2012/08/21

Visita inesperada

Me encantan halcones y cernícalos. No sé por qué me emocionan sus evoluciones, siempre en solitario aunque en buena vecindad. Me gusta su aire esquivo, pero a la vez leal al territorio en donde vive.


Y ellos deben de saberlo, que puedo llevarme bien, porque uno acaba de presentarse en casa, herido, con un ala rota. No sé si mi corral era el mejor lugar para refugiarse, porque los gatos vecinos son un gran peligro para él. Entretanto localizo quién o qué se haga cargo, si es que no es capaz de irse después de reponer fuerzas con unas lonchas de jamón. Mientras le lanzaba trozos de jamón, que ha devorado con ganas, parloteaba en su lengua. Supongo que me explicaba qué le había ocurrido... Un mal aterrizaje, un choque con una rama... Porque yo no le he entendido, claro. Tenemos cosas en común, pero no tantas.

Bien. Entretanto se cura, o se lo llevan, disfrutaremos de la mutua compañía.

Addenda:

Le encanta el jamón. No es tonto el pajarico...



..... Y como vino, se fue. Sin avisar. Difícil lo tendrá con su ala demediada, pero supongo que lo ha preferido a sentirse transformada en gallina, esperando cada día la comida regalada.



2012/08/20

Somos unos rácanos

De aquí para allá doy con un estupendo blog de Sociología, por el que recomiendo pasarse de vez en cuando a perder el tiempo (porque nunca se pierde el tiempo cuando lo dedicamos a vagar por el hiperespacio). Algo así intenté construir hace una década, pero con gentes que no estaban tan dispuestas como los están los yanquis a esforzarse en dar a los demás. Porque lo de dar por aquí, en la red, exige esfuerzo, mucho. Tanto como dar en general.

Quizás por eso los Estados Unidos aparece justamente en el primer puesto del ranking mundial de generosidad de las gentes. En The Society Pages hacen un análisis del informe recientemente difundido sobre el asunto por la Charities Aid Foundation. Mientras que "nosotros", o al menos los españoles en general, aparecemos en el puesto 83. En toda Europa Occidental tan sólo Italia y Portugal quedan por detrás (bueno, Francia anda cerca, en el puesto 80). Y no, no se piense que es que los países latinos, como menos ricos, somos por eso menos generosos. Porque Tailandia aparece en el puesto 9, o Nigeria en el 13. La generosidad no necesariamente se vincula a la riqueza. No da más quien más tiene, sino quien más quiere dar. Es interesante el informe, sobre todo porque los resultados no parecen corresponderse, a primera vista al menos, con ninguna de las categorías estándares que pudiéramos considerar. Bueno, los latinos andamos fatal de generosidad; pero también lo están, curiosamente, casi todos los países que han pasado por el comunismo (incluyendo aquellos a quienes se les empuja en ese dirección, como Venezuela)




Si... Por supuesto que esto de los rankings hay que cogerlo con papel de fumar. Pero bueno... son indicadores.


2012/08/17

Mil años hace...

Unos días de vuelta al entorno que me nació

El azud del "riego de la Caña", en Mallén. Más de mil años refrescando las huertas, aunque desde hace cien años el agua que la Huecha, la tome prestada del Canal de Lodosa. La represa del azud era uno de mis lugares preferidos de baño. "El azú"... lo llamábamos, y poco más arriba estaba "el pocico el ormo", otro fresco remanso



Dos años estuve subiendo cada día del curso, entre los 13 y los 15 (de qué manera  hacíamos rabiar al conductor del autobús, desvencijado), y luego hasta los 18 de vez en cuando a fiestas, o en fines de semana, a Borja. Pero creo que nunca había entrado en la iglesia del convento de la Concepción, y sobre todo en la Iglesia de Santa María, iniciada también hace mil años.


Y a Veruela tengo que ir siempre que vengo. Ya he dejado dicho por aquí  de mis conexiones emocionales con ese espacio, que también va ya para los mil años. 


Y aún me acerco de nuevo, para ver a un Juan Perro que me gusta mucho más en directo que en disco, un directo que adapta magistralmente al entorno. Poco original la música (una permanente base de blues sureño), ininteligibles letras debido a la mala calidad de sonido, pero una gran profesionalidad, y una excelente compañía a la guitarra. Buen concierto, y luego agradable cena en Borja recordando andanzas de primera juventud con mi amigo Javier "el carabinero"... y al día siguiente panzada de coche (900 kilómetros en total, que cada vez me pesan más).




  Aunque en Borja parece que algunos de Mallén debemos andarnos con cuidado, a tenor de lo que, en 1841, le aconteció a un antepasado, según contaba José Diaz, en su "Historia, servicios notables, socorros, comentarios de la cartilla y reflexiones sobre el cuerpo de la Guardia Civil" (1858)




¿Pero qué demonios haría el crápula de D. Antonio en el teatro con ese dineral? Huele a que "subió" a vender la cosecha, y en vez de "bajarse" a Mallén con las perricas frescas, se quiso dar previamente unas alegrías. 

