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2014/04/16

Debates sobre las clases medias


Lo descubro publicado por casualidad. A continuación, las preguntas que en enero me planteaba el periodista, y mis respuestas que le envié

- Según varios indicadores e informes, la brecha salarial y la desigualdad no deja de aumentar en España. ¿Qué consecuencias tiene el adelgazamiento de la clase media para la sociedad?

El adelgazamiento de la clase media no existe como tal. La clase media es hoy, para la mayor parte de los analistas, un mero concepto estadístico, cuestión de quintiles. Y no está claro si podemos hablar de adelgazamiento o ensanchamiento, como simplemente -ahora- de empobrecimiento. En el marco de las crisis económicas, las clases medias sufren, como las clases trabajadoras e incluso una parte de las clases altas, un empobrecimiento general (no total; puede haber segmentos de las clases medias que mejoren su posición económica y/o su estatus en el marco de las crisis). Pero que un ingeniero nuclear pierda su empleo no significa que pase a formar parte de otra clase social; simplemente pasa a percibir menos ingresos. El profesorado universitario ha perdido en los últimos 15 años, en términos reales, aproximadamente un 30% de su capacidad de gasto; la mayoría ganan menos que la mayoría de los trabajadores manuales; la capacidad de influencia de esa mayoría es prácticamente nula, pues son las élites del mandarinato académico quienes toman todas las decisiones; sus expectativas de logro y progreso están totalmente estancadas. ¿Quiere eso decir que se sienten formar parte ahora de las clases bajas? No lo creo.

- ¿Por qué se dice habitualmente que la clase media es el factor social de estabilidad económica y social?

Esa es una construcción ideológica, una idea efectivamente, pero no una realidad empírica demostrable. En realidad las clases medias no son un factor de estabilidad, sino de inestabilidad. A veri si me explico: las clases medias no hacen de colchón o barrera frente a un supuesto proletariado desesperado. Son las propias clases medias las que encienden las chispas de las revoluciones y las algaradas, sea cuando se sienten atacadas en sus privilegios, sea cuando sienten que son empobrecidas a costa de los privilegios de otros grupos sociales. Reaccionan de igual manera frente al abuso de las clases altas, alimentando revoluciones populares: desde 1789 los líderes de todas las revoluciones, incluida la rusa, la china, la cubana o incluso la venezolana han surgido de las clases medias empobrecidas o cabreadas con las clases dominantes a las que sirven. Lenin, Stalin, Mao, Castro, Jomeini o Chaves, son fruto de las esas clases medias cabreadas. Pero también reaccionan del mismo modo frente a lo que consideran abusos de las clases bajas, o simplemente frente a lo que consideran una desconsideración del organismo social para con ellas: Hitler, Mussolini, los falangistas o Le Pen comparten todos ellos la misma extracción social. Pero mientras los primeros se sienten abusados por la gran burguesía y/o la aristocracia, los segundos se sienten abusados también, y además asustados, por los obreros, los menesterosos, los inmigrantes, que pueden quitarles el pan cada vez más escaso que les dejan las clases altas, Por eso debe preocupar a muchos ese empobrecimiento de las clases medias. Porque cuando se empobrecen generan revoluciones, que conducen ineludiblemente a totalitarismos.

Hay, por otra parte, razones científicas que respaldan esa creencia en la clase media como factor de estabilidad. La Sociología Formal ha puesto de manifiesto, al estudiar las partículas societarias elementales, cómo las tríadas permiten una dinámica social más estable que las díadas, por cuanto el juego de alianzas puede tener una geometría variable.

- Se habla mucho de clase media, pero en realidad, ¿quién pertenece a esa clase media? ¿Qué factores intervienen en esa clasificación? ¿sólo económicos?

La pregunta es en cierto modo redundante, pero una buena pregunta en cualquier caso, porque especialmente a los mediapredicadores se les llena la boca con la clase media, a menudo sin saber de qué hablan. La clase media es para unos (la inmensa mayoría de los economistas, que sólo consideran o bien ingresos familiaresa, o bien capacidad de gasto) un mero dato estadístico (quienes andan situados un 50% por encima y por debajo de la mediana de los ingresos familiares en un país, por ejemplo); para otros (los sociólogos de obediencia marxista) un residuo de las clases altas, de la pequeña burguesía, en permanente proceso de proletarización (pero en dos siglos no sólo no se ha proletarizado, sino que por el contrario ha surgido una aristocracia proletaria que es uno de los componentes esenciales de las clases medias); para unos terceros (los sociólogos que basan su pensamiento exlusivamente en la teoría de Max Weber) es el resultado de la articulación de tres factores (clase, status y poder), una especie de prolongación histórica del Tercer Estado de las sociedades precapitalistas. Son esos postulados teóricos weberianos los que alimentan la la idea de la clase media como colchón amortiguador entre el proletariado y las clases altas.

