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2016/11/28

¿Quien hace la ley hace la trampa?

Llegan (gracias a los sindicatos, no a nuestras "empresas") los criterios de evaluación de eso que llaman la calidad (ya saben: cuanto más se exalta, más se necesita de la etiqueta antes que del contenido) de nuestro trabajo como profesores e investigadores.
No entro a valorarla, pues mi opinión sobre el fondo (falsario), la forma (tramposa) y la mecánica (articulada por redes y colegios invisibles) está más que escrita. Con su pan (aunque sea el nuestro) se lo coman, porque además eso va a peor, entre quien entre en los gobiernos, pues unos quieren desmontar la universidad pública, y los otros controlarla con sus amiguetes y feudos. Ahora simplemente me resulta interesante un aspecto sociológico del asunto.
Igual no tiene nada que ver. Pero las leyes, las normas, los reglamentos, ¿quienes los escriben finalmente?: los juristas, en su cargo político o político-administrativo. Bien, pues compárese lo que piden para una evaluación positiva en por ejemplo Sociología (por supuesto, ninguno de quienes van a hacer esa evaluación, o quienes la han propuesto, han conseguido sus cuatro sexenios, ni de muyyyyy lejos, con artículos en revistas JCR del primer, ni segundo, ni tercer, ni cuarto cuartil, pero eso es ya viejo y como decía, sin remedio), y en Derecho.

EN SOCIOLOGÍA

"3. Entre las aportaciones se valorarán preferentemente:
a) Los artículos publicados en revistas de reconocida valía, aceptándose como tales
las incluidas en los listados por ámbitos científicos del «Journal Citation Reports (Social
Sciences Edition)» y «Journal Citation Reports (Science Edition)» de la «Web of Science».
b) Asimismo (sin que necesariamente se valoren por igual), los artículos publicados
en revistas situadas en posiciones relevantes de los listados de Scimago Journal Rank
(SJR), y en «Arts and Humanities Citation Index» de la «Web of Science».
c) Se podrán valorar también, pero nunca del mismo modo, revistas cuya inclusión
en bases de datos especializadas constituya, a juicio del Comité asesor, un claro indicio de
calidad. En todo caso, la mera indización o indexación de una publicación en una base de
datos sin que incluya índices de gradación no es en sí misma un indicio de calidad.
d) Las revistas electrónicas estarán sujetas a los mismos criterios que las demás.
e) Libros y capítulos de libro, especialmente los publicados en editoriales de
reconocido prestigio y con un procedimiento selectivo para la aceptación de originales
(según sistemas recogidos en el Scholarly Publishers Indicators), y que se sitúen en su
primer cuartil para las editoriales españolas o en el primero y el segundo para las
extranjeras. Se tendrán en cuenta también el número y carácter de las citas recibidas, las
reseñas y críticas en revistas especializadas, la colección y la traducción a otras lenguas.
En todo caso, el contenido de las aportaciones publicadas en este formato deberá
corresponder claramente a resultados de investigación"


EN DERECHO

 "3. En la valoración de los trabajos se atenderá al medio de difusión empleado,
aceptándose como indicio de calidad la publicación en revistas y editoriales de reconocido
prestigio.
Respecto a libros se considerarán especialmente los publicados en editoriales de
reconocido prestigio y con un procedimiento selectivo para la aceptación de originales
(según sistemas recogidos en el Scholarly Publishers Indicators) Se tendrán en cuenta
también el número y carácter de las citas recibidas, las reseñas y críticas en revistas
especializadas, la colección, la traducción a otras lenguas, etc. Deberán reflejar claramente
que son fruto de la investigación o de la reflexión documentada."

Pues ya lo ven. En Derecho lo que vale son "revistas y editoriales de reconocido prestigio". Osea todas, o ninguna. Según para quién.

Por supuesto que en Sociología también está la trampa del 3c que servirá para conceder la evaluación al amiguete. Pero vamos, la diferencia es brutal.

Y por supuesto, seguimos con el principal mecanismo mafioso: la ocultación de los resultados de la evaluación. Pues sigue sin estar prevista la publicación dela lista y méritos de quienes han sido benedecidos por el dedo de nuestros grandes sociólogos plenos de publicaciones JCR del primer cuartil. ¿Saben quiénes, no? Sí, ninguno está en esa categoría. Pero seguro que sí saben quienes evaluarán. A unos y a otros (hay que tener contentos a todos los bandos) ya los están llamando para la próxima conferencia en el centro, con cargo a los restos del presupuesto del departamento, para tenerlo contento. 