2012/08/11

A vueltas con el determinismo (y con Ortega)

El comentario de un colega a esta nota me ha sugerido algunos temas vinculados a la cuestión, que he desarrollado parcialmente en el comentario al comentario. Hilvanes, sólo hilvanes... Cabos sueltos


El caso me ha hecho pensar una vez más en el complejo determinista que sufre la buena parte de la Sociología, como si la Sociología no fuese pura dialéctica entre estructura y acción, desde el principio mismo. En realidad, como si la Sociología fuese otra cosa que la aprehensión de esa dialéctica.

Así, me ha venido a la mente una gran paradoja a desarrollar, cuando haya tiempo y ganas: y es que la ética protestante descansa en el determinismo estructural más determinista y más inamoviblemente estructural (nada menos que un Dios, eterno e inmutable), y sin embargo es la sociología de tradición cultural protestante (empezando por Weber, hijo de calvinistas) la que atribuye al actor la fuerza de la Historia, frente a los determinismos estructurales de Marx o Durkheim (judíos ambos), que curiosamente descansan culturalmente en el principio del libre albedrío (por más que para los judíos Dios "ya sabe" por anticipado qué va a hacer el individuo, en absoluto prescribe el curso de su acción) con el que Calvino rompe. Es como si cada tradición sociológica se hubiese empeñado en romper con sus respectivas tradiciones culturales, todo el mundo desde todas las orillas matando a su respectivo padre... 

Hemos hablado de protestantes y judíos. Porque lo más cercano a un clásico de la teoría sociológica que podemos tener entre los de tradición cultural "papista" sería Ortega y Gasset, que yo diría que es básicamente determinista estructural. Para él vida es pura fatalidad, en el sentido de que ni hemos decidido la situación histórica, sustrato cultural o país (o autonomía, uf) que nos toca vivir. Incluso nos enfrentamos a continuos procesos imprevistos (sinergéticos, diríamos hoy), pero aún así tenemos algún margen para el cálculo y la decisión, ciertas seguridades respecto de lo porvenir, siempre sobre el supuesto de que no podemos escoger el marco básico de nuestro mundo. Aunque, bien mirado, Ortega va más allá (y no es la primera vez que reivindico su papel, como el de Costa o Ganivet, corporativamente despreciados por las historias de la Sociología en España, y es muy curioso porque, más paradojas, la mayor parte de quienes hacen esas historias son quienes luego no defienden corporativamente la profesión en donde debieran hacerlo). Pues, al par, lo que algunos critican como toque aristocratizante de Ortega no es sino el reconocimiento de la significación del actor en la propia construcción/modificación de las estructuras determinantes. En suma, ahí tenemos de nuevo pensamiento en español del que podemos rastrear cómo silenciosamente se oculta tras teorías english.

¿Por qué digo que silenciosamiente? Que alguien encuentre una referencia bibliográfica de Ortega en Giddens, y me la muestre. Y sin embargo la teoría de la estructuración no es tal teoría, es una traducción al inglés, al último tercio del siglo XX y al metalenguaje sociológico de El tema de nuestro tiempo

Sí, seguro que Gidens no ha leido a Ortega. Pero se ha "criado" con Elias, quien aunque tampoco cita a Ortega, estoy absolutamente seguro de que sí lo había leido, pues antes de que saliese de Alemania, las primeras y fundamentales obras de Ortega se habían traducido al alemán (la que nos ocupa con varias ediciones). Hay en Elias (y lo he leido poco, y superficialmente) demasiadas coincidencias, por ejemplo sobre el papel que al deporte atribuye Ortega para la conformación del hombre masa. 

Pero es que Giddens de quien realmente bebe, a través de Elias, es de Schültz, de quien todos aquellos quienes sólo miran al lado del actor, beben (sí, aunque la Sociología es pura dialéctica entre estructura y acción, en nuestro primer siglo y medio de vida como disciplina lo que predominan son los tuertos (como con lo de cuali o la cuanti, también debate para tuertos, osea malos investigadores que o no saben leer, o no saben hacer cuentas), los tuertos que sólo beben en una orilla u en otra, como si no fuese el mismo río.  Pero Giddens, que viene de la PSicología Social, bebe muy especialmente en Schültz, el único que reconoce claramente su deuda con Ortega, al dialogar con su teoría (¿por qué demonios costará tanto citar en español en determinadas lenguas?; ¿será que leen poco y sólo en inglés... o catalán?).

