Y antes de psicólogos, confesores. También recetaban lo que la norma social vigente en cada momento sugería. Más baratos, y llegaban hasta la aldea más perdida.
Por supuesto, ninguna religión lo desarrolló con la finura del cristianismo como lavadora de pecados y consiguiente paz de espíritu.
Qué pena que nos hayamos descreído.
Algo tengo anotado, no sé si bien pensado, por aquí y por aquí

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