2013/12/16

Again and again (pero es inútil)

Un viejo amigo que siempre ha hecho lo correcto (incluso cuando lo correcto era hacer lo incorrecto), y que por tanto ha sido convenientemente integrado a La Estructura, distribuye un mensaje que le honra ("Creo que muchos de nosotros, aunque tengamos sexenios, estaremos de acuerdo con gran parte de lo que se dice en este artículo, incluido el que no hacemos nada por evitarlo"), porque incluye una carga de profundidad, y remite a esta noticia. Bien por tu pequeña incorrección, Gus.


Al lado mismo de la noticia, un enlace a un artículo que apunta hacia una diana estrechamente relacionada con el asunto:  "¿Por qué revistas como Nature hacen daño a la Ciencia?"

¿Que por qué es inútil ese buen deseo de algunos? Lo expliqué hace casi una década, y la estructura sólo se ha modificado a peor para quienes no participan del magma del meollo y por tanto no están conectados a la gran ubre central. Lo explica muy bien el artículo al hablar de la Regla 32, esa expropiación del tiempo de miles de profesores por parte de otros miles de aprovechados. Esa es la clave: son tantos los beneficiados por el sistema, que éste bien puede permitirse "que les den pol saco" a los damnificados. Nunca habrá una toma de la Bastilla, ni del Palacio de Invierno, ni siquiera un zombi 15-M, en la Universidad española. Cuesta decirlo, pero haciendo un análisis social desprejuiciado, osea científico, quizás cuando la privaticen del todo se arreglen esas cosas.






2013/12/15

Si la inteligencia está repartida según una distribución normal, ¿por qué no confiar más en "el público"?

De hecho, resulta que (faltaría más) las encuestas sociológicas de opinión son mejores predictores de la realidad económica emergente (es decir, virtual en el sentido clásico del término, o que-tiende-a-realizarse), para bien y para mal, que cualquier laboratorio econométrico (compuestos básicamente, en realidad, ni siquiera por economistas, sino por matemáticos que sólo han estudiado Matemáticas, pero no Economía, ni menos aún Sociedad). 

El martes tocaba debatir en la tertulia, entre otros temas, las contradicciones entre "el ánimo de la gente" y los indicios macroeconómicos de recuperación. Uno tiende a pensar a priori, y así lo pensé al recibir el día anterior el temario de la tertulia, en que hay una lógica en que la gente siga desanimada, hasta que no empieza a ver claras señales de mejora económica en su entorno. De hecho, es difícil hablar hoy todavía con alguien "experto" que no hable en términos depresivos de la situación económica. Es curioso porque, a pesar de que sabemos que se trata de un hecho cíclico, cuyo ciclo aproximado ya fue descubierto por las Ciencias Sociales, incluso entre quienes se dedican a éso es habitual ese discurso catastrofista de que "es que esta vez...", "esto no volverá a ser lo que era...", en fin, lo que se dice en todas las crisis.

Pero, como en tantos otros asuntos, la realidad es muy otra cuando la observamos con los ojos de la Ciencia (sociológica, claro). Como en la otra Ciencia (la de las cosas), los sentidos (es decir, lo que observamos de forma más inmediata, y hay que tener en cuenta que justamente eso es lo que nos transmiten los medios) pueden engañarnos.

Ya que andaba enredando en el servidor del CIS, buscando encuestas referidas a una temática concreta, me metí a ver las series históricas existentes de la pregunta del barómetro referida a la situación económica. No acudí al indicador anunciado por el propio CIS, pues la serie histórica sólo recoge hasta 1996 (¿será por lo que voy a comentar inmediatamente? no pensemos mal... aún); sino a las series históricas en el Banco de Datos.Y construí mi propio indicador para esa serie, que conecta la anterior Gran Crisis con la presente. 

Las opciones de respuesta, a la pregunta "Valoración de la situación económica actual de España", son "Muy Buena, Buena, Regular, Mala o Muy Mala". De un lado quité los NS/NC (aunque he comprobado que cuanto peor está la cosa, menor es el porcentaje de no respuestas e indecisiones), y de otra parte decidí que los Regular no los contabilizaba, pues lo mismo pueden ser interpretados en uno u otro sentido, y por tanto podrían ser sujetos a discusión estéril. Así que simplemente, a los Muy Buena les dí un valor de 4 y a los Buena un valor de 2, y las mismas proporciones pero en negativo para los Muy Mala y Mala, respectivamente.

