(Vale la pena maximizar, aunque pierde bastante resolución)
2011/07/08
Una de hostias contra el calidadismo y demás ideologías falsarias de la excelencia
Con brevedad, soltura y puntería se despacha la autora en este artículo
Educación, Rubalcaba y CEOE ( El Periódico Extremadura - 08/07/2011 )
Educación, Rubalcaba y CEOE ( El Periódico Extremadura - 08/07/2011 )
2011/07/07
Ambivalencia
Esto tan sutil es un cactus (o sea, una chumbera). Si te acercas mucho te destroza. Pero si puedes mantener la distancia justa, sólo es un bello producto más de la interacción entre Naturaleza y Sociedad.
Tribunales
Ayer tuve un día (bueno, una mañana) de tribunales. Completito. Tribunales de toda clase y condición. Y en todos ellos aprendí algo, que puede ser interesante compartir. No... Yo no era el juzgado en ninguno de ellos...
A las 9 de la mañana acudía a la apertura de un juicio de faltas como testigo. Un producto de la llegada a la universidad de la oleada de infantilismo que los fustigadores políticos atribuyen a la Logse, pero que sólo es producto de la evolución social, de la extensión de la placenta social. Debo declarar que he visto (y tanto que los ví, el muy engreido lo tenía en abierto para mostrar sus hazañas urbi et orbi) en el perfil de Facebook del acusado los montajes que ha hecho, y los subsiguientes comentarios, contra una profesora que sólo pretendía ser amable con el alumnado. Es el típico chuleta que supera sus traumas infantiles con musculitos y machismo, y que se ha pasado tres pueblos con la profesora, calumiándola, injuriándola y amenazándola. Lo más preocupante de hacia dónde vamos es que sus opciones profesionales eran o el magisterio (ufff..., pobres niños) o la policía (ufffffff...., pobres ciudadanos). Espero que la decisión del juez le corte esas dos vías. Y aprendo que todo quisque, por evidente y probada que esté su falta, la niega siempre. Ya había aprendido antes cómo hay profesoras que prefieren sufrir en silencio las agresiones explícitas o implícitas de sus alumnos, sencillamente porque es lo más cómodo. Ya pasará el curso, y lo perderán de vista. Mientras que hay otras que asumen la responsabilidad (y la incomodidad, y el estrés, y el temor incluso) de pararles los pies para que no sigan haciendo lo mismo a otras mujeres. Y aprendo, finalmente, que la Universidad (la mía al menos, claro) no tiene mecanismo alguno para enfrentarse disciplinariamente a esos comportamientos; es más, algunas de sus autoridades (encima, mujeres) se niegan a que la Universidad se persone a defender a su profesorado (afortunadamente otras no lo ven así, gracias a eso el mundo avanza, claro). Un asunto sucio y desagradable del que sin embargo he aprendido mucho. También que los jueces trabajan con información insuficiente, porque como la justicia funciona como la Seguridad Social, sencillamente no hay tiempo...
A las 11:30 llegaba, con la lengua fuera, al tribunal de evaluación de los trabajos del máster de investigación de mi facultad, que ya andaba a mitad. Un alumno quiso que le tutorizase su trabajo, sobre cultura financiera y estafas idem, y aunque ha sido complicadísimo porque es de derecho y no tenía ni idea de conceptos sociológicos, ni mucho menos de técnicas (de verdad... ¿cómo pueden tener la desfachatez, tantos abogados, filósofos, economistas, ingenieros, matemáticos y tal y tal y tal de colarse en la universidad como profesores de Sociología? ¿cómo no se les cae la cara de vergüenza día tras día?... cuando me enfrento a esas graves, y naturales, carencias de los profanos, pienso ineludiblemente en esa otra dimensión del tema). El caso es que para un trabajo de curso que se hace en tres meses, y que consecuentemente no puede tener ni siquiera el nivel aproximado de los trabajos de investigación de los antiguos doctorados, se monta un tribunal como si se tratase de una tesis. Y claro, societatis est, a algunos/as los subes a una mesa de tribunal y se lo creen, se olvidan de su propio origen y no veas. Eso ya lo sabía, claro; pero aprendí también a qué tipo de personas hay que evitar poner en un tribunal. En cuanto al tutorizado, que ha trabajado como un enano y ha construido un documento de calidad (de más calidad que alguna tesis doctoral que yo he leído), consiguió sus créditos, no sin un exceso innecesario de rapapolvos...