2013/10/07

Más efectos indeseados de la caliditis academicae boloniensis

Es de risa. ¿A quién no le ha tocado participar en una comisión de contratación y ver cómo se utiliza, o utilizar, según para quién o contra quién, eso de "Sí, sí, pero.... CHAN CHAN CHAN!!!... ¿tiene ISBN?". Y ya no digamos con las revistas... ¿tiene ISSN?... sí, luego llega lo otro ¿tiene factor de impacto? (osea, ¿está autoreferenciada por el oligopolio Thomson-Elsevier-&-Cia?). Y es que es tan verdad eso de que si quieres destruir un componente de calidad, construye un indicador para medirlo....

Vale, me extendía sobre eso en la anterior entrada, y en otras, así que no me extiendo. Sólo que mírense los hartos que están, en las agencias que gestionan en España el ISBN y el ISSN. Tan hartos, que han tenido que generar documentos públicos, llamadas de atención (o de socorro, diríase más bien), referidas, textualmente, a Evaluaciones académicas que entorpecen el trabajo de la Agencia del ISBN, y del mismo modo, en la Agencia del ISSN se lamentan de que "La mayoría de las convocatorias de las agencias de evaluación académicas exigen el ISSN en las publicaciones aportadas. Esta exigencia supone un problema para el Centro Nacional del ISSN". Ambas proclaman una y otra vez que la posesión de ISBN, o ISSN, no es en absoluto indicador alguno de calidad, ni nada que se le parezca.

¿Verdad que da risa? ¿O pena? Pero sobre todo... ¿Alguien cree que esa evidencia va a modificar en un ápice los malos hábitos de los manipuladores de la calidad?

Que la realidad no te estropee un indicador. O como decía aquel, que la realidad no te estropee un buen titular. Y así decía el otro, que la caída de los mercados no te estropee un buen modelo econométrico.

2013/10/04

Algo más que una contradicción

Me llega este correo


Interesante título, me digo. Analizan fenómenos de solidaridad, a través de la compra colectiva de alimentos, en una Roma tan maltratada por la crisis como cualquier ciudad española. Le echaré un vistazo. Journal of Rural Studies... se dedican a temas de rurales, que ya sólo quedan, propiamente dichos, en los países pobres. Así que será una revista publicada en abierto, para que tengan acceso los pobres rurales del mundo mundial.

¡Joder! ¡Debe de ser para rurales europeos y norteamericanos subsidiados! Porque me voy a la revista y de abierta ni leches. ¿Saben lo que cuesta el articulito de marras, sobre la solidaridad y esas cosas?  ¡45 dólares! ¡Un artículo! ¡Me da igual si fuese la revista entera! (no, no incluyo el enlace, no les voy a hacer publicidad gratuita).  ¡Como no van a estar arruinadas nuestras universidades, si todas están enganchadas a la droga de las revistas de Thomson, Elsevier, Pearson y la madre que las parió!

Y pienso de pronto en cómo, durante los últimos diez años, estas empresas han estado financiando supuestas investigaciones independientes sobre el impacto de las publicaciones científicas, sobre indicadores de calidad, subsidiando seudocongresos (a alguno me he referido en este blog), seguramente untando de formas indirectas a cientos de vicerrectores y rectores en todo el mundo, a secretarios de Estado de Universidades, a la biblia en verso. ¿Hasta qué punto todo el rollo montado en los últimos años en torno a la calidad, sus indicadores, sus factores de impacto, y lógicamente las vías para conseguirlo, casualmente a través de las publicaciones de estas tres o cuatro empresas, probablemente incluso Bolonia en buena parte de sus presupuestos, no es sino una inmensa suflé montada por sus agentes comerciales? ¿Saben a cuántos creadores de opinión y constructores sociales de la realidad emplea solamente Thomson & Reuters? Sólo como periodistas a 2.400.

Es difícil encontrar trabajos que pongan de manifiesto esta que personalmente considero enorme estafa global, gracias a la cual unas pocas editoriales se están convirtiendo en las grandes señoras del multimedia, y por tanto a corto plazo en las controladoras no sólo de la ciencia admitida, sino asimismo de la opinión pública global. Pero hay alguno que sugiere hacia dónde van las cosas, como este trabajo de Aleixandre-Benavent. Y hay datos que nos indican por dónde van los tiros. Ahí están, sin ir más lejos, ocupando el ranking de las mayores editoriales.