Bien. Pues al hacerlo (aquí se puede descargar la hoja) me quedo sorprendido porque la curva del  indicador resultante resulta que halló su punto de inflexión nada menos que en el mes de marzo de 2013, esto es casi medio año antes de que los analistas económicos al servicio del Gobierno y la Banca (obsesionada por hacernos pensar que estamos mejor de lo que pensamos, porque así pensamos menos en quienes son los causantes de nuestro malestar) empezasen a pregonar los 50 parados menos, y tantos otros indicadores de mejora, leve levísima, pero mejora. Curiosísimo.

Me acuerdo entonces de lo que es una de mis obsesiones demoscópicas: la facilidad con que el PP construyó el mito de que Aznar y Rato habían "salvado" la economía española, cuando la realidad fue que la Economía española se había salvado sola, por los vientos de cola (exteriores) cuando el PP llegó al poder en 1996. Pero es alucinante cómo la población española, incluso la mejor informada, sigue creyendo el mito Aznar. Pues bien, miro hacia atrás, y compruebo cómo efectivamente, también en esa crisis, la opinión pública fue un mejor predictor de la mejora de la economía: en 1993 se produjo el punto de inflexión en el indicador. No es que a partir de ahí la valoración fuese positiva; pero empezó la recuperación del estado de ánimo. Y vemos que se cumple en todos los momentos críticos o recesivos.


Pero lo que me parece realmente interesante no es tanto la capacidad de la mente colectiva de percibir la mejora, antes que los laboratorios econométricos. Lo que me parece realmente importante es la capacidad de presentir las propias crisis. Si nos fijamos en los puntos de inflexión de los picos positivos, veremos que también se producen mucho antes de que la intelligentsia económica de la nación (especialmente del gobierno de turno) los alcance a confirmar. Sin duda la sociometría (no utilizo aquí el término en referencia  la técnica de Moreno, sino que es un juego de palabras) es una herramienta mejor que la econometría; o lo que es lo mismo, si Zapatero le hubiese hecho más caso al CIS que a su Gabinete Económico, seguramente no habríamos caído tan bajo.

En cuanto al concepto de público que utilizo en el título, naturalmente es el que apuntaron Le Bon y Tarde desde la Psicología Social, y al que Park le daría una vertiente más sociológica.

¿Cual podría ser la enseñanza en términos electorales? No, de nuevo no es lo que parece. El que realmente se haya iniciado la recuperación no significa que necesariamente el público vaya a premiar a quien esté en el gobierno en el momento de convocar las próximas elecciones. Obsérvese cuánto se había recuperado no sólo la economía propiamente dicha, sino sobre todo el estado de ánimo (tres años llevaba mejorando) en las elecciones de 1996. Sorpresas nos da la vida, la vida nos da sorpresas... Y sí, quien a hierro mata, a hierro termina.

Addenda
Para quienes no creen en la naturaleza cíclica de los procesos sociales, al menos en lo que a la Economía se refiere, no tienen más que mirar las fechas de los puntos de inflexión de las crisis: 1983, 1993, 2003...2013. ¿Casualidad?. No lo creo.

El problema de los ciclos es que son visualizados de forma inadecuada; se entienden como algo meramente circular, cuando la dinámica cíclica no es circular, sino espiral, expandiéndose el radio del círculo de salto a salto. Desde el origen mismo de la vida. Yo intento explicar a mis alumnos la evolución social utilizando entre otras estas ilustraciones.

Y desde luego el indicador que estamos considerando va claramente en esa dirección: hay un ciclo, sí, pero no tiene exactamente las mismas características. Por lo pronto, cada nuevo proceso crítico es más grave, o es sentido más dolorosamente por la sociedad. El radio del circulo del dolor social es mayor.

Aunque sobre esto también podemos hacer alguna reflexión. Si tenemos en cuenta que, a pesar de lo dramático de la situación social, no ha habido en España, Portugal, ni siquiera en Grecia, graves (digo graves de verdad) revueltas sociales, ¿realmente es cada vez más grave el daño social, o es que la sensibilidad, como umbral del dolor social, se va expandiendo a medida que evolucionamos?



Cómo citar:
Baigorri, A. (2013), "Si la inteligencia está repartida según una distribución normal, ¿por qué no confiar más en "el público"?",  http://baigorri.blogspot.com.es/2013/12/si-la-inteligencia-esta-repartida-segun.html, Recuperado el [fecha de lectura]

2013/12/06

¿Recuerdo, o más bien olvido de voto?

