Lo fue hace un siglo, y vuelve a serlo. Y es que empiezan resultando siempre atractivos sus discursos, algunos de sus diagnósticos.
Algún diagnóstico acertado. El problema es que su medicina, el rancio comunismo, inútil y genocida de sus propios pueblos, es peor que la enfermedad de la izquierda.
Lo más gracioso de todo es que esa señora, mientras existía la RDA y tenía que vivirla, la detestaba. ¿Y ahora sueña con aquel Régimen carcelario e ineficaz?
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