Suecia ha decidido dejar de utilizar el término «islamofobia» en su discurso oficial, al considerarlo un concepto manipulado políticamente para cancelar y silenciar las críticas contra los componentes que desprecian los derechos humanos y especialmente los derechos de la mujer en la doctrina islámica. La ministra de Asuntos Exteriores, Maria Malmer Stenergard intenta presionar a la Unión Europea y a la ONU para que abandonen este concepto, argumentando que equipara erróneamente la crítica legítima a la que toda doctrina o ideología ha de estar sujeta, en una sociedad libre, con el racismo. Según el texto, la medida busca defender la libertad de debate sobre los textos islámicos fundamentales. Esto califica dicha postura como un acto de sentido común y autopreservación. Ello supone, ciertamente, un duro golpe al lobby islamista en Europa.
El gobierno propone sustituir el término «islamofobia» por expresiones más específicas que describan actos delictivos o discriminatorios concretos contra las personas, en lugar de conceptos que de forma genérica protegen a la religión de la crítica a la que todeas las religiones están sujetas en el mundo libre. Los términos propuestos por Stenergard son: «Racismo antimusulmán» y «Odio antimusulmán». El argumento es bastante simple en su obviedad: considera que la palabra «fobia» hace referencia a un temor individual e irracional. Al utilizar los nuevos términos, el debate institucional se centra de forma clara en la protección de los ciudadanos frente a la violencia o la discriminación estructural, sin impedir por ello la libre crítica o análisis de los textos y doctrinas de la religión islámica.
Pero las instituciones supranacionales, que son las que establecen la doctrina de valores cívicos, como quien oye llover. La Unión Europea sigue utilizando oficialmente el término «islamofobia». La Comisión cuenta incluso con estrategias específicas y nada menos que un Coordinador para la Lucha contra la Islamofobia, por lo que un cambio de terminología implicaría reestructurar normativas y marcos presupuestarios ya consolidados, osea, acabar con cargos muy bien remunerados. Stenergard llevó el debate a las reuniones del Consejo en Bruselas, pero las instituciones comunitarias evitan alterar su lenguaje oficial para (dicen) "no debilitar las herramientas de protección de minorías".
Lamentablemente sólo los partidos Conservadores y de Derecha (ECR, ID, PPE) han dado un apoyo rotundo a la propuesta, enarbolándola como una «victoria para la libertad de expresión», pues cuadra con su planteamiento de que el concepto tradicional ha sido instrumentalizado ideológicamente para captar fondos públicos europeos y censurar las críticas legítimas contra el islamismo político.
Lamentablemente los partidos progresistas y de Izquierda se oponen a la medida, siguen en Babia, acusando al gobierno de Estocolmo de asumir la agenda de la extrema derecha.
¿Te has parado a pensar por qué sólo en Occidente las "fobias" (calificando así capciosamente al desacuerdo con algún componente cultural particularista) pueden llegar a ser delito?.
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