2019/06/24

NYC

He visitado pocos países. Porque no me gusta ir por ir. Siempre he viajado por algo, para hacer algo que había que hacer. Desde ir a Zaragoza al médico, o a comprar la cazadora que había que estrenar para el Pilar (que era cuando se estrenaba, no en las fiestas del Cristo en septiembre), ir a Colombia a dar un curso, cruzar Europa para llevarle a mi hija a Alemania las cajas de cosas acumuladas en su anterior trabajo en Lisboa, viajar a Japón, o ahora a Nueva York, a un congreso. Claro, que esta vez vengo única y exclusivamente porque se celebra en Nueva York. El congreso, no sé si alguna vez se ha expresado con tal nitidez en primera persona, es esta vez la excusa. Porque quería volver a Nueva York. ¿Me seguirá impresionando como me impresionó hace un cuarto de siglo, la primera vez...?. Lo dejaré a medias, como dejo la descripción de casi todos mis viajes, pero entretanto iré anotando aquí algunas de esas impresiones.

Porque de los pocos países que he visitado, sólo hay tres que me han dejado enganchado como para desear, o no importarme volver, aunque (casi) todos me hayan impresionado por algo. En Francia siempre veo cosas, en las ciudades o en los pueblos, que me sorprenden o con las que siento cierta conexión. A Colombia me iría a vivir (eso sí, sólo entre la clase media: por arriba no la soporto y por abajo ya no podría adaptarme, que uno está mayor). Y a Estados Unidos volvería una y otra vez, y aún ahora, con estas edades, aún me vendría a vivir. Afortunadamente nadie me invita a hacerlo. Desde joven. Cuando en mi entorno progre querían viajar a Rusia, a Cuba, a China, ¡a Albania! (y podían, o les podía el partido o la familia y lo hacían) yo decía que preferiría (porque no podía) viajar a Estados Unidos. La cuna del mundo que vivimos. Y venir a la Roma del siglo XX (y del XXI porque auténticas Roma's en los últimos dos mil años sólo han sido dos) fue una cosa impresionante aunque ya era cuarentón cuando pude hacerlo (con ayudas, de paso hacia una estancia en Mexicali y San Diego para estudiar sobre fronteras). Luego he podido volver a los Estados Unidos en dos ocasiones: un mes en Chicago en otra estancia, a finales de siglo; y en 2012 aprovechando los fines de semana del curso que estuve impartiendo en la Universidad Autónoma de Baja California. Los fui anotando, hasta que me pudieron las urgencias, aquí, aquí, aquí y aquí.

Pero a Nueva York no había tenido ocasión de volver para algo, en un cuarto de siglo. ¿Me seguirá impresionando como entonces?

Por lo pronto me impresiona la moqueta del hotel "con encanto" en la web (amén de abordable por precio, que casi era el criterio principal), en realidad simplemente avejentado, muy avenjentado. Ahí está, recibiendo imperturbable desde la Gran Depresión, la moqueta



Y luego andan obsesionados en la frontera con el sarrampión o el ébola... Raro es que con estas moquetas no hayan acabado con la especie humana en el último siglo.

Pero seguro que por la mañana me olvido de ella, no importará, me dije anoche, o hace un rato. Sólo siete horas cruzar en avión, lo que cuesta ir en tren (si llegan) de Badajoz a Madrid (cierto, en coche cuesta mucho menos, y ayer aún costó mucho menos, cruzo los dedos durante un par de semanas). Pero casi tres luego entre pitos y flautas (casi tres cuartos en pista, más de una hora de cola en aduana, maleta, media hora para localizar y esperar al Shuttle, y casi otra hora (porque el algoritmo ha decidido que nos toca la última parada del repartidor de viajeros) para llegar al Hotel. Pero por la mañana será otra cosa. Y claro que al despertar al amanecer te olvidas de la asquerosa moqueta. Pero me vuelvo a intentar dormir un par de horitas más, que llegar de noche es lo peor que hay.