Y uf... sin poder ni siquiera tomarme un café con él, lo dejo con la palabra en la boca quejándose de lo que ha entendido como algunos ataques injustos y excesivos, porque a las 12:30 tengo que estar en otra facultad, para participar en el tribunal que un alumno ha solicitado para revisar la evaluación que le ha hecho un compañero de mi área. Una evaluación injusta, ciertamente... porque lo había evaluado muy por encima. Un examen impresentable, no entiendo cómo alguien así se atreve a reclamar, pero lo entiendo (y aprendo, claro) en el tribunal, cuando los expertos en las redes sociales y familiares locales intentan dilucidar si el chico es sobrino del alto cargo que ha estado presionando psicológicamente al profesor y su entorno, o de su mujer (porque ¿aún es más temible?). Qué país...
¡Vaya día! ¡Cuánto conocimiento acumulado!
Afortunadamente, por la tarde me pude oxigenar un poco de tanta contaminación social y moral, y buscando casa encontré un rincón muy placentero
A las 9 de la mañana acudía a la apertura de un juicio de faltas como testigo. Un producto de la llegada a la universidad de la oleada de infantilismo que los fustigadores políticos atribuyen a la Logse, pero que sólo es producto de la evolución social, de la extensión de la placenta social. Debo declarar que he visto (y tanto que los ví, el muy engreido lo tenía en abierto para mostrar sus hazañas urbi et orbi) en el perfil de Facebook del acusado los montajes que ha hecho, y los subsiguientes comentarios, contra una profesora que sólo pretendía ser amable con el alumnado. Es el típico chuleta que supera sus traumas infantiles con musculitos y machismo, y que se ha pasado tres pueblos con la profesora, calumiándola, injuriándola y amenazándola. Lo más preocupante de hacia dónde vamos es que sus opciones profesionales eran o el magisterio (ufff..., pobres niños) o la policía (ufffffff...., pobres ciudadanos). Espero que la decisión del juez le corte esas dos vías. Y aprendo que todo quisque, por evidente y probada que esté su falta, la niega siempre. Ya había aprendido antes cómo hay profesoras que prefieren sufrir en silencio las agresiones explícitas o implícitas de sus alumnos, sencillamente porque es lo más cómodo. Ya pasará el curso, y lo perderán de vista. Mientras que hay otras que asumen la responsabilidad (y la incomodidad, y el estrés, y el temor incluso) de pararles los pies para que no sigan haciendo lo mismo a otras mujeres. Y aprendo, finalmente, que la Universidad (la mía al menos, claro) no tiene mecanismo alguno para enfrentarse disciplinariamente a esos comportamientos; es más, algunas de sus autoridades (encima, mujeres) se niegan a que la Universidad se persone a defender a su profesorado (afortunadamente otras no lo ven así, gracias a eso el mundo avanza, claro). Un asunto sucio y desagradable del que sin embargo he aprendido mucho. También que los jueces trabajan con información insuficiente, porque como la justicia funciona como la Seguridad Social, sencillamente no hay tiempo...
A las 11:30 llegaba, con la lengua fuera, al tribunal de evaluación de los trabajos del máster de investigación de mi facultad, que ya andaba a mitad. Un alumno quiso que le tutorizase su trabajo, sobre cultura financiera y estafas idem, y aunque ha sido complicadísimo porque es de derecho y no tenía ni idea de conceptos sociológicos, ni mucho menos de técnicas (de verdad... ¿cómo pueden tener la desfachatez, tantos abogados, filósofos, economistas, ingenieros, matemáticos y tal y tal y tal de colarse en la universidad como profesores de Sociología? ¿cómo no se les cae la cara de vergüenza día tras día?... cuando me enfrento a esas graves, y naturales, carencias de los profanos, pienso ineludiblemente en esa otra dimensión del tema). El caso es que para un trabajo de curso que se hace en tres meses, y que consecuentemente no puede tener ni siquiera el nivel aproximado de los trabajos de investigación de los antiguos doctorados, se monta un tribunal como si se tratase de una tesis. Y claro, societatis est, a algunos/as los subes a una mesa de tribunal y se lo creen, se olvidan de su propio origen y no veas. Eso ya lo sabía, claro; pero aprendí también a qué tipo de personas hay que evitar poner en un tribunal. En cuanto al tutorizado, que ha trabajado como un enano y ha construido un documento de calidad (de más calidad que alguna tesis doctoral que yo he leído), consiguió sus créditos, no sin un exceso innecesario de rapapolvos...
