2012/07/29
¿Nueva?... ¿De izquierda?...
La izquierda que no comparte, ni es izquierda ni es ná.... lo sabemos hace décadas; y especialmente lo sabemos desde que existe Internet. Pero la aristocracia gauchista del mundo mundial como que no se entera. Ella a sus conspiraciones de salón... sin perder un duro, oiga. Que al fin y al cabo, el de las ideas es un mercado más, ¿verdad?
2012/07/24
Alternativas aparentes
Como siempre para dentro un rato, con un viaje y mil asuntos de por medio tengo que juntar en 3.000 caracteres, espacios incluidos, una reflexión para El Periódico (lamentablemente para la sección de pago a la que se van abocando todos los periódicos, supongo que como estrategia de supervivencia), sobre las formas "alternativas" de relación comercial que surgen, como tremendas novedades, al pairo de la crisis. Ya me ocupé de pasada del tema, que veía venir, hace va para cuatro años. Ojeo por ahí y descubro que ya hay quien vive de vender la idea; de una otra forma, siempre ha pasado, aunque quizás en los '70 la cosa no era tan descarada. Además, entonces las ideas incluso eran realmente novedosas.
Como siempre, aquí pongo la versión inicial, junto a la definitiva. Esta vez con más salsa, pues por las cosas de la telemática transfronteriza, no llegó a tiempo el ajuste a los 3.000, y Eva Peruga, de guardia en la tarde del sábado en la redacción, tuvo que meter la tijera, como se puede comprobar con mejor tino que yo mismo (y es que no hay como recortarse a sí mismo, que sudores). Así como ejercicio literario aquí van los tres: la versión original; la que reducción que yo hice pero no llegó a tiempo; y el artículo como salió publicado, en la imagen (pulsar para verla en su tamaño).
La versión 1.0
Como siempre, aquí pongo la versión inicial, junto a la definitiva. Esta vez con más salsa, pues por las cosas de la telemática transfronteriza, no llegó a tiempo el ajuste a los 3.000, y Eva Peruga, de guardia en la tarde del sábado en la redacción, tuvo que meter la tijera, como se puede comprobar con mejor tino que yo mismo (y es que no hay como recortarse a sí mismo, que sudores). Así como ejercicio literario aquí van los tres: la versión original; la que reducción que yo hice pero no llegó a tiempo; y el artículo como salió publicado, en la imagen (pulsar para verla en su tamaño).
La versión 1.0
"En “The Crowd” (1928) King Vidor mostró a las multitudes caminando seguras, mientras no pierdan el paso, hacia el sueño americano; y con un fuerte sesgo sociológico describió el cruel destino del átomo de esa muchedumbre que pierde el ritmo y queda al albur, cual hoja al viento. En “El pan nuestro de cada día” (1934), la sociedad toda ha perdido el paso. Retoma a los mismos protagonistas, arrastrados por la depresión del ‘29, y como otros hoy (o sin ir más lejos en tiempos del “Decamerón”, en plena crisis de la Baja Edad Media) ven como salida la vuelta al campo, a la granja olvidada. “Al menos comeremos” -se dicen John y Mary. Pero no es fácil: no saben cultivar la tierra. Con un jornalero en paro construirán la alternativa: una cooperativa a la que se irán enganchando todo tipo de personajes, subproductos del crack. Véanla: es un linimento contra la desesperanza.Con variedad cromática, los hechos sociales conforman patrones. En las crisis re-surgen alternativas al mercado formal. A veces no atentan contra la institución, sino que la refuerzan: el intercambio de excedentes medidos por el valor-trabajo es la esencia del mercado prístino. Y como llegan, se van. Lo vemos en todos los ciclos económicos: los falansterios de Fourier, durante la primera crisis del XIX, no sobrevivieron al ciclo alcista del ferrocarril; las comunidades de Warren (creador del concepto de Bancos de Tiempo), durante la siguiente crisis, no sobrevivieron al ciclo alcista electro-químico, a finales del siglo.