- ¿Qué está 'matando' (por decirlo de alguna forma) a la clase media en España?

Yo no creo que la clase media ni española, ni global, esté ahora mismo en trance de muerte. Al contrario, asistimos al crecimiento de las clases medias en muchos países en vías de desarrollo, incluso a la recuperación en otros como Cuba, China, Rusia, en general los antiguos países comunistas. Las clases medias (insisto en el plural sociológico, frente al singular estadístico-económico) están siendo afectadas, como el conjunto de la sociedad, por los cambios en la estructura productiva derivados del desarrollo de la Sociedad Telemática, marcada por la telematización, la virtualización y la globalización. Más allá de los efectos concretos que la crisis financiera primero, y la crisis del ladrillo después, han tenido en todos los niveles del sistema de estratificación social en España (también tenemos millonarios arruinados, y por supuesto millones de trabajadores de clase baja desempleados), es evidente que algunos de los colectivos que conforman las clases medias están perdiendo estatus a marchas forzadas. Los escribientes, empleados, “secretarios”, formaron parte de la élite subalterna de la alta burguesía y la aristocracia en el siglo XIX; pero en el siglo XX pasaron a formar parte del proletariado de cuello blanco. Hoy todos ellos, y aún muchos de los técnicos que en el Fordismo obtuvieron elevadas posiciones de estatus, forman parte del proletariado informacional perfectamente sustituible por máquinas para muchas de sus tareas. Pero surgen otras profesiones, otros grupos sociales vinculados al proceso productivo, que van alcanzando posiciones de poder en la sociedad, mayor reconocimiento, y progresivamente también mayores ingresos. Las clases medias están en recomposición permanente, pero cuando se producen grandes cambios del modelo productivo son mucho más visibles, como ahora ocurre. Por supuesto que hay estratos que mantienen su importancia en la estructura (por ejemplo, los médicos, u otros técnicos como los controladores aéreos, y de ahí su capacidad para bloquear determinadas decisiones políticas que les afectan). De la misma manera que hay “cuerpos” de la Administración que mantienen su poder social, económico y político (como los jueces y casi todos los cuerpos vinculados a esa función).

- ¿Crees que cuando la economía se recupere volverá a crecer la clase media o hay más problemas de fondo?

Algunos de los componentes de las clases medias que han perdido significación (económica, social, cultural, política) probablemente no lo recuperarán nunca, porque su función o bien ha perdido sentido (buena parte del pequeño comercio físico, por ejemplo) o se solapa con otras (los maestros, por ejemplo). Pero otros tienden a la expansión (aunque la crisis económica no nos ayude a verlo, y en particular los periodistas puedan sentirlo ahora como una broma), como son todos los subsectores vinculados a la función comunicacional, a la intermediación, a la gestión del yo. Incluso en sectores vinculados a las producciones materiales más tradicionales la organización de la producción precisa cada vez más, paradójicamente, de la convivencia entre grandes estructuras productivas (grandes factorias, grandes empresas multinacionales) y pequeñas organizaciones e incluso productores individuales, y ahí está uno de sustratos básicos de las clases medias.

[Cómo citar: Baigorri, Artemio (2014), "Debates sobre las clases medias", URL: http://baigorri.blogspot.com.es/2014/04/debates-sobre-las-clases-medias.html ]

2013/12/15

Si la inteligencia está repartida según una distribución normal, ¿por qué no confiar más en "el público"?

