Un tuit de esos de mi estándar de difusión: 6 horas después de ponerlo lleva 16.000 visualizaciones. Pero es algo muy simple, como casi todos mis tuits que alcanzan gran difusión.
Llega la ola larga de calor. Y no hay manera de que los alcaldes del Sur se enteren de que la mejor (y menor) inversión para sus pueblos y ciudades, la que más mejorará la calidad de vida de los vecinos (y les abaratará esa vida), son los árboles de sombra. A lo sumo entienden por árboles los chupachups de aligustre y en el summum de sensibilidad los naranjos amargos. Y ahora, cágate lorito con la que salen en Badajoz, olivos de 2 metros para avenidas de 30 metros de anchura.
Hay como un odio al árbol ancestral, propio de tiempos primitivos en los que era necesario estar apretados para defenderse de las amenazas exteriores.
Pon filas de fresnos o cinamomos y te recordarán durante un siglo. Altérnalos con jacarandas o similares y te amarán.
En los comentarios alguien alega el riesgo de tantos árboles para los incendios. Pero será alma de cántaro: los casos urbanos deben estar aislados del campo o bosque incendiable mediante un espacio libre de no menos de 50 metros, lo que por lo demás ya recogen, desde principios de siglo muchas de las regulaciones contra Incendios. Si es que en los 70 y los 80 avanzamos mucho en Urbanismo, pero de nuevo se está haciendo con los cuartos traseros.
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