Así, en medio del anterior cataclismo (1975-1982) campos y ciudades se llenaron de iniciativas inspiradas en el ideal, pero asentadas en el instinto materialista del náufrago: comunas, huertos periurbanos, mercados de interface entre campesinos y urbanitas, mercadillos urbanos, bancos de tiempo…. Pero volvió el crecimiento, y quienes creían estar siguiendo en “Bicicleta” a un “Viejo topo” que horadaba el sistema, comiendo “Alfalfa” al “Ajoblanco”, se fueron a “La luna de Madrid”: los cantautores se hicieron de la movida y de la SGAE, y los promotores de huertos y cooperativas acabaron de yuppies de grandes grupos alimentarios, asesores ministeriales o ingenieros de Siemens, pasando sin sonrojo de la infusión de menta en leche de cabra a la coca. Ocurrirá de nuevo. Pero como entonces algo quedará: sin los sueños de la crisis anterior, hoy no tendríamos energías renovables, software libre y redes P2P.Son raras estas iniciativas así en plena burbuja, pero surgen, pues nuestra especie tiene una maravillosa mutación que a veces se activa: el gen altruista. El único falansterio que sobrevivió no se creó en una crisis, sino que lo promovió un generoso empresario, Jean Baptiste André Godin, invirtiendo sus beneficios en un ciclo alcista. Sobrevivió un siglo, aunque no pudo enfrentar la penúltima crisis: en 1981 fue malvendido y hoy es una atracción turística.Es difícil distinguir qué es innovación social, y qué jarabe de mercachifle vendedor de filtros de amor y remedios para todo. ¿Es una alternativa mejor el intercambio calculado que la dádiva altruista?. ¿Es aceptable el intercambio de bienes y servicios, libres de esa cargas impositivas que sirven para ayudar a quienes no pueden enfrentarse a la crisis?. La sociedad que nos protege (aún) ante esas purgas cíclicas se basa en un delicado equilibrio entre mercado y estado, vida y muerte, pasión y razón, egoísmo y altruismo. Ojo con algunas alternativas, muy aparentes, que sólo lo son en apariencia: la dilución del Estado, como la de los azucarillos, empieza con una gota."
La versión recortada infausta:
"En “The Crowd” (1928) King Vidor mostró la multitud camino del sueño americano; pero también describió el cruel destino del átomo de esa muchedumbre que pierde el ritmo y queda al albur. En “El pan nuestro de cada día” (1934), la sociedad toda ha perdido el paso. Sus protagonistas, arrastrados por la depresión del ‘29, ven como salida la vuelta a la granja olvidada, como otros hoy, o en tantos otros ciclos desde Babilonia. “Al menos comeremos” -se dicen John y Mary, pero no saben cultivar la tierra. Con un jornalero en paro construirán la alternativa: una cooperativa a la que se irán enganchando diversos personajes, subproductos del crack. Véanla: es un linimento contra la desesperanza.Los hechos sociales conforman patrones. En las crisis re-surgen alternativas al mercado formal que en ocasiones lo refuerzan (el intercambio de excedentes medidos por el valor-trabajo es el mercado prístino) y como llegan, se van: los falansterios de Fourier, en la primera crisis del XIX, no sobrevivieron al ciclo alcista del ferrocarril; las comunidades de Warren (el de los Bancos de Tiempo), en la siguiente crisis, no sobrevivieron al ciclo alcista electro-químico. Aquí, en medio del anterior cataclismo (1973-1982) en campos y ciudades surgieron iniciativas inspiradas en el ideal, pero asentadas en el instinto materialista del náufrago: comunas, huertos periurbanos, mercados de interface entre campesinos y urbanitas, bancos de tiempo…. Pero volvió el crecimiento, y quienes creían seguir en “Bicicleta” a un “Viejo topo” que horadaba el sistema, comiendo “Alfalfa” al “Ajoblanco”, se fueron a “La luna de Madrid”: los cantautores se hicieron de la movida y la SGAE, y los promotores de huertos y cooperativas mutaron a yuppies de multinacionales o asesores ministeriales, pasando sin sonrojo de la infusión de menta en leche de cabra a la coca. Ocurrirá de nuevo. Pero como entonces algo quedará: sin los sueños de la crisis anterior, hoy no tendríamos energías renovables, software libre y redes P2P.Son raras esas iniciativas así en plena burbuja, pero surgen, pues nuestra especie tiene una maravillosa mutación que a veces se activa: el gen altruista. El único falansterio que sobrevivió no nació de la crisis, sino que lo promovió un generoso empresario, Jean Baptiste André Godin, invirtiendo sus beneficios. Sobrevivió un siglo, aunque no pudo enfrentar la penúltima crisis: en 1981 se malvendió y hoy es una atracción turística.Es difícil distinguir la innovación social del jarabe de mercachifle.¿Es una mejor el intercambio calculado que la dádiva altruista?. ¿Es aceptable intercambiar bienes y servicios sin las cargas impositivas con las que luego ayudamos a los más débiles?. La sociedad que nos protege (aún) ante las purgas cíclicas se basa en un delicado equilibrio entre mercado y estado, vida y muerte, pasión y razón, egoísmo y altruismo. Ojo con algunas alternativas, muy aparentes, que sólo lo son en apariencia: la dilución del Estado no es una alternativa."
