20071008

13 años

tardaban, a menudo, en construir la Giralda, o la catedral de Burgos, con cerillas, aquellos españoles aburridos que terminaban siendo pasto del NODO o de la televisión en blanco y negro. Intentaban así, y a menudo lo conseguían, llenar el hueco de unas vidas vacías de contenido. Y eso ha tardado un individuo humano (presume de ello) en dar la vuelta al mundo. Jason Lewis (tiene la buena o mala suerte, según se mire, de llamarse como uno de los iconos sexuales gays, por lo que cuesta encontrarlo en la web) declaraba, y le doy toda la razón, sentirse vacío una vez ha terminado todo. Porque cuando uno terminaba de construir la Giralda con cerillas, la podía emprender con otro símbolo patrio, como El Escorial o (mal que les pese) la Sagrada Familia si además era capaz de curvar las cerillas. Pero cuando uno se pasa 13 años recorriendo el mundo, ¿se plantea qué?. Resulta que en la Sociedad Telemática en la que podemos superar las barreras espacio-temporales, un individuo decide volver al neolítico-con-pedales y pretende que le demos algún valor especial a su ¿hazaña?. Bien por él, si ha disfrutado del viaje, pero ya son demasiados los viajeros empeñados en contarnos sus innecesarias aventuras, como si la vida cotidiana fuese poca aventura en este siglo XXI.
Por lo demás, el principio sobre el que descansa su desafío es absurdo: ¿es que el resto de las formas de energía creadas o simplemente descubiertas y adaptadas por el hombre no son humanas?. En realidad, debería anunciar su periplo como realizado con energía metabólica exclusivamente; esto es, con energía animal, pre-humana.
En cualquier caso, hay que reconocerle un enorme mérito a Jason: antes de emprender su aventura, se buscó esponsors para sufragarla. Aquí, por el contrario, todos los fines de semana cientos de estúpidos se lanzan a hacer el bestia sobre motos o quads, a trepar por cortados que ni pueden ni hacía ninguna falta trepar, a perderse inútilmente en la nieve, y el enorme coste económico y humano que sus estúpidos fracasos supone lo tenemos que pagar entre todos, con cargo a los presupuestos generales del Estado o a los de la Seguridad Social, sin que se nos haya preguntado a la hora de hacer la declaración de la renta si queremos dedicar una parte de nuestros impuestos a esos tontos menesteres. ¿Por qué para salir a la carretera con un vehículo se nos exige una prueba de capacitación previa, y para salir fuera del recinto protegido de las ciudades no se les exige otro tanto a quienes van a ir al campo a practicar 'deportes de aventura'?

2 comentarios:

  1. José María10/10/07 22:47

    Al menos, en el caso del señor Lewis se puede entrever un camino hacia su Ítaca particular, como una suerte de sendero en la intrahistoria de alguien... Pero la causa de los “aventureros de fines de semana” patrios es, digamos siendo benevolentes, absurdo a todas luces.

    Un saludo,

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  2. Creo que hay un precedente importante, hace unos diez años, en Francia. Unos alpinistas salieron a escalar una montaña "a pesar de que el servicio meteorológico lo desaconsejaba". Al final se quedaron atrapados y un despliegue de medios con helicópteros incluidos los rescató. Hubo algún problema con la factura del helicóptero que sería de una empresa privada, y después de un juicio, la sentencia los obligó a pagar los gastos, que no recuerdo la cifra pero eran muchos millones. Les estaba bien empleado, por listos.

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