20170515

Un poco de Sociología Visual: el órgano, la función y el colegio público

En las últimas semanas he visitado algunos centros de Secundaria, en el marco de una de esas investigaciones sin financiación.

Como cada vez que me toca recorrer centros diversos, de nuevo me irrita comprobar las diferencias. Ese IES ubicado entre el barrio obrero y el barrio lumpen, que está hecho una mierda, en el que no se luce nada de lo que se haga (ni de lo que se invierte, ni de los esfuerzos de los profesores más dinámicos y concienzados), en el que para más inri (como para que introyecten cuál es su mejor destino posible, y hoy ni eso) todas las actividades las marca una sirena de fábrica, auténtica sirena de fábrica que se escucha a cientos de metros del Instituto. Muy cerca, sólo a unos cientos de metros, el concertado que, fruto de una fina planificación, la Iglesia montó hace unos años en la parte "noble" (menos pobre) del barrio, para dar una vía de salida a las familias con espíritu de logro (McClelland) que tenían que enfrentarse a un profesorado de los IES públicos desmotivado y funcionarizado en el peor sentido. Las familias de los alumnos también son mayoritariamente trabajadoras, los profesores ganan menos, las limpiadoras ganan menos, los bedeles ganan menos, pero está todo inmaculado, cada rincón pulcro, el ambiente es (casi) el mismo que puede respirarse en un privado de los de verdad (muchas familias llevan a sus hijos justamente por eso). La visita al IES de clase media también ofrece un ecosistema distinto: por lo pronto, no se les llama "a filas" con una sirena, sino con un sonido de campanita laica, o de estación del AVE. Está sucio también, pero la suciedad es otra, no son capas sobrepuestas de abandono, sólo es la suciedad, que es más desorden, de la habitación del niño.

Bueno, son sólo sensaciones... Pero me llama la atención (lo pienso ahora) el exceso (casi abuso) de análisis cuantis sobre resultados escolares y estratificación, sobre PISA's, indicadores..., mientras son prácticamente inexistentes los estudios sociológicos cualis, de naturaleza etnográfica, sobre los centros educativos y cómo influyen a (y son influidos por) sus públicos. No digo que no los haya (es lo que tiene intentar mantenerse como anaespecialista, que uno no está al tanto de todo en nada). Basta ojear las revistas de Sociología de la Educación, los abstracts a los congresos... Y fíjense, creo que esa sirena del IES para condenados a ser lo que ya son (marginados) marca más que muchos proyectos docentes, incluso puede que la tasa anual de incremento en becas. Es como esa foto que ayer tuiteaba promoviendo la bibicleta entre los más pequeños, tomada en una escuela en Reggio Emilia (en donde, más allá de que se innovase en Pegagogía hace unas décadas, la bicicleta es un componente básico de la ciudad).

En fin, reflexiones a vuelapluma, sólo para enmarcar esta fotografía. Tomada en uno de esos IES de sirena de fábrica. A ver, qué les sugiere...



Seguramente a los menos avispados les sugiera lo mismo que a nosotros en la primera ojeada: la basura acumulada en el armario. ¿Pero cómo la meten? (hay un hueco en la parte de arriba). Automáticamente nuestra mente traidora (el inconsciente es conservador, ahí está el Super Yo, ahí se doblegan y reconectan con imágenes y emociones viejas nuestras impresiones caóticas...) vincula ese rincón de basura con la clase social del alumnado. 

Pero ¿qué ocurre si uno no pasa de largo (si pasa de largo, esto es si está haciendo una visita al centro, puede que ni se fije), si por alguna razón tiene que esperar unos minutos en ese punto? Pues que se da cuenta de que no hay papeleras, ni se atisban en decenas de metros a la redonda. ¡Vaya! Cambia la cosa: ese box es aprovechado por los estudiantes como papelera, para no tirar la basura al suelo (que sería su impulso primario).

Pero si da tiempo (es lógico, uno no ha ido a hacer etnografía, sólo va a una reunión y va mal de tiempo) uno puede llegar a darse cuenta (bueno, no se da cuenta uno, se lo hace ver una) de un "pequeño" detalle: ese armario es una boca de riego. Debería haber una manguera para prevenir un incendio. Pero no la hay. Seguramente en un IES de barrio de clase media, o en un concertado, no faltaría. O sí, no importa. El caso es que aquí, falta.

Finalmente, ¿cuál es el dato que la imagen nos ofrece? Pues que unos alumnos a quienes se atribuye una carencia de habilidades respecto al orden, el decoro, la limpieza, esos valores, lo que han hecho ha sido dar una nueva función a un equipamiento infradotado. Ya que no funciona como boca de riego, y no nos ponen papeleras, usémoslo como papelera. 

Seguramente sea algo planificado, para potenciar su creatividad. No me atrevo a preguntarlo al profesorado.




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