Qué distintos los, y especialmente las, Savonarola's del siglo XXI. Y es que como decía mi abuela, "una cosa es predicar, y otra dar trigo".
Mientras esta señora (de origen humilde y poco mérito profesional) nada actualmente en la abundancia, con escandaloso sueldo, y no menos escandalosos complementos, vive en un gran chalet, lleva a sus hijos a los colegios privados más selectos, y acumula un fondo de armario que empieza a competir con el de su competidora Yolanda, Girolamo Savonarola vivía bajo una estricta y absoluta pobreza material de forma voluntaria.
Aunque él nació en el seno de una familia acomodada de Ferrara, tras ingresar en la Orden de Predicadores (dominicos), adoptó un estilo de vida radicalmente ascético que mantuvo incluso cuando se convirtió en el líder político y espiritual de Florencia.
Vivía en una celda sumamente pequeña, austera y desprovista de cualquier comodidad dentro del convento de San Marcos.
Su ropa estaba confeccionada con telas burdas y ásperas.
Su dieta alimenticia era extremadamente simple, escasa y rigurosa, acompañada frecuentemente de severos ayunos
Coherente con sus feroces sermones contra la opulencia de la Iglesia y la aristocracia, exigió la observancia de la pobreza absoluta dentro de su congregación monástica y prohibió todo tipo de posesión superflua.
Para Savonarola, la acumulación de bienes materiales y el lujo eran la raíz de la corrupción moral de su época. Qué list@s l@s Savonarola's del siglo XXI, que legitiman que al par que se dan discursos incendiarios contra la riqueza, la ejerzan sin pudor alguno.

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