2019/06/19

La vida de las palabras

Pienso el título y me digo que "la vida de las palabras" ha de ser el leit motiv de más de una obra, y busco, pero no. Apenas aparece como título de este reciente libro de cuentos, que no me inspira, y en este artículo de Juan Antonio Millán de 1996 que sí tiene el sentido que yo quiero darle al término, pues es un artículo sobre diccionarios etimológicos del Español, y sobre el milenario recorrido de tantas palabras, a veces a través de numerosas civilizaciones. Tan compleja es la vida de las palabras que, hasta las que parecen más firmes (los nombres y apellidos de las gentes) derivan: el apellido del autor del diccionario etimológico que alguna vez utilicé en el siglo pasado, Joan Corominas (y aquel tochazo sólo podía estar publicado en Gredos) se transforma con el tiempo y los cambios políticos en Joan Coromines.

A lo que iba... La lectura de una entrevista al incombustible Ralf Nader, cuya obra conocí naturalmente a través de Gaviria, y con cuyos trabajos tanto aprendí en mi juventud, me hizo (volver a) pensar en la vida de las palabras. Sobre todo su referencia a las carencias que observaba, venía a decir, en muchos activistas, simplemente porque no leían lo que se escribió en los 60 y los 70 del pasado siglo. Tanto es así, que casi inmediatamente después me daba de bruces en El País con un artículo de opinión de una prestigiosa socióloga, y me parecía a mí que era un poco naïf, no en el sentido de simple o básico sino en el sentido adanista que tanto observamos en los últimos tiempos, porque parecía ignorar que todo eso estaba dicho, y con mucha más enjundia, por Bertrand de Jouvenel (otro de mis grandes inspiradores) hace medio siglo... ¡medio siglo! No se trata de que en un artículo de opinión haya que citar todos los antecedentes (aunque hay que reconocer que teniendo en cuenta lo pejigueros que nos ponemos en el mundo académico al evaluar esas cosas, no estaría mal hacerlo sintéticamente), pero vaya, si se habla de orígenes, hay que hablar de orígenes. Por lo demás, el artículo era muy interesante y estaba bien escrito, pero ese no era el tema.

Y es que ayer, en un descuido (de descuido en descuido entre lo que hay que hacer voy haciendo las cosas) preparaba también este texto para subirlo al Archivo de Textos. Y al releerlo veía cómo términos, conceptos, ideas que utilizábamos y manejábamos hace casi tres décadas, en realidad evolucionados de los que manejábamos hace cuatro (y otros manejaban hace cinco y seis) reviven, y además lo hacen vendidos como si fuesen un producto nuevo. Porque lo que no se vende como producto, no se vende (y es lógico: si sólo tiene valor de uso, pero no de cambio, de qué nos quejamos).  Pensaba en eso de la economía circular, por ejemplo. Pensaba en esto:


Y es que aprendimos tanto leyendo, como decía Nader, a los de los 60 y los 70...




2019/05/23

Nuevo ítem en el "currículum de fracasos"




El año pasado publicábamos un artículo en Aposta digital que conectaba dos cuestiones, de una forma quizás poco académica, pero creo que muy científica, pues se basaba en evidencias contrastables, en análisis comparativos..., en todo eso que los profesores de Métodos y Técnicas intentamos enseñar a nuestros alumnos.

La fundamental de esas dos cuestiones era la desatención al cambio climático por parte del instituto demoscópico público (Centro de Investigaciones Sociológicas), desatención que demostrábamos tenía un fuerte componente político, al coincidir en el tiempo con la llegada del Partido Popular al gobierno, así como con las políticas negacionistas que la nueva derecha americana implantó tras la llegada de Trump a la presidencia. Creo que presentábamos la revisión más sistemática hasta la fecha de la atención demoscópica al cambio climático en España, y su conexión con diversas líneas de tendencia internacionales.

La cuestión secundaria era en realidad, para nosotros, mucho más importante, pues tiene consecuencias prácticas, profesionales, vitales en suma. Se trataba de la reivindicación de un campo de investigación, y de un componente de la carrera investigadora, cuya importancia han evidenciado algunos autores pero que, por vergüenza fundamentalmente, no es asumido por quienes nos dedicamos a la investigación: los fracasos. Siguiendo la estela abierta por Melanie Stefan (2010) y Johhannes Hausoffen (2016), planteábamos (algo mucho más difícil de hacer en la cultura hispana y en español, dado el sistema de valores imperante) la necesidad de implementar, y prestar atención, al "currículum de fracasos". No tanto, como concluye Lucy Kellaway (2016), porque "si tu lista de rechazos es corta, no te estás esforzando lo suficiente" (una visión de nuevo meritocrática, cuando el CV de fracasos evidencia a menudo la falacia del mérito), sino también porque podría ser una fuente de información fundamental, en su día, para la Sociología y la Historia de la Ciencia.

