistas llaman generación NiNi). 


2012/08/10

... y lumpendemagogia


MITOS A GORRAZOS
(versión larga del artículo que, como siempre para esta tarde, me pidieron los de El Periódico, antes de conseguir los 2.900 caracteres, blancos incluidos, uff... qué tiempos aquéllos en los que podías ocupar una página entera con un artículo de opinión)


Decía Baudrillard (hasta los postmodernos serán un día clásicos) que el marco de la vida social, en las sociedades avanzadas, ya no es la producción, sino el consumo, que se instituye en el factor identitario y de agrupación social por excelencia. Incluso los votantes se reclaman cada vez en mayor medida simples consumidores, estafados por una falsa publicidad. Hace unos años, en el libro Botellón. Un conflicto postmoderno, aportábamos una prueba de cómo el consumo se constituye incluso en el espacio del conflicto social. Y el atraco a carrito armado a que acabamos de asistir es una confirmación más de que la teoría es acertada. Hace unas semanas las huestes de Gordillo retomaron el ritual de las ocupaciones de fincas, que un día les llevó, entre las selvas del empleo comunitario y las multas de la Guardia Civil, hasta el fértil lugar en que fundar su Macondo, pero nadie les hizo ni puñetero caso (“¿Pero no les regaló ya su finquita Leocadio Marín en el 92, para que no le jorobaran la Expo?” –dicen que decían algunos andaluces). Sin embargo, la ocupación de uno de los más deseados templos del consumo españoles no podía pasar desapercibida. España toda, y muy probablemente Europa, se pone en guardia: si ocupar una finca del ejército, que anda sin presupuesto y sin ganas de defender nada, es hoy un esperpento, ocupar la caja de un supermercado es, hoy, un auténtico sacrilegio.
Ni es el momento, ni hay espacio, para analizar a fondo qué hay detrás de ese producto, mediático como el subcomandante Marcos, como todos los seudorevolucionarios de la urbe global de menos de 70 años, que rige desde hace treinta los destinos de ese Macondo falsamente comunista, que sobrevive gracias a las transferencias de otras administraciones. Pero bajo el disfraz de palestino y el habla de jornalero se esconde un profesor (de una edad en la que la Universidad pertenecía a las clases altas y las familias de afectos al Régimen)  obsesionado por llamar la atención, como casi todos quienes proceden del PTE (¿qué factor los agregaría en su día?). Pero no habiendo espacio para tal análisis, no debe sin embargo obviarse.
Como no es el momento, ni hay espacio, para analizar a fondo qué hay detrás de esa construcción mediática no menos habilidosa, Mercadona, que ha conseguido hacer creer a crecientes capas de la sociedad española, identificadas con ese símbolo del éxito a bajo coste, que consumiendo los mismos productos bajo la marca Hacendado consumen más calidad, y pueden sentirse un pelín por encima de los demás.
Pero hay algo que los conecta, y es que son productos generacionales. Pudiéramos decir que hemos asistido a una pelea entre baby boomers, esa generación nacida entre mediados de los ’40 y mediados de los ’50 que creció marcada por el espíritu (más bien obsesión) de logro, por el ansia de poder, de triunfo, la experimentación, el individualismo, el liderazgo… Una pelea más en el recreo de la escuela de los años ’50, entre el líder de los chavales del barrio subsidiados por la leche americana y el chavalín aplicado que llega cada día con su buen bocadillo de mortadela (aquel lujo asiático).
Joan Roig, presidente de Mercadona, nacido en 1949, afirma que el éxito de su negocio se basa en aplicar la “ley natural” de la “Verdad Universal de la Reciprocidad”, que resume en tres verbos: “dar” (satisfacer a las personas) “pedir” (aquello que se necesita) y “exigir” (cuando no se cumplen los compromisos).
Juan Manuel Sánchez Gordillo, nacido en 1952, aplica otra ley natural, otra verdad universal, la del marxismo leninismo, que podría resumirse en los mismos tres verbos: dar (satisfacer las demandas de sus ciuidadanos), pedir (al consejero de turno) y exigir (amenazarle, si no se lo concede, con montarle una ocupación de la consejería o una huelga de hambre)
En realidad el líder de la pelea de recreo ni siquiera formaba parte de los chicos hambrientos. Sólo estaba resentido porque no había podido ligar con la hermana del finolis. Y ni siquiera fue él quien le tiró la piedra, sólo azuzó a otros para que lo hicieran. Como él mismo declaró horas más tarde, “no me pueden hacer nada, pues yo no pisé el supermercado (…) me dediqué a maniobras de distracción”. Mientras los otros daban la cara. 

