2026/08/31

Asuntos familiares: frontera, regadío, INC, IRYDA, leyendas y milagros y fiestas del Cristo

 Varios elementos conectan mi pueblo de origen, #Mallén, en la muga en todos los sentidos (genes incluidos) entre Aragón y Navarra, y mi pueblo de destino (hoy por hoy, porque me he movido tanto que nunca se sabe...), #SanRafaeldeOlivenza en la frontera con Portugal (con quien también mantienen genes compartidos los lugareños).

Además de la marca fronteriza, está el regadío. Mallén ha sobrevivido gracias a la canales y canalillos de la Caña (ibero) Imperial de Aragón y de Lodosa. San Rafael simplemente existe gracias a la acequia del río Olivenza, aunque haga ya tantos años que ni uno ni otro pueblo vivan del campo.
Relacionado con ello otro elemento conecta ambos lugares. San Rafael es producto del INC (Instituto Nacional de Colonización), y Mallén (en particular muchas familias de agricultores como la mía) no habrían podido sobrevivir y acceder a la propiedad de tierras y casas sin el apoyo del sucesor del INC, el IRYDA (Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario, del que por cierto, a pesar de la ingente labor realizada, puntera a nivel mundial, no se puede encontrar ni el logo, tanta Memoria Histórica está borrando la simple Memoria de la Historia).
Frontera, regadío, INC/IRYDA...¡Y las fiestas!
Anoche disfrutaba desde el corral de los fuegos artificiales en San Rafael, mientras en Mallén estarán repasando el estado de las vallas para que el primer domingo de septiembre estén seguras. Porque aunque no coinciden aún en la presencia de vaquillas (cualquier día las implanta el Ayuntamiento de Olivenza, que al fin y al cabo estamos rodeados de ganadería brava), ambas fiestas se celebran por el Cristo de la Columna.
Aquí, tan reciente el pueblo, y ya tan descreídos como somos, no se han podido formar leyendas en torno al Cristo, como en Mallén, de las que hay algunas y yo añadiré una, por si Guillermo Carranza Alcalde o los de Asociación Cultural Belsinon - Mallén las recolectan: cuando tenía 12 años, estando interno en los jesuitas de Tudela, mi madre fue a Zaragoza a operarse de "la pendi" (apendicitis) y por poco no sale. Cogió una infección hospitalaria, de la que rara vez se salía entonces con vida. Le metieron tanto antibiótico que se hizo alérgica de por vida a los antibióticos, tenía que llevar siempre una medalla con el aviso.
Un mal día vino el prefecto a decirme que fuese a cambiarme que me habían venido a buscar (no recuerdo quién, de los pocos con coche, quizás Carmelo "Cantores" con el Land Rover, o Angel Arrachea con su Gordini) y me iba al pueblo, porque mi madre estaba a punto de morir. Los médicos la habían dado por perdida y le dijeron a mi padre que se la llevase a morir en casa.
Nada más llegar al pueblo, mi padre me dio un pañuelo para que fuese a pasarlo por los pies del Cristo de la Columna, para ponérselo a mi madre. Y así cada día en los sucesivos, y aunque había sido monaguillo durante años, impresionaba entrar por la mañana, solo, en la capilla del Cristo, todo apagado, y subir a pasarle el pañuelo. Y bueno..., pues que al poco mi madre salió adelante.
Ya..., yo también creo en la penicilina, no en el Cristo de la Columna, pero es lo que hay. Los médicos habían dejado de creer en su medicina, pero mis padres (nada crédulos en otros sentidos, nunca recurrieron a brujas o curanderas, como aún era tan habitual en los 60) no dejaron de creer en su Cristo de la Columna.

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