2012/07/23
¿Dónde paran los fantasmas?
La reflexión surge, casi siempre, de la molicie trabajada. Osea: cuando pierdes el tiempo haciendo cosas que aparentemente no sirven para nada (o no generan ningún beneficio cuantificable en términos mercantilistas). Y perdiendo el tiempo buscando un nombre que me suena, me salen otros, que me llevan a otros y otros... Y no sé cómo doy en esta noticia. Nada de particular. Una más de las que nos han mareado en los últimos años, y que dicho sea de paso han costado una pasta gansa que ahora estamos intentando pagar con nuestras extras y recortes varios. Una vulgar vieja noticia que me hace preguntarme:
¿Pero alguien se ha parado a pensar el pastón que a la Unión Europea, al Estado español, a las 17 autonomías, a tropecientos grandes y medianos (a veces incluso pequeños) Ayuntamientos, les han costado la pandilla de listos y listillos que en los años de la abundancia prestada nos han mareado con tonterías y pajas mentales inventadas entre amiguetes en noche de colocón, con términos cuando no naïf, ridículos, pero siempre colgadas de cuatro palabras totémicas bien manejadas para pasto de directores generales que disparan con pólvora del rey: innovación, emprendedor, e-economía, imaginación?
¿Pero alguien se ha parado a pensar el pastón que a la Unión Europea, al Estado español, a las 17 autonomías, a tropecientos grandes y medianos (a veces incluso pequeños) Ayuntamientos, les han costado la pandilla de listos y listillos que en los años de la abundancia prestada nos han mareado con tonterías y pajas mentales inventadas entre amiguetes en noche de colocón, con términos cuando no naïf, ridículos, pero siempre colgadas de cuatro palabras totémicas bien manejadas para pasto de directores generales que disparan con pólvora del rey: innovación, emprendedor, e-economía, imaginación?
2012/07/09
Ilustrando la urbe global
Pepe López Rey, que conoce bien mi tesis de la urbe global porque se tuvo que leer el libro, me envía esta que sería casi perfecta ilustración para la portada de una segunda edición, corregida y aumentada, y que además debería esta vez estar traducida. Digo casi perfecta porque resume, unifica la idea de que todas las ciudades, hoy, son una, pero ahí no está incluida una zona esencial, que ocupa la mayor parte del territorio: el jardín de la urbe global. En cualquier caso, curioso.
Un hermoso cuento, o lo que sea
...porque más bien parece una parábola socioambiental. El caso es que me lo envía Pepe desde Coruña, y me ha parecido precioso. Me recuerda a una de gallegos, el sublime De Profundis que ya he comentado alguna vez por aquí. Se la pondré a los colegas de SOCMAYS en el encuentro de septiembre.
2012/07/06
La crisis como sensación
Me ha gustado esta reflexión. Ciertamente, Hooper retrata la desnudez del desolation row que atraviesan las gentes sin futuro (y en algunos casos sin pasado, lo cual puede que sea peor) de la América en crisis.