Y abordábamos el tema porque en realidad la parte dedicada al cambio climático derivaba precisamente de un fracaso. En 2016 habíamos presentado a la convocatoria del CIS un módulo sobre cambio climático, muy bien fundamentado (como se evidencia en el artículo) y en un momento clave en la historia de las políticas climáticas europeas y del planeta. Sin embargo, el módulo concedido fue sobre la percepción del dolor. Muy sociológico, sin duda. Muy importante, cuando ya estábamos saliendo de la crisis. No sé.... En realidad, no era difícil detectar otros factores detrás de aquella elección, pero qué le vas a hacer. Resiliencia.

El caso es que, un año después, el CIS incorporaba un pseudomódulo sobre Cambio Climático. Vaya... No el nuestro, claro, sino uno mucho peor diseñado, difícil de contrastar con históricos y con otros internacionales. ¿Quizás nuestras lágrimas por aquí y por allá tras la resolución habían servido al menos para que el tema se incorporase, aunque el beneficio académico/científico se lo llevasen ya otros?. Y creo que el artículo que luego publicamos en Aposta ha contribuido a que incremente incluso el número de preguntas y barómetros en que el CIS cuestiona sobre el cambio climático. Así que, en parte, nuestra contribución como científicos al bienestar social está logrado. Y ya con la llegada de Tezanos el CIS mantiene fijas esas preguntas en los barómetros.

No es la primera vez que no obtenemos financiación para proyectos esenciales. He hecho referencia en más de una ocasión, como ejemplo paradigmático, a un proyecto que nos fue denegado fundamentalmente "por su falta de interés y oportunidad", sobre un problema que en la década siguiente, y todavía hoy, sigue siendo clave para la ordenación de la producción, el ocio y la convivencia no sólo en España, sino en el mundo: la Sociedad de 24 horas. Pero es lo que hay. Ya sabemos que hay centros, investigadores, que tienen asegurados los proyectos. Las redes funcionan así, y no asumirlo con la paciencia del santo Job es condenarse a la ulceración permanente y al cáncer de estómago. Pero también hay que evidenciarlo, porque de otra forma nunca cambiará esa forma mafiosa de gestionar la investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (pues a las Ciencias de las Cosas todo esto les afecta también, pero mucho menos).

Cierto es que es más fácil aceptarlo cuando llegaste a la Universidad ya crecidito, con tu bagaje de investigación y publicaciones cubierto a efectos de ego científico y cuando, aunque sea un básico, has alcanzado una posición funcionarial segura dentro de la Academia. Por eso, por quienes no consiguen avanzar no porque no lo hagan bien, sino porque no están al abrigo de los árboles convenientes, es aún más importante hacerlo, denunciarlo, porque lo que el análisis de los CV de fracasos de unos y otras evidenciaría es, precisamente, cómo funcionan las corruptas redes de apoyo mutuo, los colegios invisibles que no tienen precisamente la función con la que surgieron, en la emergencia de la Ciencia en la Inglaterra racionalista del XVII-XVIII, sino una clara y pura función de corrupción.

Pues nada... Que todo esto venía a que hemos tenido un nuevo (¡otro más! tres en los últimos meses, ya iré incorporando los otros) ítem en ese esplendoroso cv de fracasos. Hace unos meses vi una de esas convocatorias del alma (sic) de La Caixa. Y en serio que preparamos una propuesta con la absoluta seguridad de que no nos la concederían. Pero bueno, en esos días me estaba tocando hacer bastantes intervenciones sobre el tópico (en todos los sentidos) ese de la "España vacía"; había recuperado notas; en el equipo tenemos gentes de la Ruralía bastante conocedores del paño actual; no deja de ser un tema al que he dedicado muchos años y del que tengo mucha experiencia... Pues que preparamos, con las limitaciones en número de palabras que fijaban en la propuesta (ese suele ser uno de los mejores indicadores de que no importa tanto la propuesta como quién la presenta, o quién está detrás de quien la presenta), una propuesta para la realización de una encuesta en los llamados espacios rurales. Pero no la típica encuesta a los rurales, no... No para averiguar lo que ya sabemos desde hace más de medio siglo (y no sé por qué se sigue  investigando sobre eso), esto es por qué se va la gente. Ni siquiera para averiguar (también lo sabemos desde hace medio siglo, si bien en este sentido sí tiene sentido seguir investigándolo porque la Sociedad Telemática introduce nuevos factores a tener en cuenta) por qué vuelven, o llegan de nuevas algunos. Sino simplemente algo que nunca se nos ha ocurrido preguntar: ¿por qué se quedan?. Por qué, a pesar de todo lo que nos dicen los que se van, de todos los problemas que detectamos entre quienes están, se quedan. Bueno, que aquí va la propuesta.

