2025/12/24

Políticas de vivienda: entre la Falange y el Opus

Este artículo de Jaime Palomera, publicado en The Guardian, me ha hecho darme cuenta de que en temas de vivienda hay poca innovación real, más allá de experimentos epifenomenológicos. En España seguimos oscilando entre dos líneas que marcaron la política de vivienda durante el franquismo: la de Falange y la del Opus. Es un artículo curioso, porque el autor compara las políticas "de Barcelona" (refiriéndose a las locales, que él ha contribuido a desarrollar) y las "de Madrid" (refiriéndose tanto a las locales como a las regionales) para concluir (lógicamente) que las suyas (las de Barcelona) son mejores, porque son más sociales (sic), pero mientras uno lee el artículo es como si percibiese que, en realidad, en el fondo, el autor preferiría vivir las otras.

Palomera, 43 años a fecha de hoy, es un tipo listo. No he conseguido encontrar mucho sobre su origen, aunque parece que es antropólogo de formación, pues se publicita como doctor en Antropología Económica. Quizás subraya esa formación de postgrado como una forma de defender su abordaje del tema de la vivienda, porque ecomistas y arquitectos, incluso sociólogos (aunque éstos ya lo tienen todo perdido) son muy tiquismiquis con las acreditaciones de quienes se lanzan a hablar sobre vivienda sin una base de conocimiento positivista que vaya más allá de la experiencia vital personal. Parece de clase media alta, pero tampoco esto está claro, no da muchas pistas en sus entrevistas; aunque en la wikipedia catalana incluyen en su cv estudios de algún nivel, además de en la Universidad de Barcelona, en la CUNY Graduate Center (Nueva York), Goldsmiths (Londres) y la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Paris). 

El caso es que es un auténtico entrepeneur, un emprendedor social en su caso. Una figura que se define como alguien que crea un negocio, proyecto u organización con un objetivo principal: resolver un problema social o ambiental, por tanto priorizando el impacto positivo en la sociedad por encima del beneficio económico. Aunque a la vez busca la sostenibilidad económica para asegurar su remuneración, pero sobre todo para asegurar su continuidad y crecimiento, reinvirtiendo las ganancias para ampliar su causa. Abordan temas como la desigualdad, la pobreza o la protección del medio ambiente, a diferencia del emprendedor tradicional que se centra en el lucro. Así, a finales de los años 10, junto con otros jóvenes que sufrían la carestía de la vivienda en Madrid y Barcelona promovieron la creación de sindicatos de inquilinos, en su caso el Sindicat de Llogateres en Barcelona, creado como asociación sin ánimo de lucro a finales de 2021 y del que durante los primeros años fue el portavoz, la cara visible que casi a diario estaba en las cadenas nacionales, regionales y locales de televisión. El SLL ha tenido un crecimiento enorme, como lo evidencia ante todo el crecimiento de sus ingresos, que han otro años han pasado de 30.000 a 200.000 euros (el 72% son gastos de personal).

Sobre esa base organizativa, y a la sombra del gobierno local de Colau, crearon en 2019 un think tank, el Institut de Recerca Urbana de Barcelona (IDRA), que es un poco como el ARRE que creamos en 1978, pero formalmente organizado como cooperativa, y con una fuerte financiación pública en forma de subvenciones directas o de contratos de servicios, 1,15 millones de euros  según un periódico, y en el que según el Balance Social de 2024 ya trabajan 13 personas. Pero en vez de a lo rural, que nos dedicábamos pro bono en ARRE, se dedican a lo urbano. Y han generado tanto interesantes programas de formación como informes y publicaciones de calidad.

En realidad me llevó al artículo un agudo resumen crítico de un tuitero que no conocía, que concluye:

"España está realizando un experimento.

Madrid está intentando abaratar la vivienda incrementando la oferta de vivienda privada.

Barcelona está intentando conseguirlo poniendo límites a los Airbnb y controlando los alquileres.

Mi predicción: Madrid tendrá viviendas más baratas, pero el autor de este artículo se quejará de que las reformas de Barcelona fracasaron porque no fueron lo suficientemente lejos."

Me pareció un planteamiento provocador, y leí al artículo. Tras leerlo coincidía sin duda con el comentarista, él cual quizás no está al tanto de que los cambios en el gobierno de la ciudad quizás han hecho que los think tanks promovidos a la sombra de la populista Colau no tengan ya tanta influencia en el socialdemócrata Collboni, y de ahí la queja por la debilidad de las reformas barceloninas. 

El caso es que así visto de lejos (lejos de Barcelona y de Madrid, y lejos ya de aquellos años en que me dedicaba al planeamiento urbanístico) a mí me da la sensación de que en Barcelona ha fijado la "nueva" política (una linea más falangista: bloqueo de alquileres y casas baratas de poca calidad) un grupo de 'jóvenes' millenials que hace quince años querían alquileres baratos sin salir de la ciudad y a ser posible del casco viejo y lucharon por ello, porque aún no pensaban en la familia y esas cosas. Pero ahora muchos de aquellos activistas empiezan a verse reflejados en los anuncios de aseguradoras con canciones manipuladas de Cat Stevens , porque narices, "el casado casa quiere". Andan en los 40, los 50...quieren echar alguna raíz (y a ser posible en bienes raíces, y de poder, de calidad).

Pero claro, tienen que ser algo consecuentes con su discurso, y lo de atacar a AirBnb ("¡jo tío, venga, duro con las multinacionales!") pues queda chulo y vistoso, y encima las mini viviendas en contenedores  (y nos reíamos de las "soluciones habitacionales" de la ministra Trujillo, que al menos se planteaban construidos como es debido, con sus ladrillos) quedan muy techie, hasta quizás le cae algún premio al arquitecto.

Pero ellos lo que necesitan, lo que en el fondo quieren, lo que sueñan con el niño en las mochilas, es lo que desde hace 60 años hacen en Madrid (que es, diríamos, la línea Opus, post falangista): PAUs y polígonos de esos pormishuevistas con los que las antropólogas se resuelven una tesis doctoral poniéndolos a parir, copypegando de los artículos y tesis de los arquitectos progres de los 70. 

Para entendernos, polígonos como los que alojaron entre finales de 60 y primeros 80 a medio pais, que constituyen el patrimonio que los millenials que más se quejan están heredando ahora mismo de padres y abuelos, y que son hoy los espacios más cómodos para vivir (doy fé). Bueno, y los que pegaron el pelotazo político no sueñan: se compran el chalé en la sierra metropolitana.



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