Aunque, como en tantos otros asuntos, teníamos antecedentes en español, menos conocidos pero no menos impactantes. El desgarro aquí es naturalista, no metafísico. Pero es que Coca Cola aún no se había convertido en una marca popular, ni Henri Ford había sacado el T a la calle
Y mientras tanto se arregla la cosa, pues como siempre, "a ver los barcos vení". Ahí tenemos una versión española, y del Sur, del Desolation Row. Siempre actual.
Aunque, como en tantos otros asuntos, teníamos antecedentes en español, menos conocidos pero no menos impactantes. El desgarro aquí es naturalista, no metafísico. Pero es que Coca Cola aún no se había convertido en una marca popular, ni Henri Ford había sacado el T a la calle
Y mientras tanto se arregla la cosa, pues como siempre, "a ver los barcos vení". Ahí tenemos una versión española, y del Sur, del Desolation Row. Siempre actual.
2012/07/05
Campo, rural... vaya lío
Me envía una colega un link a la entrevista que en El País hacen a Saskia Sassen, con ocasión de la presentación de su libro, supongo que en el marco de la participación en algún curso de verano. Me remiten el link con este comentario: "Urbes, ciudades y mesópolis, el retorno a lo rural, fíjate"...
No sigo a Sassen (aunque admiro su esfuerzo en un campo tan machista como es de la Sociología), como no sigo a Castells (aunque envidio su tesón), como no sigo a Giddens (aunque me fascina, que no admire, su capacidad para nadar entre dos aguas). De Sassen me atrajo hace unos años el título de su mediático libro "La Ciudad Global" (1991), en parte esperando encontrar una apoyatura de autoridad para mi propia construcción teórica, en parte parcialmente frustrado por ver ya "pillado", en apariencia, el concepto de urbe global. Pero me resultó frustrante como apoyatura (además de poco generoso para con John Friedmann, cuyo modelo ha sido inspiración para casi todos quienes hemos intentado hacer lecturas holistas y transdisciplinarias de lo urbano, y por tanto también para la Sassen), y descubrí que mi idea no estaba "cogida". Aunque Sassen utiliza el término ciudad global en singular, como título de su libro, lo hace así porque se refiere a ciudades singulares, ciudades globales en el sentido en que ocupan una posición jerárquica dominante en el sistema global de asentamientos, y sobre todo en el entramado financiero internacional, mientras que mi concepto de urbe global hace referencia a la propia globalización de lo urbano, a la idea de que la ciudad ya es una. El corolario de su modelo, en realidad idéntico al de Castells -no importa quién lo utilizase antes y con qué denominación- es que las nuevas dinámicas y conformaciones espaciales y económicas de la ciudad conducen a más centralización, a más jerarquización (lo que implica la pervivencia de la preponderancia de lo que ocurre, y surge en, los espacios centrales, verbigracia la producción sociológica). El corolario de mi modelo de ciudad red conduce justamente a lo contrario. Creo que ahora andan descubriendo algo de eso, y tiene su mérito porque no creo que hayan leído mis trabajos, pues nuestra lengua valdrá para 500 millones, pero, hoy por hoy, sigue sin valer para lo realmente importante (y lo otro, osea hacerlo en otras lenguas, requiere mucho esfuerzo en tareas muy poco creativas, la verdad; sé que compensa, pero me puede la molicie).
Del nuevo libro leí hace tiempo lo que parece ser el sustrato fundamental en un artículo, o conferencia transcrita, o ponencia, y la verdad es que después de marearme un poco en el desarrollo, no veía mucha sustancia de interés en las (escasas) conclusiones. Y el prefacio a la edición en español del libro propiamente dicho, que los de Katz amablemente permiten leer, va en esa línea. No sé si a los economistas les dirá más, a mí no me dice nada que no me hayan dicho muchos economistas en mil discursos dispersos desde que empezó la crisis.