Por supuesto, como yo esperaba, no nos la han concedido.

¿Por qué he considerado que este nuevo fracaso era candidato a ser reseñado e incorporado inmediatamente al CV de Fracasos?. Pues precisamente porque, mira tú por donde, uno de los proyectos de encuesta (no olvidemos, equivalente a un módulo del barómetro del CIS) adjudicados trata sobre... hélo ahí, ¡cambio climático!. Su título "Explore this apparent contradiction between the attitudes expressed towards climate change and the limited readiness to engage in environmental policies." (supongo que el cuestionario estará en inglés, y se leerá en inglés a los españoles entrevistados). Que era, precisamente, uno de los aspectos que planteabámos abordar en nuestro proyecto infausto CIS.

La suponemos que feliz adjudicataria de la Pompeu (tres de los evaluadores eran de esa universidad) es estadística, con especialidad económica, y con un estupendo currículum sobre metodología de encuestas...., pero sin ninguna relación aparente con investigaciones relacionadas con el medio ambiente y el cambio climático. Osea (y no sé de carreras, ni de coches, pero creo que la metáfora sirve) como si el premio de una carrera se lo diesen no al piloto que conoce el coche y la ruta, sino al mecánico que afina el motor. "Cosas de mal perdedor" - dirán quienes no sepan lo entrenados que estamos en perder. Perdedores como casi todos los periféricos, pocos.

A lo que vamos: ¿quiere eso decir que si en lugar de presentar nuestro proyecto sobre "los que se quedan", hubiésemos reciclado el "módulo sobre cambio climático" que no nos concedió el CIS, el alma de La Caixa sí nos habría concedido el proyecto? Pues no, mire usted. No nos lo habrían concedido, seguro que no.

¿Por qué lo pienso? Aquí están los proyectos concedidos. Los cuatro en inglés aunque se trata de investigaciones sobre España, financiadas por un Banco español (que desgrava lo suyo de sus impuestas a la Hacienda española gracias a lo que invierte en este tipo de cosas), en cuya convocatoria no se decía nada del inglés, y entre cuyos evaluadores el único extranjero que aparece está en una universidad española (una de las adjudicatarias), por lo que deduzco que al menos catalán, sabrá. Esta es la distribución ecológica de la adjudicación: tres a Barcelona (casualidad: uno a la UB, otro a la UPF y otro a la UAB, armonía), y uno a Madrid.

En fin... Por supuesto que podríamos adaptarla y presentarla a la nueva convocatoria de estudios cuantis (que tanto ha cabreado y con razón a cualis en general y antrópologos en particular) de la misma entidad. Pero, de verdad, ¿para qué? Y no me preocupa, porque tarde o temprano alguien mejor conectado presentará una propuesta sobre el tema a alguna convocatoria. El conocimiento, como la energía, no se pierde; sólo se transforma...




2019/05/22

Cualquiera de estos años la Sociología tendrá sentido (de nuevo)

Leo esta interesante entrevista: https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-05-22/michael-j-sandel-filosofia-moral-entrevista_2013638

La verdad, más que a un filósofo me recuerda a uno de esos psico-gurús (ahora neuro-gurús) que nos han mareada en las últimas décadas, más o menos desde la crisis del fordismo y la eclosión de la postmodernidad.

