Es curioso, porque si el heredero de la dinastía Jamenei declarase el fin de la dictadura islámica y convocase elecciones libres a un parlamento constituyente, para dedicarse a disfrutar de las inmensas riquezas acumuladas por su familia durante décadas de dictadura totalitaria robando al pueblo persa, nadie tendría argumentos para seguir una guerra que todos han empezado, sea de frente (Israel y EEUU) sea por detrás (Hezbola, Hamás, Hutus).
Y es curioso que nadie, y digo NADIE, de quienes pasean la pancarta del No a la guerra, ningún actor internacional, por más lastimero que se muestre por "los abusos" del Régimen, ha exigido el fin de la Republica Islámica.
Y es curioso que nadie, y digo NADIE, de quienes enarbolan el No a la guerra, lo habría enarbolado si los aliados en 1945, como se esperaba, hubiesen invadido España. Menos aún si hubiese sido la URSS la que, desde el Levante, hubiese iniciado esa invasión.
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