2012/07/09

Ilustrando la urbe global

Pepe López Rey, que conoce bien mi tesis de la urbe global porque se tuvo que leer el libro, me envía esta que sería casi perfecta ilustración para la portada de una segunda edición, corregida y aumentada, y que además debería esta vez estar traducida. Digo casi perfecta porque resume, unifica la idea de que todas las ciudades, hoy, son una, pero ahí no está incluida una zona esencial, que ocupa la mayor parte del territorio: el jardín de la urbe global. En cualquier caso, curioso.


2012/07/05

Campo, rural... vaya lío


Me envía una colega un link a la entrevista que en El País hacen a Saskia Sassen, con ocasión de la presentación de su libro, supongo que en el marco de la participación en algún curso de verano. Me remiten el link con este comentario: "Urbes, ciudades y mesópolis, el retorno a lo rural, fíjate"...


No sigo a Sassen (aunque admiro su esfuerzo en un campo tan machista como es de la Sociología), como no sigo a Castells (aunque envidio su tesón), como no sigo a Giddens (aunque me fascina, que no admire, su capacidad para nadar entre dos aguas). De Sassen me atrajo hace unos años el título de su mediático libro "La Ciudad Global" (1991), en parte esperando encontrar una apoyatura de autoridad para mi propia construcción teórica, en parte parcialmente frustrado por ver ya "pillado", en apariencia, el concepto de urbe global. Pero me resultó frustrante como apoyatura (además de poco generoso para con John Friedmann, cuyo modelo ha sido inspiración para casi todos quienes hemos intentado hacer lecturas holistas y transdisciplinarias de lo urbano, y por tanto también para la Sassen), y descubrí que mi idea no estaba "cogida". Aunque Sassen utiliza el término ciudad global en singular, como título de su libro, lo hace así porque se refiere a ciudades singulares, ciudades globales en el sentido en que ocupan una posición jerárquica dominante en el sistema global de asentamientos, y sobre todo en el entramado financiero internacional, mientras que mi concepto de urbe global hace referencia a la propia globalización de lo urbano, a la idea de que la ciudad ya es una. El corolario de su modelo, en realidad idéntico al de Castells -no importa quién lo utilizase antes y con qué denominación- es que las nuevas dinámicas y conformaciones espaciales y económicas de la ciudad conducen a más centralización, a más jerarquización (lo que implica la pervivencia de la preponderancia de lo que ocurre, y surge en, los espacios centrales, verbigracia la producción sociológica). El corolario de mi modelo de ciudad red conduce justamente a lo contrario. Creo que ahora andan descubriendo algo de eso, y tiene su mérito porque no creo que hayan leído mis trabajos, pues nuestra lengua valdrá para 500 millones, pero, hoy por hoy, sigue sin valer para lo realmente importante (y lo otro, osea hacerlo en otras lenguas, requiere mucho esfuerzo en tareas muy poco creativas, la verdad; sé que compensa, pero me puede la molicie).




Del nuevo libro leí hace tiempo lo que parece ser el sustrato fundamental en un artículo, o conferencia transcrita, o ponencia, y la verdad es que después de marearme un poco en el desarrollo, no veía mucha sustancia de interés en las (escasas) conclusiones. Y el prefacio a la edición en español del libro propiamente dicho, que los de Katz amablemente permiten leer, va en esa línea. No sé si a los economistas les dirá más, a mí no me dice nada que no me hayan dicho muchos economistas en mil discursos dispersos desde que empezó la crisis.