¿Cosa de la ciencia? Que te crees tú eso. Standars and Pool, la más conocida de las calificadoras de riesgo, la madre de todas las burbujas de la última crisis, pertenece a otra de esas empresas Mc Graw Hill. Van ocupando todo espacio que intenta surgir con cierta independencia; acaban con todo sistema alternativo de referencias, para que haya que caer en sus autoreferenciadas revistas.

Y como, tras el desastre de la última crisis financiera, causada en buena parte por las falaces calificadoras y generadores de datos sobre la calidad de las cosas, las empresas, las gentes, las ideas, buscan nuevos caminos, también acuciadas por la Justicia nortemaricana (que esa sí persigue a los monopolios y los abusos de las empresas, no como la nuestra) miedo da en qué nos meterán ahora en nuestras Universidades. Porque su negocio tiene que seguir creciendo, y por supuesto a costa del nuestro, y desde luego también a base de trampas.

Y así acabamos (todos, porque a todos nos meten en el aro; algunos llegamos a denunciarlo, pero aún así terminamos jugando el juego de esa enorme estafa), como los (supongo que ansiosos investigadores buscando acreditaciones como locos para consolidar algo, lo que sea) de ese artículo: escribiendo sobre acciones solidarias en una revista que está haciendo un negocio abusivo con eso.







2011/09/25

Calidad, esa nueva falacia...

...es una cantinela permanente que tenemos en la boca quienes observamos críticamente, desde dentro, lo que viene ocurriendo con la Universidad (vamos a dejar de añadir lo de "española", porque en eso estamos ya plenamente igualados: es una tendencia global). A medida que se profundiza en el discurso de la calidad, que se crean más y más organismos (personas, sueldos, méritos acumulables, gastos corrientes) y que se implantan más y más protocolos e indicadores... la calidad desciende. No hace falta mediciones: lo sabemos, porque somos quienes impartimos y evaluamos, rebajando cada vez más los contenidos (para poder adaptarlos a los calendaios y protocolos) y rebajando las exigencias (porque si apruebas a menos del 80% se te considera un caso patológico, hay universidades en las que directamente te envían al analista). Yo llevo años proponiendo en mi Facultad que hagamos un PISA para nuestros egresados, o dejemos de decir y hacer tonterías, pues no hay ninguna, absolutamente ninguna prueba empírica de que todo este montaje, en algún lugar, haya incrementado la calidad de la enseñanza. Hasta que no llegó PISA no hemos abierto los ojos al desastre de la LOGSE.  En otro de esos cada vez más numerosos blogs de profesores obsesionados con nuestro ombligo (un efecto más de la lógica del conocimiento moderno: la especialización, pero también del eterno ensimismamiento del profesorado universitario), este particularmente agudo, recogen un montaje de video genial, que resume la primera parte (o sea, la causa) de la creciente pérdida de calidad:





Pero mi intención no era hablar de la Universidad, sino de las grandes multinacionales de la High Tech  que supuestamente habrían inspirado a las listas (porque ellas son el mejor brazo armado de la Ola, por su capacidad de disciplina y sufrimiento, y por tener que demostrar que son más profesionales incluso que lo necesario...o sea que en el fondo la causa última hay que buscarla también en el machismo, en los eternos caciques) y listos (los jefes, porque arriba del todo siguen estando ellos... que no es lo mismo que nosotros) que nos han enmerdado en el calidadismo. Pero vayamos al caso...

Tengo un smartphone de esos estupendos de la muerte que son la envidia de los ifonistas porque hace todo lo que creían que haría el Iphone pero que no hace, aunque los pantallazos pasen más suaves (sí, es cierto: he visto a menudo, sobre todo en aeropuertos, a muchos ifoneros pasando el rato pasando y pasando páginas que no leen, sólo por el gusto que da verlas pasar bajo el dedo; describir la sensación me acerca a descripciones sexuales que quedan fuera de mi registro subcultural). En realidad para los perseguidores de tendencias ya está obsoleto, pues tiene año y pico; incluso está empezando a quedarse obsoleto su sucesor, el Galaxy S II.