Curioso que hace unas cuatro décadas, en España, el primer ciclo de Filosofía, Psicología y Ciencias de la Educación fuese común. Yo empecé a estudiarlo cuando tuve que repetir 1º de Ciencias de la Información, que en la UAB era casi tan "selectivo" como una ingeniería (trabajando en la oficina siniestra de una gasolinera de 7 á 14:00, no había conseguido sacar completo el curso y me dejé dos). En general, los compañeros que estaban en la misma situación, más prácticos, aprovechaban para empezar Derecho. En principio me planteé (ya entonces) hacer Sociología, que acababa de implantarse en la Complutense. Pero los aragoneses no podíamos estudiar Periodismo en Madrid (no sólo enviaba Franco colonos a invadir Cataluña, también la sobrecargaba de estudiantes que hubiesen preferido estar en Madrid) pero en la UAB sólo era una especialidad de segundo ciclo en Económicas, y no quería hacer las matemáticas de Económicas.

De todas formas fue un tiempo perdido, apenas un trimestre de clase. Aquel curso (1974) se produjo la gran huelga de penenes que se arrastró casi todo el curso, que los estudiantes como bobos apoyábamos pero que finalmente fue un desastre para quienes no teníamos colchón económico para aguantar todo el curso de juerga en Barna. Aprendí entonces que las huelgas sólo las gana la gente con posibles. Luego ya no me interesó continuar, otros intereses me despistaron.

Pero mira qué interesante: desde entonces pedagogos, luego psicólogos, y ahora filósofos, han dominado sucesivamente la escena nacional. La Sociología apenas asomaba, iniciado el primer curso de la licenciatura en 1973.

Creo que hay ciclos, lo he comentado alguna vez, el otro día en un tuit. Ciclos espirales que conducen una y otra vez del irracionalismo y al positivismo más radical. No siempre coinciden en todas las sociedades, pues unas arrastran a otras. la propia Sociología se ha visto arrastrada por el ciclo irracionalista en las últimas décadas, y se ha convertido en una etnografía todo emic.

Pero pasará.

2019/04/24

A vueltas con las elecciones

Intervención en Noticias 2 de Canal Extremadura TV, sobre cuestiones electorales



Addenda:

Inrterviniendo de nuevo sobre las elecciones autonómicas, municipales y europeas (a partir del minuto 48)

http://www.canalextremadura.es/alacarta/tv/videos/extremadura-noticias-2-220519

2019/04/08

Hasta el último aliento (Au bout de souffle)

Es tierno ver resistir, hasta el último aliento, a un fragmento urbano. Sabemos (etic) que detrás hay cuantiosas negociaciones, dinero. Pero es tan bonito verlo (emic) como un acto de resistencia ciudadana de los pequeños contra los grandes, de los buenos contra los malvados...



Al final de la escapada espera la negociación final en un ciclo alcista.


2019/04/03

A vueltas con la despoblación y el envejecimiento

Al abrigo de la manifestación carpetovetónica en Madrid, los medios se ocupan de los territorios despoblados y envejecidos, o de la despoblación en general. Para un reportaje sobre el tema me envían un cuestionario, aquí están las respuestas. Daba más de sí para completar el reportaje, pero hoy manda la brevedad (informan de que sólo lleva 7 minutos leerlo)