De hecho, resulta que (faltaría más) las encuestas sociológicas de opinión son mejores predictores de la realidad económica emergente (es decir, virtual en el sentido clásico del término, o que-tiende-a-realizarse), para bien y para mal, que cualquier laboratorio econométricos (compuestos básicamente, en realidad, ni siquiera por economistas, sino por matemáticos que sólo han estudiado Matemáticas, pero no Economía, ni menos aún Sociedad). El martes tocaba debatir en la tertulia, entre otros temas, las contradicciones entre "el ánimo de la gente" y los indicios macroeconómicos de recuperación. Uno tiende a pensar a priori, y así lo pensé al recibir el día anterior el temario de la tertulia, en que hay una lógica en que la gente siga desanimada, hasta que no empieza a ver claras señales de mejora económica en su entorno. De hecho, es difícil hablar hoy todavía con alguien que hable en términos depresivos de la situación económica. Es curioso porque, a pesar de que SABEMOS que se trata de un hecho cíclico, establecido por las ciencias sociales, incluso entre quienes se dedican a eso es habitual el discurso de que "es que esta vez...", "esto no volverá a ser lo que era...", en fin, lo que se dice en todas las crisis.
Pero, como en tantos otros asuntos, la realidad es muy otra cuando la observamos con los ojos de la Ciencia (sociológica, claro). Como en la otra Ciencia (la de las cosas), los sentidos (es decir, lo que observamos de forma más inmediata, y hay que tener en cuenta que justamente eso es lo que nos transmiten los medios) pueden engañarnos.
Ya que andaba enredando en el servidor del CIS, buscando encuestas referidas a una temática concreta, me metí a ver las series históricas existentes de la pregunta del barómetro referida a la situación económica. No acudí al indicador anunciado por el propio CIS, pues la serie histórica sólo recoge hasta 1996 (¿será por lo que voy a comentar inmediatamente? no pensemos mal... aún). Sino a las series históricas en el Banco de Datos.Y construí mi propio indicador, para esa serie que conecta la anterior Gran Crisis con la presente. Las opciones de respuesta, a la pregunta "Valoración de la situación económica actual de España" es Muy Buena, Buen, Regular, Mala o Muy Mala. De un lado quité los NS/NC (aunque he comprobado que cuanto peor está la cosa, menor es el porcentaje de no respuestas e indecisiones), y de otra parte decidí que los Regular no los contabilizaba, pues lo mismo pueden ser interpretados en uno u otro sentido, y por tanto podrían ser sujetos a discusión estéril. Y, simplemente, a los Muy Buena les dí un valor de 4 y a los Buena un valor de 2, y las mismas proporciones pero en negativo para los Muy Mala y Mala, respectivamente.
Bien. Pues al hacerlo (aquí se puede descargar la hoja) me quedo sorprendido porque la curva del  indicador resultante resulta que halló su punto de inflexión nada menos que en el mes de marzo de 2013, esto es casi medio año antes de que los analistas económicos al servicio del gobierno y la banca (obsesionada por hacernos pensar que estamos mejor de lo que pensamos, porque así pensamos menos en quienes son los causantes de nuestro malestar) empezasen a pregonar los 50 parados menos, y tantos otros indicadores de mejora, leve levísima, pero mejora. Curiosísimo.
Me acuerdo entonces de lo que es una de mis obsesiones demoscópicas: la facilidad con que el PP construyó el mito de que Aznar y Rato habían "salvado" la economía española, cuando la verdad es que la Economía española se había salvado sola cuando el PP llegó al poder en 1996. Pero es alucinante cómo la población española, incluso la mejor informada, sigue creyendo el mito. Y compruebo cómo, efectivamente, también en esa crisis la opinión pública fue un mejor predictor de la mejora de la economía: en 1993 se produjo el punto de inflexión en el indicador. No es que a partir de ahí la valoración fuese positiva; pero empezó la recuperación del estado de ánimo. Y vemos que se cumple en todos los momentos críticos o recesivos.


Pero lo que me parece realmente interesante no es tanto la capacidad de la mente colectiva de percibir la mejora, antes que los laboratorios econométricos. Lo que me parece realmente importante es la capacidad de presentir las propias crisis. Si nos fijamos en los puntos de inflexión de los picos positivos, veremos que también se producen mucho antes de que la intelligentsia económica de la nación (especialmente del gobierno de turno) los alcance a confirmar. Sin duda la sociometría (no utilizo aquí el término en referencia  la técnica de Moreno, sino que es un juego de palabras) es una herramienta mejor que la econometría; o lo que es lo mismo, si Zapatero le hubiese hecho más caso al CIS que a su Gabinete Económico, seguramente no habríamos caído tan bajo.

En cuanto al concepto de público que utilizo en el título, naturalmente es el que apuntaron Le Bon y Tarde desde la Psicología Social, y al que Park le daría una vertiente más sociológica.