Pero sin embargo la entrevista propiamente dicha (que es el objeto de este comentario) sí que me llama la atención en algunas cuestiones, como mi colega me hacía notar. Así, en el curso de la entrevista se dice lo siguiente:
"P. Ello supondría dejar atrás la ciudad, algo inconcebible para muchos.
R. La ciudad significa tener muchas posibilidades, pero hay que saber reaccionar. Hay que plantarle cara a la situación y si es necesario dejar atrás la ciudad habrá que hacerlo. En el País Vasco cada vez son más quienes están tomando la decisión de hacerlo y es una magnífica idea. No creo que haya que desplazar las ciudades pero si ver donde pueden existir opciones de progreso."
Y me suena tan naïf.... ¿Cómo alguien que ha entendido tan bien el funcionamiento del corazón de las grandes ciudades-mundo, no ha llegado al modelo de la urbe global, por una parte, y por otra parte, puede conocer tan mal la Historia de las relaciones campo-ciudad?. La "huida al campo" es un fenómeno profundamente urbanita, que no tiene nada que ver con "dejar atrás la ciudad", sino con llevarla al campo, y que es recurrente en momentos de crisis económica y/o social. Tan viejo, tan viejo, que Bocaccio ambienta en una de tantas huidas al campo su Decamerón. Sin ir más lejos, en la anterior gran crisis (que no fue la del 29, sino la desencadenada tras la crisis de la energía del 73), ya nos confundió, como la noche a Dinio, esa idea a muchos. El campo salvó los muebles, como ahora, a unos pocos, ciertamente. Eso ayudó, como ahora, a una cierta revitalización de determinadas comarcas. Pero eso es un proceso físico-social, una ley de la sociabilidad, eterna como la de la gravedad, como las leyes que soñaba encontrar Comte. Y es un proceso muy limitado, que no salva los muebles de "la ruralidad". Porque la ruralidad es otra cosa, un complejo cultural extinto como modo de vida, aunque funcional como factor identitario y reclamo turístico. Ya me he ocupado del tema por aquí alguna que otra vez. 


Aunque no tengo tiempo ahora de hacer un análisis más pormenorizado (a ver si alguien se anima) de la evolución padronal de los últimos años por tamaños de municipio, me he molestado en hacer una consulta rápida en el INE (que sigue sin resolver algo tan tonto como la dirección de las tablas con datos históricos, que obligan a hacer complejas operaciones luego en la hoja de cálculo para lograr gráficos sensatos), y se observa algo curioso, que confirma esa tendencia pero a la vez confirma también su escasa significación. He contrastado la evolución de la población total por provincias, con la de las capitales de provincia, tomadas en conjunto. Resulta que vemos que, en conjunto, la población de las capitales de provincia está creciendo menos que el conjunto (por supuesto que fuera de las capitales de provincia hay otras grandes ciudades). ¿Una ratificación de ese "dejar atrás la ciudad"?. Bueno... a ver qué dicen esos análisis pormenorizados por tamaños de municipio. Pero por lo pronto, algo que no cuadra. Pues resulta que desde que empezó la crisis el diferencial en la tasa de crecimiento de los "resto de la provincia" se ha reducido ostensiblemente. ¿Es decir, diría uno que justamente con la crisis la gente está volviendo a las grandes ciudades?. No sé, insisto en que hay que hacer análisis más detallados por tamaños.



Var. 2006-2011Var. 1996-2006
Variación de la población105,55112,70
Variación de la población de las capitales de provincia102,53107,64
Diferencial3,025,06

(Fuente: Elaboración propia y precipitada, con datos del INE)




Osease... Que de eso de dejar atrás la ciudad, habas contadas, además de que no es tan fácil como a veces parece. Y como en la anterior crisis entonces, la salvación de los urbanitas sigue estando, también, en la ciudad.  


(ADVERTENCIA: Supongo que, como en el índice de la revista a la que pertenece el artículo, que se reproduce en honor a la misma, aparece un artículo tan pornográfico como "Una conversación con Ravi Shankar: Hacer el amor con una raga", en Scridb le han añadido una portadita de acceso al artículo, con una terrorífica advertencia de que te diriges a un contenido sólo para adultos. Yo creo que El Viejo Topo de los 70 y primeros 80 era más bien para adolescentes ingenuos, pero bueno... Son los automatismos de la cloud)













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