Pero sin embargo la entrevista propiamente dicha (que es el objeto de este comentario) sí que me llama la atención en algunas cuestiones, como mi colega me hacía notar. Así, en el curso de la entrevista se dice lo siguiente:
"P. Ello supondría dejar atrás la ciudad, algo inconcebible para muchos.Y me suena tan naïf.... ¿Cómo alguien que ha entendido tan bien el funcionamiento del corazón de las grandes ciudades-mundo, no ha llegado al modelo de la urbe global, por una parte, y por otra parte, puede conocer tan mal la Historia de las relaciones campo-ciudad?. La "huida al campo" es un fenómeno profundamente urbanita, que no tiene nada que ver con "dejar atrás la ciudad", sino con llevarla al campo, y que es recurrente en momentos de crisis económica y/o social. Tan viejo, tan viejo, que Bocaccio ambienta en una de tantas huidas al campo su Decamerón. Sin ir más lejos, en la anterior gran crisis (que no fue la del 29, sino la desencadenada tras la crisis de la energía del 73), ya nos confundió, como la noche a Dinio, esa idea a muchos. El campo salvó los muebles, como ahora, a unos pocos, ciertamente. Eso ayudó, como ahora, a una cierta revitalización de determinadas comarcas. Pero eso es un proceso físico-social, una ley de la sociabilidad, eterna como la de la gravedad, como las leyes que soñaba encontrar Comte. Y es un proceso muy limitado, que no salva los muebles de "la ruralidad". Porque la ruralidad es otra cosa, un complejo cultural extinto como modo de vida, aunque funcional como factor identitario y reclamo turístico. Ya me he ocupado del tema por aquí alguna que otra vez.
R. La ciudad significa tener muchas posibilidades, pero hay que saber reaccionar. Hay que plantarle cara a la situación y si es necesario dejar atrás la ciudad habrá que hacerlo. En el País Vasco cada vez son más quienes están tomando la decisión de hacerlo y es una magnífica idea. No creo que haya que desplazar las ciudades pero si ver donde pueden existir opciones de progreso."
Aunque no tengo tiempo ahora de hacer un análisis más pormenorizado (a ver si alguien se anima) de la evolución padronal de los últimos años por tamaños de municipio, me he molestado en hacer una consulta rápida en el INE (que sigue sin resolver algo tan tonto como la dirección de las tablas con datos históricos, que obligan a hacer complejas operaciones luego en la hoja de cálculo para lograr gráficos sensatos), y se observa algo curioso, que confirma esa tendencia pero a la vez confirma también su escasa significación. He contrastado la evolución de la población total por provincias, con la de las capitales de provincia, tomadas en conjunto. Resulta que vemos que, en conjunto, la población de las capitales de provincia está creciendo menos que el conjunto (por supuesto que fuera de las capitales de provincia hay otras grandes ciudades). ¿Una ratificación de ese "dejar atrás la ciudad"?. Bueno... a ver qué dicen esos análisis pormenorizados por tamaños de municipio. Pero por lo pronto, algo que no cuadra. Pues resulta que desde que empezó la crisis el diferencial en la tasa de crecimiento de los "resto de la provincia" se ha reducido ostensiblemente. ¿Es decir, diría uno que justamente con la crisis la gente está volviendo a las grandes ciudades?. No sé, insisto en que hay que hacer análisis más detallados por tamaños.
| Var. 2006-2011 | Var. 1996-2006 | |
| Variación de la población | 105,55 | 112,70 |
| Variación de la población de las capitales de provincia | 102,53 | 107,64 |
| Diferencial | 3,02 | 5,06 |
(Fuente: Elaboración propia y precipitada, con datos del INE)
Osease... Que de eso de dejar atrás la ciudad, habas contadas, además de que no es tan fácil como a veces parece. Y como en la anterior crisis entonces, la salvación de los urbanitas sigue estando, también, en la ciudad.
(ADVERTENCIA: Supongo que, como en el índice de la revista a la que pertenece el artículo, que se reproduce en honor a la misma, aparece un artículo tan pornográfico como "Una conversación con Ravi Shankar: Hacer el amor con una raga", en Scridb le han añadido una portadita de acceso al artículo, con una terrorífica advertencia de que te diriges a un contenido sólo para adultos. Yo creo que El Viejo Topo de los 70 y primeros 80 era más bien para adolescentes ingenuos, pero bueno... Son los automatismos de la cloud)
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