 “La vida es la libertad en la fatalidad y la fatalidad en la libertad

"Nos encontramos como un poeta al que se da un pie forzado. Este forzado es la circunstancia"







2012/08/10

Esto no es un poema visual

Cuando el calor aprieta

Castuera, BA, agosto 2012


...es más fácil llevar los borregos al matadero

Entre la Serena y Barros, julio 2012

y las estructuras se fracturan

Castuera, BA, agosto 2012

... y lumpendemagogia


MITOS A GORRAZOS
(versión larga del artículo que, como siempre para esta tarde, me pidieron los de El Periódico, antes de conseguir los 2.900 caracteres, blancos incluidos, uff... qué tiempos aquéllos en los que podías ocupar una página entera con un artículo de opinión)


Decía Baudrillard (hasta los postmodernos serán un día clásicos) que el marco de la vida social, en las sociedades avanzadas, ya no es la producción, sino el consumo, que se instituye en el factor identitario y de agrupación social por excelencia. Incluso los votantes se reclaman cada vez en mayor medida simples consumidores, estafados por una falsa publicidad. Hace unos años, en el libro Botellón. Un conflicto postmoderno, aportábamos una prueba de cómo el consumo se constituye incluso en el espacio del conflicto social. Y el atraco a carrito armado a que acabamos de asistir es una confirmación más de que la teoría es acertada. Hace unas semanas las huestes de Gordillo retomaron el ritual de las ocupaciones de fincas, que un día les llevó, entre las selvas del empleo comunitario y las multas de la Guardia Civil, hasta el fértil lugar en que fundar su Macondo, pero nadie les hizo ni puñetero caso (“¿Pero no les regaló ya su finquita Leocadio Marín en el 92, para que no le jorobaran la Expo?” –dicen que decían algunos andaluces). Sin embargo, la ocupación de uno de los más deseados templos del consumo españoles no podía pasar desapercibida. España toda, y muy probablemente Europa, se pone en guardia: si ocupar una finca del ejército, que anda sin presupuesto y sin ganas de defender nada, es hoy un esperpento, ocupar la caja de un supermercado es, hoy, un auténtico sacrilegio.
Ni es el momento, ni hay espacio, para analizar a fondo qué hay detrás de ese producto, mediático como el subcomandante Marcos, como todos los seudorevolucionarios de la urbe global de menos de 70 años, que rige desde hace treinta los destinos de ese Macondo falsamente comunista, que sobrevive gracias a las transferencias de otras administraciones. Pero bajo el disfraz de palestino y el habla de jornalero se esconde un profesor (de una edad en la que la Universidad pertenecía a las clases altas y las familias de afectos al Régimen)  obsesionado por llamar la atención, como casi todos quienes proceden del PTE (¿qué factor los agregaría en su día?). Pero no habiendo espacio para tal análisis, no debe sin embargo obviarse.
Como no es el momento, ni hay espacio, para analizar a fondo qué hay detrás de esa construcción mediática no menos habilidosa, Mercadona, que ha conseguido hacer creer a crecientes capas de la sociedad española, identificadas con ese símbolo del éxito a bajo coste, que consumiendo los mismos productos bajo la marca Hacendado consumen más calidad, y pueden sentirse un pelín por encima de los demás.
Pero hay algo que los conecta, y es que son productos generacionales. Pudiéramos decir que hemos asistido a una pelea entre baby boomers, esa generación nacida entre mediados de los ’40 y mediados de los ’50 que creció marcada por el espíritu (más bien obsesión) de logro, por el ansia de poder, de triunfo, la experimentación, el individualismo, el liderazgo… Una pelea más en el recreo de la escuela de los años ’50, entre el líder de los chavales del barrio subsidiados por la leche americana y el chavalín aplicado que llega cada día con su buen bocadillo de mortadela (aquel lujo asiático).
Joan Roig, presidente de Mercadona, nacido en 1949, afirma que el éxito de su negocio se basa en aplicar la “ley natural” de la “Verdad Universal de la Reciprocidad”, que resume en tres verbos: “dar” (satisfacer a las personas) “pedir” (aquello que se necesita) y “exigir” (cuando no se cumplen los compromisos).
Juan Manuel Sánchez Gordillo, nacido en 1952, aplica otra ley natural, otra verdad universal, la del marxismo leninismo, que podría resumirse en los mismos tres verbos: dar (satisfacer las demandas de sus ciuidadanos), pedir (al consejero de turno) y exigir (amenazarle, si no se lo concede, con montarle una ocupación de la consejería o una huelga de hambre)
En realidad el líder de la pelea de recreo ni siquiera formaba parte de los chicos hambrientos. Sólo estaba resentido porque no había podido ligar con la hermana del finolis. Y ni siquiera fue él quien le tiró la piedra, sólo azuzó a otros para que lo hicieran. Como él mismo declaró horas más tarde, “no me pueden hacer nada, pues yo no pisé el supermercado (…) me dediqué a maniobras de distracción”. Mientras los otros daban la cara. 

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