20070206

¿Sociología? No, gracias... Total, ¿para qué?

Por ejemplo, no hace falta para ser profesor de Sociología.
Llego de nuevo de Madrid y el asco es ya como si hubiese pasado a formar parte de mí, después de haber visto lo que he visto sin haber sido capaz de arrancarme a gritos. A ver si soy ahora capaz de explicarlo friamente en cinco líneas, y con la máxima objetividad posible.
Seis candidatos a una plaza de profesor de Sociología.
De ellos, sólo 2 son sociólogos; sólo 3 tienen un currículum y un proyecto docente consistente, y por supuesto sociológico; sólo 4 tienen un proyecto docente consistente.
Pues bien: ninguno de ellos supera la evaluación de sus méritos.
Quienes la superan (2) no son sociólogos, ni tienen apenas experiencia docente en Sociología (uno de ellos ni siquiera tiene experiencia docente, salvo un curso a tiempo parcial en una privada).
Eso sí, ambos llegan bien arropados por catedráticos.
Uno de ellos, por su propio padre y otra veintena de catedráticos y profesores. Un padre que casualmente escribe artículos con uno de los miembros del tribunal (subalterno suyo en la Universidad), artículos que luego publican en la revista del presidente del tribunal (con el que también comparte másteres y esas cosas).
Las conexiones del catedrático que apoya al otro son más delicuescentes, como ocurre con las redes de apoyo mutuo de La Obra, pero se hacen sentir con casi idéntica fuerza.
¿Para qué, entonces, estudiar Sociología?
Vaya, si es por aprenderla, vale... Pero si alguien lo hace pensando en dedicarse al mundo académico, por ejemplo ser profesor de Sociología, es mejor no hacerlo. No ahora. O al menos, según parece, no en este país, mientras subsista la Ley de Universidades que el PP nos atizó para poner, de nuevo, en manos de la los caciques más poderosos (en el caso del Área de Sociología, además, la mayoría ni siquiera son sociólogos), el acceso a la función pública en el profesorado. Estudien cualquier otra carrera, y así, si tienen padrinos, a efectos prácticos tendrán dos: esa carrera, y Sociología.
Ah, unas notas, al hilo de lo que un comentarista decía el otro día sobre ídolos caídos... El último que yo tuve fue Bob Dylan, pero hace la tira de eso, de forma que cuando coqueteó con los neocon ya era yo demasiado mayor como para que me afectase. Pero vaya..., sí que tenía por honestas a algunas gentes que dicen preocuparse por las desigualdades, que creía yo que llevaban años dedicados a generar ideología progresista (también es verdad que con la ayuda de cuantiosos fondos públicos), y que hoy descubro (además de profundamente cínicas e hipócritas), preocupadas únicamente de consolidar las estructuras de dominio sobre los débiles. Dedicados a dejar colocados, bien atados a la ubre del Estado, a sus hijos y a los hijos de sus amigos. Abusando de los débiles.
Aún así, quiero creer que la justicia triunfará sobre la vileza. Creo que eso será así: creo en la Historia.
Y espero verlo, además...

2 comentarios:

  1. Anónimo8/2/07 12:33

    ¿Este es el fín de la endogamia? Esto es un escándalo.No puedo creer que a estas alturas del partido existan profesores que enseñen en la práctica que es mejor ser amigo del jefe que trabajar ¿que esperan de sus alumnos?
    ¿Quién se atreve a realizar una investigación sobre el camino a la cátedra por medio de historias de vida? Lo mismo encontramos una historia de humillados
    ¿O es que simplemente son malvados?

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  2. He ahí un tema estupendo de investigación para una tesis que seguramente en España no podría ver la luz (al contrario que en esa terrible dictadura norteamericana en donde cualquiera puede decir lo que piensa sin miedo), pero que sería leida con fruición: "Caminos a la cátedra". Y sí, la entrevista sería la técnica más adecuada, pero habría que complementarla con la encuesta, porque en el anonimato de la encuesta habría quien se mostraría más sincero que en la entrevista, aunque la riqueza de los datos fuese menor.
    Pero lo que sería realmente interesante es que la fiscalía anticorrupción también echase un vistazo de vez en cuando por la Universidad. Al fin y al cabo, un tipo enchufado como profesor universitario supone un auténtico robo de aproximadamente 1,5 millones de euros (casi 300 millones de pesetas) suponiéndole unos 30 años de media de vida inútil. ¿Cuántos concejales corruptos de han sido capaces de arramblar con tanto? Eso es lo que a mí me extraña: que las denuncias por procesos irregulares no las revise de oficio la fiscalía. Alguna razón habrá también para este hecho. En fin...

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