Actualmente ese poder lo acumulan, con un absolutismo como nunca antes lo había ejercido ningún otro actor social, los biólogos. Ellos deciden qué es alóctono o autóctono, cual es una especie amenazada y cual invasora...
La diferencia es que, tradicionalmente, quienes ejercían dicho poder lo hacían en función de los intereses generales de la sociedad: para asegurar los pastos, o mejorar los bosques de los que obtener madera, o proteger la producción de alimentos (a menudo con errores, por supuesto: las exquisitas borrajas del Norte de España son consideradas malas hierbas en algunas zonas del Sur). Mientras que los biólogos lo ejercen no en función de los intereses generales de la sociedad, es decir de los seres humanos, sino en función de los intereses de una supuesta Naturaleza que ellos corporativamente deciden qué es, sin participación social.
Complicado lo tienen, por tanto, algunas especies para sobrevivir. Incluidos los humanos.
El caso del ailanto, uno de los árboles cuya visión más placer me causa (y mira que me causan placer los árboles, casi todos), es sin duda paradigmático de esta novedosa y extraña situación.
Es un árbol con una capacidad de supervivencia enorme, resiliente como pocas especies a todo tipo de traumas naturales. Es un árbol hermoso, monumental incluso cuando se le deja espacio a ejemplares aislados, que en su masa reúne una gama de verdes como pocos otras especies vegetales puedan acumular en un solo ejemplar (y al acercarse el otoño unos hermosos tonos anaranjados y tostados lo salpican), que produce una enorme cantidad de biomasa. Una madera no tan buena como la de pino, pero desde luego mucho mejor que la del eucaliptus. Y en su hábitat originario (y supongo que en otros de los muchos a los que se ha adaptado, en los cinco continentes) todo él es un árbol útil a los seres humanos y a otras especies. Así, su masa foliar es buena para la producción de papel, y se utilizaban también como colorante textil amarillo para la lana, y como alimento de los gusanos de seda. La medicina tradicional china utilizaba la corteza del tronco para luchar contra la disentería y otros trastornos intestinales, y las raíces para tratar el asma, la epilepsia y las palpitaciones cardíacas.
Como el cuello Mao y otras curiosidades orientales, parece que lo introdujeron en Europa los jesuítas, quienes enviaron semillas a algún jardinero inglés, desde donde se fue extendiendo por toda Europa, y a través de las colonias a América y África. En el siglo XVIII se intentaron repoblaciones masivas en España, pues se adapta a prácticamente cualquier suelo (creo que podría transformar los espacios más degradados de La Serena en unos pocos años, y extendiendo esa idea ando), e incluso a espacios sin capa vegetal (le encantan las ruinas y solares abandonados), pero se abandonó, porque obviamente lo que se buscaba entonces era una madera apta para hacer barcos y vigas para la construcción. Pero desde luego podría ser igual de productivo que cualquier otra especie de madera blanda para fabricar muebles tipo Ikea, con la diferencia respecto a otras auténticamente invasoras y depredadoras, como el eucaliptus, de que no acidifica el suelo, sino que crea suelo.
Pero los biólogos, sacrosantos sacerdotes de la diosa Gaia, han decidido que el ailanto es una de las más peligrosas plantas invasoras de España, y han conseguido que sea prohibido, perseguido, incluso perseguidos quienes lo poseen, como si fuese heroína, o un arma de destrucción masiva. Según el Catálogo Español de Especies Invasoras, aprobado por RD 1628/2011 de 14 de Noviembre, está prohibida tanto su introducción en el "medio natural" (hace falta ser indocumentado en Historia y Antropología para hablar de medio natural en la península ibérica), como incluso su posesión, transporte, tráfico o comercio. ¡Dios, qué miedo! Ya me veo escondiendo a mi ailanto bajo una lona, como los porreros hacen con sus marías, no me lo vaya a localizar el helicóptero del Seprona.
La consecuencia es que, quienes dicen dedicarse a la protección de la fauna y la flora, también se dedican a diseñar armas de destrucción masiva para atacar cruelmente a los ailantos, haciéndonos sufrir así también a quienes amamos a este árbol. Incluso quienes se lo tienen bien montado con esto del medio ambiente, supongo que con cuantiosas subvenciones públicas y RSE's privadas, dedican sus esfuerzos a socializar a los niños en el odio al ailanto, en lugar de en el amor genérico a los árboles. Especialmente al que llegó a alcanzar el mote de árbol de los dioses.
Poco se puede hacer frente al bulldozer del biologismo ecocentrista, salvo salpimentar la web del pensamiento con estos lamentos. Que ojalá fructifiquen con la misma facilidad que el ailanto. Porque sí, somos muchos quienes amamos a este árbol. Más de los que les parece a quienes sólo son, en realidad, el reverso de todos los excesos de la Revolución Verde: allá sólo se respetaban las especies productivas en términos económicos; acá se respetan únicamente aquellas que, según sus estancos parámetros (contradictorios con las propias leyes de la evolución y de la deriva vital), son calificadas como autóctonas (coñazo de nacionalismo, que sale por todos los pespuntes).
CODA:
Ay, mi pobre ailanto, a la vista de tantos comentarios, te auguro un mal futuro en este país cainita y bipolar: o rojos o azules, o encinas o ailantos. ¿Qué voy a decirte, ailanto...?
CODA 2: AVISO A NAVEGANTES
Los comentarios a esta entrada están cerrados hace tiempo. Por pereza, falta de tiempo para revisarlos todos, y porque este es un blog de Sociología, no de Botánica, ni siquiera de Ecología (de la de a secas, sin Humana).
Hago esta anotación porque de vez en cuando algunos seres (por supuesto siempre anónimos, de ahí lo de seres) dejan comentarios que o rozan el insulto, o lo traspasan, y como no los ven aparecer deben de creer qué sé yo qué. Los comentarios de los amantes de los ailantos o los dichosos equidistantes (que es lo que en realidad yo soy respecto al tema), que curiosamente no suelen ser anónimos, deben de considerarme por su parte un maleducado, por no incluir los suyos. Simplemente no aparece ya ninguno. Como dicen en los foros, hilo cerrado. Animo a los interesados a crear un foro sobre el tema, y que la gente se explaye en él debatiendo.