Sí, un ordenador pequeñito, que dicen los cursis, porque no termina de ser cierto. A eso se acercaba más el Windows Mobile. Su sistema operativo es  Android, mucho más fácil, mucho más ligero, mucho más vistoso, pero más lejano a un auténtico ordenador (claro: los Iphone ya ni digamos). Los Android tienen (casi) lo mejor y (no todo) lo peor de las versiones móviles de ambos mundos (Mac y Windows).

Jo, qué introducciones me largo, cuánta disgresión... Así cómo voy a ser catedrático, en la vida (afortunadamente para mí, no me lo planteo). A lo que iba....

Resulta que Samsung cuida a sus usuarios, y publica en plazos razonables actualizaciones... y así llegó el penúltimo sistema operativo (el 2.3.4, o Gingernoséqué). La verdad es que no noté apenas cambios respecto al anterior, salvo estéticos (y ni para bien, ni para mal). Pero enseguida empecé a notar un consumo excesivo de batería, y sobre todo un sobrecalentamiento del aparato. Y claro... A los foros se ha dicho. Porque son los usuarios, y no los departamentos de marketing, ni los de diseño, ni los de calidad, quienes terminan resolviendo los problemas tecnológicos de los cacharros, sino los usuarios, que los comparten felices en foros.

El caso es que los foros están llenos de llantinas con el sobrecalentamiento del Galaxy, que en la mayoría de los casos la gente asume como propio de la máquina, un defecto con el que que hay que vivir, porque van al servicio técnico y nada... y así.... Hay que buscar, y buscar.... Hay que penetrar en la web profunda, mucho más allá de las primeras páginas que ofrece Google, para llegar a encontrar la solución a muchos de los problemas técnicos (como ocurre con los problemas sociales). Y ahí, en lo profundo, encuentro un comentario perdido en la nada, en un foro perdido en el cosmos digital: un usuario que cuenta cómo se ha entretenido en ir probando a quitar programa tras programa y comprobar el resultado. Y tras probar a desacticvar uno de los programas propios que Samsung añade al sistema operativo, como por arte de magia el teléfono comenzó a enfriarse, y a consumir menos batería.

Parecía resuelto el tema, pero entonces surge otro, digno también de comentarse. Resulta que el desarrollo del Linux debe su empuje al odio visceral (y por tanto irracional) de muchos frikis a Microsoft, y su bandera identitaria ha sido su condición de software abierto. Pues resulta que Google coge Linux, le hace unas adaptaciones y genera su versión para móviles (y ahora también para pequeños portátiles), el Android. Pues bien... resulta que los fabricantes cogen ese núcleo abierto..., lo empaquetan bien cerrado con sus propios añadidos, y lo entregan a los usuarios. Lo que significa que los usuarios no pueden modificar las entretelas del sistema operativo... salvo que revientes el sistema, que hackees tu propio aparato. A eso se le llama hacer root (entrar en las entretelas del sistema, romper las protecciones). De otra forma no se puede desactivar el dichoso programita.

El problema lo causa un programita que anda por ahí escondido, que en la vida se me habría ocurrido activarlo porque paso de las redes sociales de amiguetes que se cuentan los pedos que se tiran y los engreidos que creen que interesa a alguien si les ha gustado la última de Almodóvar, o que ya han llegado a Paris. Se llama Social Hub, y Samsung dice que es la leche. Pues bien, resulta que ese programita, como está en un teléfono de gama alta y que se supone que quien lo tiene disfruta de tarifa plana de Internet (lo que no se paran a pensar es que son falsas tarifas planas, que en cuanto te has bajado unos cuantos correos reduce su capacidad a los tiempos de los primeros modem de 56K), pues se la pasa intentando conectando continuamente a todas esas pesadísimas redes sociales, y se supone que te unifica todas las tonterías en un único buzón. ¿Consecuencia? El acceso 3G a tope, la tarjeta SIM prácticamente ardiendo, y una batería que debería durar entre 1 y 3 días, según el uso, dura cuatro horas. Y yo en vez de dedicarme a terminar el libro del grupo de Sociología y Medio Ambiente, o a preparar la conferencia de Mexicali, un par de días liado como un friki con la aparatología. Pues eso... Tiempo perdido en resolver ese problema, que no han resuelto los departamentos de calidad, sino los usuarios en la dinámica diaria.

Ay, calidad... ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre...!

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