Pues eso... Del
al
"después de algunos meses de trabajo, ya están disponibles en nuestra página web los archivos de los capítulos de los diecisiete informes publicados. Están en formato PDF y se pueden descargar gratuitamente. Hemos elaborado un índice analítico de los temas abordados y se ha implementado una aplicación que permite realizar búsquedas avanzadas. Creemos que es la mejor manera de facilitar que el informe pueda cumplir su verdadero fin: promover el debate público riguroso sobre los verdaderos problemas y núcleos de interés de la sociedad española. Además, estamos terminando de diseñar la versión digital del informe, una página web donde irán apareciendo los temas que se aborden cada año, así como blogs y debates sobre esos mismos temas. Quisiéramos que esa versión digital fuera un ámbito de participación y colaboración más estrecha con toda nuestra red de colaboradores y amigos, que sois el auténtico capital de nuestro informe".
"La pastoral de los condenados a muerte es uno de los aspectos más negros de la actitud de la Iglesia española ante la represión de la guerra y la primera posguerra. En un libro publicado en 1942 por el capellán de la Cárcel Modelo de Barcelona se lee:
Sólo al condenado a muerte, en lo que humanamente cabe, le es posible saber la hora fijada en que ha de comparecer ante aquel juez, cuyo juicio, supremo, decisivo e inapelable, es lo único que puede para toda una eternidad interesarle. ¿Cuándo moriré?, ¡oh, si lo supiera!, repiten a diario las voces íntimas de millones y millones de conciencias. Pues bien: el único hombre que tiene la incomparable fortuna de poder contestar a esa pregunta es el condenado a muerte. “Moriré a las cinco de esta misma mañana”. ¿Puede darse una gracia mayor para un alma que haya andado en su vida apartada de Dios?
Me estremecía el cinismo de este capellán de prisiones, hasta que supe que estas palabras, y el libro entero, no eran obra suya, sino que, como ha demostrado Vicent Comes, son de un preso condenado a muerte: Luis Lucia y Lucia. La familia de Lucia ha conservado su correspondencia con el sacerdote, que le urgía a terminar el libro porque lo quería presentar como mérito para su ascenso en el cuerpo de capellanes de prisiones, y que en efecto le valió para ser elevado a la jefatura del mismo"