¿Cuál es la principal problemática de la España rural, especialmente para los mayores?
No se puede generalizar. Lo que se llama la España rural, que de rural ya tiene poco, es extremadamente diversa. No es lo mismo el nivel de servicios y asistencia al que los mayores pueden tener acceso en los pueblos dinámicos de regadío, o en los pueblos relativamente cercanos a ciudades, en sus áreas metropolitanas o a menos de 50 km, que en los desiertos demográficos que mediáticamente se han dado en llamar la "España vacía", que en realidad lleva vacía unas cuantas décadas. 
En los primeros la problemática de los mayores no se diferencia de las que pueden tener en las ciudades. Incluso es posible que tengan mejor atención y servicios que en las barriadas más pobres o cascos antiguos degradados de las grandes ciudades, en las que ni siquiera hay plazas suficientes en las residencias, mientras que en muchos pueblos sobran. En los segundos es donde se da la principal problemática, que se puede sintetizar en una palabra: autonomía
Ese es el concepto importante, más que el de dependencia. Cuando son dependientes esos mayores se desplazan cerca de los hijos en las ciudades, o a pueblos más grandes cercanos en los que hay residencias. El problema es la autonomía, porque al no contar con servicios básicos, y aunque estén en buenas condiciones físicas (por lo que prefieren seguir viviendo en sus casas en el pueblo), quizás no tengan facilidad para conducir, y por tanto no pueden desplazarse a comprar o a los servicios. Los servicios sanitarios no es tanto problema porque la red de logística sanitaria española es de alto nivel y llega a todos los rincones, pero no ocurre lo mismo con las tiendas, o los bancos. 
¿Por qué ya nadie quiere vivir en los pueblos?
Hay que volver a hacer la misma distinción. Hay pueblos muy dinámicos, en los que hay oferta de empleo y simplemente la población autóctona o ha sido sustituida, o se ha incrementado con la población inmigrante (mucha de la cual se dedica precisamente a atender a mayores dependientes), que es en los que se concentra la mayor parte de la llamada "población rural", y que cuentan con todo tipo de servicios básicos (ayuntamiento, trabajador social, servicios médicos, farmacia, bares, bancos, comercios, colegios, dotaciones de ocio, Internet). 
Y luego están esos otros a que me refería antes, en los que efectivamente sólo quieren vivir algunos mayores mientras se encuentran en buenas condiciones físicas. En los últimos años muchos de estos pueblos han doblado su población sólo con la población inmigrante que se ha instalado para trabajar cuidando a los propios mayores. Y es lógico, porque las condiciones de vida son duras, especialmente para la población más joven, que requiere más servicios que los mayores, y sobre todo requiere gente con la que relacionarse. 
¿Cómo puede explicarse esto desde el punto de vista sociológico?
Sociológicamente se explica por los cambios tecnológicos que han conducido a la concentración productiva en las ciudades, a lo largo de los últimos dos siglos. La gente emigra a aquellos lugares en los que puede conseguir mejores condiciones de vida. No son razones culturales de no valoración de lo rural, como hay quién dice. Todo el mundo valora eso que llamamos rural, le encanta, lo disfruta, pero no quiere vivir allí, y es lógico. De hecho hay pueblos que seguramente ni siquiera debieran estar poblados. Se poblaron en los siglos XVII y XVIII en periodos de hambrunas, en los que se roturaron para el cultivo los últimos restos de bosque en muchas zonas de sierra, y que debieran haberse convertido de nuevo en bosques. 
¿Cuáles son las posibles soluciones?
Las soluciones son también diversas, y hay que adaptarlas a cada territorio. Hay zonas rurales que en sí mismas podrían hacer de la necesidad virtud y convertirse en espacios residenciales para los mayores, con una densidad suficiente que permita que dispongan de servicios de calidad. Son los poblados de jubilados que desde hace dos décadas proliferan en el Sur de los Estados Unidos, y aquí ya tenemos la base, los pueblos. 
En otros casos simplemente habrá que "cerrarlos", y esos territorios ser atendidos/cuidados/explotados desde núcleos de mayor tamaño (porque el territorio necesita estar habitado en cualquier caso, para que no se degrade en términos ecológicos). 
En otros basta un pequeño apoyo, a menudo tan simple como una buena conexión de Internet, para facilitar a nuevos pobladores la instalación. 
En otros casos se trata incluso de fomentar la neocolonización. Lo que los jóvenes okupas hippies hicieron en Fraguas, Castilla la Mancha, y por lo que han sido condenados, hay que reglamentarlo. Hace décadas se regalaron pueblos vacíos a los sindicatos para que se montasen sus clubs de vacaciones. No es posible que haya jóvenes que quieren irse a vivir al campo y no se les permita ocupar y recuperar un pueblo abandonado que es propiedad pública. 
Por tanto, no puede decirse, como a menudo se espera con esas operaciones mediáticas de la España vacía, o de que esto o lo otro "también existe", que exista UNA solución mágica para todos esos casos. Hay muchas posibles soluciones, y hay que tener en cuenta que muchos de esos pueblos no tienen solución, y terminarán desapareciendo, como tantos desaparecieron entre 1960 y 1980 en Burgos, La Rioja, Navarra, Aragón, etc.

 Y casi a la vez tengo una entrevista con los tertulianos del noticiario de la noche en la televisión regional extremeña. Aquí está recortada la intervención, lógicamente repito algunos de los argumentos ya utilizados en el cuestionario:



Reflejos en Tweeter

 

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