¿Cual podría ser la enseñanza en términos electorales? No, de nuevo no es lo que parece. El que realmente se haya iniciado la recuperación no significa que necesariamente el público vaya a premiar a quien esté en el gobierno en el momento de convocar las próximas elecciones. Obsérvese cuánto se había recuperado no sólo la economía propiamente dicha, sino sobre todo el estado de ánimo (tres años llevaba mejorando) en las elecciones de 1996. Sorpresas nos da la vida, la vida nos da sorpresas... Y sí, quien a hierro mata, a hierro termina.

Addenda
Para quienes no creen en la naturaleza cíclica de los procesos sociales, al menos en lo que a la Economía se refiere, no tienen más que mirar las fechas de los puntos de inflexión de las crisis: 1983, 1993, 2003...2013. ¿Casualidad?. No lo creo.

El problema de los ciclos que es son vistos de forma inadecuada; se entienden como algo circular, cuando la dinámica cíclica no es circular, sino espiral. Desde el origen mismo de la vida. Yo intento explicar a mis alumnos la evolución social utilizando entre otras estas ilustraciones. Y desde luego el indicador que estamos considerando va claramente en esa dirección: hay un ciclo, sí, pero no tiene exactamente las mismas características. Por lo pronto, cada nuevo proceso crítico es más grave, o es sentido más dolorosamente por la sociedad. Aunque, si tenemos en cuenta que a pesar de lo dramático de la situación social, no han habido en España, Portugal, ni siquiera en Grecia, graves revueltas sociales, ¿realmente es cada vez más grave, o es que la sensibilidad, como umbral del dolor social, se va haciendo mayor a medida que evolucionamos?







Cómo citar:
Baigorri, A. (2013), "Si la inteligencia está repartida según una distribución normal, ¿por qué no confiar más en "el público"?",  http://baigorri.blogspot.com.es/2013/12/si-la-inteligencia-esta-repartida-segun.html, Recuperado el [fecha de lectura]

2012/09/15

15S


Yo no creo que quieran arruinar al país. Simplemente no saben hacerlo mejor, porque sus limitaciones ideológicas constituyen orejeras de hierro que les impide ver la realidad. Como siempre que llegan al poder, sólo intentan rebañar para los suyos mientras se limitan a gestionar mal que bien; pero como hay tan poco que rebañar, sólo puede hacerse a costa de dejarnos sin pan a los demás, porque ya no hay burbuja que valga (hasta la próxima, claro).

Pero están ahí porque han sido votados por mayoría absoluta. Están ahí fundamentalmente, no lo olvidemos, gracias al voto de los funcionarios, los jóvenes en primer voto y los viejos atemorizados: es decir, de los colectivos que ahora en mayor medida sufren sus acometidas. Por eso, aunque al día de hoy es evidente que o se van ellos, o se tiene que ir la mayoría del país (al extranjero los jóvenes, al otro mundo los viejos...), no hay forma democrática de hacerlo. Ni siquiera forzando un referéndum por iniciativa popular, que no sé si podría hacerse para forzar elecciones anticipadas. Además, la mayoría de quienes les han votado se dirían "...¿y para poner a quién?", tras meses y meses de desprestigio sistemático y calculado de toda la clase política, por lo que terminarían votando casi lo mismo. Así que a joderse tocan, me temo.

Pero no por eso hay que dejar de decirlo. No quieren arruinar al país: sólo quieren que sus amigos sigan estando por encima de los demás; pero eso, que pudieron hacerlo en el '96 a base de pelotazos, concesiones y recalificaciones, no pueden hacerlo hoy. Sólo les sale ahora hacerlo a base de empobrecernos a la mayoría. Antes se desigualaban por arriba, ahora nos desigualan por abajo.


Nota:
Por si alguien tiene alguna duda sobre quiénes dieron la mayoría absoluta al PP, que se pase por la encuesta preelectoral del CIS a echarle un vistazo. Entre los más jóvenes (18-24) y los más viejos (65 y más) la intención de voto era mayoritariamente favorable al PP, sensiblemente más favorable que en las cohortes vecinas.