Y uf... sin poder ni siquiera tomarme un café con él, lo dejo con la palabra en la boca quejándose de lo que ha entendido como algunos ataques injustos y excesivos, porque a las 12:30 tengo que estar en otra facultad, para participar en el tribunal que un alumno ha solicitado para revisar la evaluación que le ha hecho un compañero de mi área. Una evaluación injusta, ciertamente... porque lo había evaluado muy por encima. Un examen impresentable, no entiendo cómo alguien así se atreve a reclamar, pero lo entiendo (y aprendo, claro) en el tribunal, cuando los expertos en las redes sociales y familiares locales intentan dilucidar si el chico es sobrino del alto cargo que ha estado presionando psicológicamente al profesor y su entorno, o de su mujer (porque ¿aún es más temible?). Qué país...
¡Vaya día! ¡Cuánto conocimiento acumulado!
Afortunadamente, por la tarde me pude oxigenar un poco de tanta contaminación social y moral, y buscando casa encontré un rincón muy placentero
2011/07/04
Ultima reflexión post-electoral: la abstención, los ignavos
Andaba yo leyendo sobre la acedía, ese fascinante pecado mortal en el que los moralistas cristianos incluyen a churras y merinas, no sin razón: pues la melancolía, el aburrimiento del alma, l'ennui, tan propio de jóvenes artistas y gentes sensibles en general, es un grave corrosivo de la moral cristiana. Andaba yo leyendo interesantes y amenos pasajes sobre el tema, cuando Dante me ha dado la clave de por qué me caen a mí tan mal los abstencionistas, desde aquellos tiempos del "no te metas en política" o el "yo no soy ni de izquierdas ni de derechas". Esos ángeles que ni se atrevieron a seguir a Lucifer, ni a defender a su Dios...ni a proclamar un camino alternativo al paraíso. Los ignavos.
"...las almas tristes de aquellos
que vivieron sin alabanza y sin infamia.
Mezcladas están al odioso coro
De los ángeles que ni rebeldes fueron
Ni a Dios fieles, sino para sí solos.
Los cielos los rechazan por no mancharse,
y el infierno profundo los evita,
pues de estos reinos alguna gloria cobrarían.
...Estos no tienen esperanza de morir
y su ciega vida es tan baja,
que envidian toda otra suerte.
El mundo no conserva su memoria;
La misericordia y la justicia los desprecia:
No pensemos en ellos, sólo mira y pasa"
(Dante, Divina Comedia, El Infierno, III)Addenda
Si lo quieres leer (o pensar) con banda sonora, con los herederos de Silvio y Pablo (aunque como a los agricultores, a los artistas, especialmente cuando controlan las redes del poder, les cuesta mucho soltar las riendas del huerto).
Por si alguien (como a mí) le gustan más en general las versiones de estudio que las del directo, aquí está la versión original...
2011/07/01
Cualquier tiempo pasado...
Me parece muy bueno el chiste con el que han ilustrado la reproducción de un artículo mío sobre el botellón. A veces los chistes gráficos son auténticos ensayos teóricos.
Y como aventuraba...
.... "El tiempo juega a favor del sistema. En quince días la mayoría estará planificando el próximo festival transcultural y altermundista, en algún lejano lugar al que viajarán en medios poco sostenibles, financiados por el 95% que Zapatero dejó a sus padres. Pero si siguen subiendo las temperaturas y los mencheviques no actúan, puede ocurrir de todo, porque cuando los dioses quieren volvernos locos atienden nuestras súplicas. Ojalá que, ya que no han fecundado a Maia, los dioses no les concedan sus sueños: puede que fuesen nuestras peores pesadillas (y las suyas)"
.
