20130329

El principio del fin

de cualquier teocracia sólo puede encontrarse en los propios sujetos (o sujetas) de la represión y el abuso que implica. Así ocurrió con las teocracias cristianas. Así ocurrirá con el Islam. El lema de la I Internacional  ("la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, o no será") es, más que un lema, una ley social aplicable a toda situación de opresión.

Es una ley muy discutible en muchos sentidos, incluso respecto a la propia emancipación de "los trabajadores" en el sentido marxista (porque trabajadores había muchos más que el proletariado industrial, y no todos ellos desprovistos de sus medios de producción) pues quienes históricamente más generosamente han contribuido al bienestar de "los trabajadores" no han sido "los trabajadores mismos" (la mayor parte de quienes, cuando ascienden de status, son de peor calaña que los más bribones de los viejos capitalistas), sino los desclasados de la aristocracia primero, de la burguesía después; los traidores a su clase que se dejaron llevar por la empatía que en algún momento sintieron por los más débiles de la película. Son a menudo, a además, quienes luego suelen ser devorados por la revolución, cuando la hay y triunfa.
Pero una ley al fin, que se cumple irremediablemente, sea en sentido positivo o en sentido negativo (décadas de guerra e invasiones no han acabado, ni acabarán, con el talibanismo afgano, pero terminarán consiguiéndolo, si no a la primera a la segunda generación, las niñas mártires que, desde dentro del propio sistema, siguen pidiendo sus derechos tras ser aterrorizadas, o directamente mutiladas).

A veces no parece que ese sea el sentido de la Historia, porque la Historia da muchas vueltas, y tiene recodos, y a veces da marcha atrás, e incluso se repite (y no sólo como caricatura, según creía Marx). Por ejemplo, donde todo el mundo creía ver, en medio de la primera árabe, un movimiento libertario y democrático, hoy sabemos qué era lo que fundamentalmente lo movía: quienes controlan las redes sociales. ¿Y quiénes las controlan mejor en esos países, desde hace años? Los islamistas radicales, de la misma manera que en Occidente son los sectas cristianas más integristas (tanto en el lado romano como en el lado reformador) quienes mejor han manejado y controlado las redes sociales telemáticas en los últimos años. De ahí que los principales beneficiarios de aquellas revueltas, sin ir más lejos en Egipto, hayan sido justamente los islamistas.

Es pues una ley muy discutible el lema de la I Internacional. Y la Historia a veces incluso parece equivocarse. Pero finalmente se cumplen las leyes sociales, como las de la Naturaleza, y finalmente la Historia avanza, como avanza la evolución biológica, y de la misma forma que el Segundo Principio de la Termodinámica conduce irremisiblemente a la evolución geológica, mineral, cósmica. Porque, nunca mejor dicho, no hay Dios que detenga todo eso.

Por eso me genera mucha más esperanza descubrir la acción de esta chica, que cualquier plan de invasión. Las aguerridas chicas de Femen, atacadas por el ciberterrorismo islamista (se verifica esa apreciación que antes hacía sobre quién corta el bacalao de las redes telemáticas en el mundo: los meapilas cristianos y los talibanes) se han lanzado en su defensa con una auténtica guerra de tetas. Y se han unido otras muchas mujeres, de aquí (el Occidente relativamente libre) y allá (las democracias emergentes vigiladas por los teócratas). Pero las más efectivas serán las acciones de las de allá. Es decir, la lucha de ell@s mism@s.






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