2012/08/10

2012/07/24

Alternativas aparentes

Como siempre para dentro un rato, con un viaje y mil asuntos de por medio tengo que juntar en 3.000 caracteres, espacios incluidos, una reflexión para El Periódico (lamentablemente para la sección de pago a la que se van abocando todos los periódicos, supongo que como estrategia de supervivencia), sobre las formas "alternativas" de relación comercial que surgen, como tremendas novedades, al pairo de la crisis. Ya me ocupé de pasada del tema, que veía venir, hace va para cuatro años. Ojeo por ahí y descubro que ya hay quien vive de vender la idea; de una otra forma, siempre ha pasado, aunque quizás en los '70 la cosa no era tan descarada. Además, entonces las ideas incluso eran realmente novedosas.

Como siempre, aquí pongo la versión inicial, junto a la definitiva. Esta vez con más salsa, pues por las cosas de la telemática transfronteriza, no llegó a tiempo el ajuste a los 3.000, y Eva Peruga, de guardia en la tarde del sábado en la redacción, tuvo que meter la tijera, como se puede comprobar con mejor tino que yo mismo (y es que no hay como recortarse a sí mismo, que sudores). Así como ejercicio literario aquí van los tres: la versión original; la que reducción que yo hice pero no llegó a tiempo; y el artículo como salió publicado, en la imagen (pulsar para verla en su tamaño).



La versión 1.0


"En “The Crowd” (1928) King Vidor mostró a las multitudes caminando seguras, mientras no pierdan el paso, hacia el sueño americano; y con un fuerte sesgo sociológico describió el cruel destino del átomo de esa muchedumbre que pierde el ritmo y queda al albur, cual hoja al viento. En “El pan nuestro de cada día” (1934), la sociedad toda ha perdido el paso. Retoma a los mismos protagonistas, arrastrados por la depresión del ‘29, y como otros hoy (o sin ir más lejos en tiempos del “Decamerón”, en plena crisis de la Baja Edad Media) ven como salida la vuelta al campo, a la granja olvidada. “Al menos comeremos” -se dicen John y Mary. Pero no es fácil: no saben cultivar la tierra. Con un jornalero en paro construirán la alternativa: una cooperativa a la que se irán enganchando todo tipo de personajes, subproductos del crack. Véanla: es un linimento contra la desesperanza.Con variedad cromática, los hechos sociales conforman patrones. En las crisis re-surgen alternativas al mercado formal. A veces no atentan contra la institución, sino que la refuerzan: el intercambio de excedentes medidos por el valor-trabajo es la esencia del mercado prístino. Y como llegan, se van. Lo vemos en todos los ciclos económicos: los falansterios de Fourier, durante la primera crisis del XIX, no sobrevivieron al ciclo alcista del ferrocarril; las comunidades de Warren (creador del concepto de Bancos de Tiempo), durante la siguiente crisis, no sobrevivieron al ciclo alcista electro-químico, a finales del siglo.
Así, en medio del anterior cataclismo (1975-1982) campos y ciudades se llenaron de iniciativas inspiradas en el ideal, pero asentadas en el instinto materialista del náufrago: comunas, huertos periurbanos, mercados de interface entre campesinos y urbanitas, mercadillos urbanos, bancos de tiempo…. Pero volvió el crecimiento, y quienes creían estar siguiendo en “Bicicleta” a un “Viejo topo” que horadaba el sistema, comiendo “Alfalfa” al “Ajoblanco”, se fueron a “La luna de Madrid”: los cantautores se hicieron de la movida y de la SGAE, y los promotores de huertos y cooperativas acabaron de yuppies de grandes grupos alimentarios, asesores ministeriales o ingenieros de Siemens, pasando sin sonrojo de la infusión de menta en leche de cabra a la coca. Ocurrirá de nuevo. Pero como entonces algo quedará: sin los sueños de la crisis anterior, hoy no tendríamos energías renovables, software libre y redes P2P.Son raras estas iniciativas así en plena burbuja, pero surgen, pues nuestra especie tiene una maravillosa mutación que a veces se activa: el gen altruista. El único falansterio que sobrevivió no se creó en una crisis, sino que lo promovió un generoso empresario, Jean Baptiste André Godin, invirtiendo sus beneficios en un ciclo alcista. Sobrevivió un siglo, aunque no pudo enfrentar la penúltima crisis: en 1981 fue malvendido y hoy es una atracción turística.Es difícil distinguir qué es innovación social, y qué jarabe de mercachifle vendedor de filtros de amor y remedios para todo. ¿Es una alternativa mejor el intercambio calculado que la dádiva altruista?. ¿Es aceptable el intercambio de bienes y servicios, libres de esa cargas impositivas que sirven para ayudar a quienes no pueden enfrentarse a la crisis?. La sociedad que nos protege (aún) ante esas purgas cíclicas se basa en un delicado equilibrio entre mercado y estado, vida y muerte, pasión y razón, egoísmo y altruismo. Ojo con algunas alternativas, muy aparentes, que sólo lo son en apariencia: la dilución del Estado, como la de los azucarillos, empieza con una gota."
La versión recortada infausta:

"En “The Crowd” (1928) King Vidor mostró la multitud camino del sueño americano; pero también describió el cruel destino del átomo de esa muchedumbre que pierde el ritmo y queda al albur. En “El pan nuestro de cada día” (1934), la sociedad toda ha perdido el paso. Sus protagonistas, arrastrados por la depresión del ‘29, ven como salida la vuelta a la granja olvidada, como otros hoy, o en tantos otros ciclos desde Babilonia. “Al menos comeremos” -se dicen John y Mary, pero no saben cultivar la tierra. Con un jornalero en paro construirán la alternativa: una cooperativa a la que se irán enganchando diversos personajes, subproductos del crack. Véanla: es un linimento contra la desesperanza.Los hechos sociales conforman patrones. En las crisis re-surgen alternativas al mercado formal que en ocasiones lo refuerzan (el intercambio de excedentes medidos por el valor-trabajo es el mercado prístino) y como llegan, se van: los falansterios de Fourier, en la primera crisis del XIX, no sobrevivieron al ciclo alcista del ferrocarril; las comunidades de Warren (el de los Bancos de Tiempo), en la siguiente crisis, no sobrevivieron al ciclo alcista electro-químico. Aquí, en medio del anterior cataclismo (1973-1982) en campos y ciudades surgieron iniciativas inspiradas en el ideal, pero asentadas en el instinto materialista del náufrago: comunas, huertos periurbanos, mercados de interface entre campesinos y urbanitas, bancos de tiempo…. Pero volvió el crecimiento, y quienes creían seguir en “Bicicleta” a un “Viejo topo” que horadaba el sistema, comiendo “Alfalfa” al “Ajoblanco”, se fueron a “La luna de Madrid”: los cantautores se hicieron de la movida y la SGAE, y los promotores de huertos y cooperativas mutaron a yuppies de multinacionales o asesores ministeriales, pasando sin sonrojo de la infusión de menta en leche de cabra a la coca. Ocurrirá de nuevo. Pero como entonces algo quedará: sin los sueños de la crisis anterior, hoy no tendríamos energías renovables, software libre y redes P2P.Son raras esas iniciativas así en plena burbuja, pero surgen, pues nuestra especie tiene una maravillosa mutación que a veces se activa: el gen altruista. El único falansterio que sobrevivió no nació de la crisis, sino que lo promovió un generoso empresario, Jean Baptiste André Godin, invirtiendo sus beneficios. Sobrevivió un siglo, aunque no pudo enfrentar la penúltima crisis: en 1981 se malvendió y hoy es una atracción turística.Es difícil distinguir la innovación social del jarabe de mercachifle.¿Es una mejor el intercambio calculado que la dádiva altruista?. ¿Es aceptable intercambiar bienes y servicios sin las cargas impositivas con las que luego ayudamos a los más débiles?. La sociedad que nos protege (aún) ante las purgas cíclicas se basa en un delicado equilibrio entre mercado y estado, vida y muerte, pasión y razón, egoísmo y altruismo. Ojo con algunas alternativas, muy aparentes, que sólo lo son en apariencia: la dilución del Estado no es una alternativa."



2012/07/06

La crisis como sensación

Me ha gustado esta reflexión. Ciertamente, Hooper retrata la desnudez del desolation row que atraviesan las gentes sin futuro (y en algunos casos sin pasado, lo cual puede que sea peor) de la América en crisis.



Aunque, como en tantos otros asuntos, teníamos antecedentes en español, menos conocidos pero no menos impactantes. El desgarro aquí es naturalista, no metafísico. Pero es que Coca Cola aún no se había convertido en una marca popular, ni Henri Ford había sacado el T a la calle


Y mientras tanto se arregla la cosa, pues como siempre, "a ver los barcos vení". Ahí tenemos una versión española, y del Sur, del Desolation Row. Siempre actual.



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