Los periodistas a veces no dan tregua. Me pillan en la carretera yéndome a comer y me dicen que a las 5 de la tarde se van a pasar por el despacho cámara en ristre para que hablemos del barómetro del CIS.
- ¿Pero de qué en concreto?
- No sé, yo soy de producción, sólo me han dicho que concrete la hora
Echo un vistazo urgente y no hay nada de particular en el barómetro de noviembre.  De hecho, ni siquiera incluye intención de voto. Las preocupaciones de los españoles siguen siendo las mismas. ¿Será porque sube la corrupción a la segunda posición, puesto que ocupa por lo demás cada dos o tres barómetros?. En fin, para lo que suelen necesitar, seguro que basta un vistazo rápido. Y realmente el asunto era poca cosa, un apunte de dos segundos en una noticia.
Pero, es lo que pasa, se mete uno al CIS por una cosa, y acaba tonteando con otras. Y al repasar las preguntas de caracterización sociológica (variables seudoindependientes) encuentro que sí está el recuerdo de voto. Y me planteo hasta qué punto podemos tomar el recuerdo de voto como una variable realmente representativa para un cruce, si tenemos en cuenta que ya sabemos cómo a menudo se oculta el voto real. De hecho, basta comprobar un barómetro realizado sólo un mes después de unas elecciones (cuando salvo unas pocas personas, nadie ha podido olvidar qué voto), y veremos que no se corresponde con  el voto real. Más allá de las desviaciones propias de las muestras. Muchos de quienes han cambiado la orientación de su voto respecto a elecciones anteriores tienden a no reconocerlo cuando se les pregunta; en otros muchos casos tenemos el voto vergonzante (ese que se practica tapándose la nariz) por razones muy diversas. Y es que todos nos recordamos más buenos de lo que somos: por supuesto, la participación electoral, según el recuerdo de voto, siempre es superior a la real: recuerda haber votado bastante más gente de la que realmente votó.
Y me planteo entonces, de perdido el tiempo (osea, aparcando el quehacer productivo del momento) al río, si ese recuerdo de voto, tomando justamente como olvido de voto, podría tomarse como un predictor tan bueno, aunque inverso, como el de intención de voto. El "olvido del voto" no es un tema muy tratado en los análisis electorales. Al menos a mí apenas me suena, aunque no sé mucho de sociología electoral. Una búsqueda del término con estas mismas palabras en Google genera un pequeño caos además de pocos ítems. Si para aclararle al robot el asunto le añadimos PP y PSOE, se reduce a dos entradas, sendas dos crónicas periodísticas de La Vanguardia de 1991 (que lo define como "amnesia electoral", término que me parece mucho más ajustado, aunque podría referirse con más acierto a quienes tras pasar por un periodo de dictadura han olvidado la práctica de votar) y otra de El País de 2004. Si entonces buscamos "amnesia electoral" salen algunas más referencias, en buena lógica casi todas argentinas.
Sería un tema interesante, porque salen cosas muy interesantes cuando analizamos las series históricas de esa pregunta. El gráfico siguiente recoge la evolución del voto recordado desde las últimas elecciones generales (el primer dato de la serie corresponde a los resultados electorales, el resto recoge la pregunta del barómetro del CIS).


Sin duda es más que evidente el creciente olvido de los votantes del PP en las pasadas elecciones (un 33% olvidan haberlo hecho); sin duda arrepentidos de su voto real, borran en su memoria, o ante los demás, tal acto. Y tan acto racional fue probablemente su voto entonces, como su intención de ocultarlo ahora. Probablemente igual de insolidarios ambos: el primero con quienes lo están pasando mal por la crisis, el segundo con la conciencia, que debe asumir la responsabilidad de los propios actos.
Pero eso sin duda era previsible. Como lo era que al PSOE le cueste ganar votos del olvido, o que a haber votado a IU se apunten muchos que no lo hicieron (casi un 10% por encima de sus votantes reales). Pero lo que sin duda me sorprendió, al analizar los fríos datos, es descubrir cómo esa gran esperanza blanca de quienes tienen la bicha en lo que llaman  el PPSOE  (como si UPyD no fuera un partido, y como los más clásicos y por tanto menos democráticos, basado en el culto a la personalidad del líder carismático) no atrae conciencias. No iba a perder más tiempo analizando si eso se corresponde con la intención de voto. Pero el hecho es que, en el siguiente gráfico se observa más nítidamente, la gente también "olvida" haber votado a UPyD en más de un 25% de los casos, casi tanto como quieren olvidar haber votado al PP. Curioso, ¿no?



Como sólo ha sido un entretenimiento, un ratito de pérdida de tiempo, dejo a los expertos y curiosos el análisis fino del asunto.




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