De pronto se han dado cuenta de que se habían convertido en zombis, y que no iban a tener tiempo de engatusar a sus madres para sacarse el viaje al dichoso festival. Y con la ristra de suspensos en el bolsillo, los más ingenuos se han dispuesto a dejar la plaza como la encontraron. A ver si cuando llegan a su casa son igual de indignados con el sistema (el sistema de la dimisión parental que otorga todo tipo de derechos sin deberes) y les da por ayudar en las tareas con la misma disposición que han demostrado en la calle. Y a ver si les da por estudiar en verano lo que no han estudiado en junio. Porque si no, como ya ocurrió hace treinta y tantos, y cuarentaytantos años, los que no se manchan las manos los dejarán atrás y ocuparán mañana todos los puestos de responsabilidad mientras ellos, los ingenuos, los zombis buenos, se quedan por el camino. Esa es una ley de la naturaleza social.
En suma: que se han dado cuenta de que se estaban convirtiendo en zombis, y han reaccionado. No es lo de menos. Y como también apuntaba, el sistema político español ha tomado nota; naturalmente, de lo que podía tomar nota: esto es, de lo que no sale del sistema.
Naturalmente a los de a la vejez viruelas (ese fenotipo especialmente abundante en las grandes metrópolis, de San Francisco a Paris pasando por Madrid o Barcelona, y sobre todo en sus universidades, que responde a un mismo esquema: tras toda una vida de stablishment comme il faut para no perder ni una, atendiendo a sus exámenes y cátedras mientras otros se manifiestan, descubren la rebeldía juvenil), a esos les guste ahora decir que si el mundo no sigue a los indignados a pies juntillas, las cosas irán a peor. Normalmente -claro- lo dicen desde una poltrona. En fin, mejor miraremos hacia otro lado: no hacia esos viejos aprovechados, sino hacia esos jóvenes a quienes, como establece esa otra ley de la naturaleza social, la de la placenta social, debemos cuidar y formar (que no mimar) hasta los treintaytantos.
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De pronto se han dado cuenta de que se habían convertido en zombis, y que no iban a tener tiempo de engatusar a sus madres para sacarse el viaje al dichoso festival. Y con la ristra de suspensos en el bolsillo, los más ingenuos se han dispuesto a dejar la plaza como la encontraron. A ver si cuando llegan a su casa son igual de indignados con el sistema (el sistema de la dimisión parental que otorga todo tipo de derechos sin deberes) y les da por ayudar en las tareas con la misma disposición que han demostrado en la calle. Y a ver si les da por estudiar en verano lo que no han estudiado en junio. Porque si no, como ya ocurrió hace treinta y tantos, y cuarentaytantos años, los que no se manchan las manos los dejarán atrás y ocuparán mañana todos los puestos de responsabilidad mientras ellos, los ingenuos, los zombis buenos, se quedan por el camino. Esa es una ley de la naturaleza social.
En suma: que se han dado cuenta de que se estaban convirtiendo en zombis, y han reaccionado. No es lo de menos. Y como también apuntaba, el sistema político español ha tomado nota; naturalmente, de lo que podía tomar nota: esto es, de lo que no sale del sistema.
Naturalmente a los de a la vejez viruelas (ese fenotipo especialmente abundante en las grandes metrópolis, de San Francisco a Paris pasando por Madrid o Barcelona, y sobre todo en sus universidades, que responde a un mismo esquema: tras toda una vida de stablishment comme il faut para no perder ni una, atendiendo a sus exámenes y cátedras mientras otros se manifiestan, descubren la rebeldía juvenil), a esos les guste ahora decir que si el mundo no sigue a los indignados a pies juntillas, las cosas irán a peor. Normalmente -claro- lo dicen desde una poltrona. En fin, mejor miraremos hacia otro lado: no hacia esos viejos aprovechados, sino hacia esos jóvenes a quienes, como establece esa otra ley de la naturaleza social, la de la placenta social, debemos cuidar y formar (que no mimar) hasta los treintaytantos.
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