Es de risa. ¿A quién no le ha tocado participar en una comisión de contratación y ver cómo se utiliza, o utilizar, según para quién o contra quién, eso de "Sí, sí, pero.... CHAN CHAN CHAN!!!... ¿tiene ISBN?". Y ya no digamos con las revistas... ¿tiene ISSN?... sí, luego llega lo otro ¿tiene factor de impacto? (osea, ¿está autoreferenciada por el oligopolio Thomson-Elsevier-&-Cia?). Y es que es tan verdad eso de que si quieres destruir un componente de calidad, construye un indicador para medirlo....
Vale, me extendía sobre eso en la anterior entrada, y en otras, así que no me extiendo. Sólo que mírense los hartos que están, en las agencias que gestionan en España el ISBN y el ISSN. Tan hartos, que han tenido que generar documentos públicos, llamadas de atención (o de socorro, diríase más bien), referidas, textualmente, a Evaluaciones académicas que entorpecen el trabajo de la Agencia del ISBN, y del mismo modo, en la Agencia del ISSN se lamentan de que "La mayoría de las convocatorias de las agencias de evaluación académicas exigen el ISSN en las publicaciones aportadas. Esta exigencia supone un problema para el Centro Nacional del ISSN". Ambas proclaman una y otra vez que la posesión de ISBN, o ISSN, no es en absoluto indicador alguno de calidad, ni nada que se le parezca.
¿Verdad que da risa? ¿O pena? Pero sobre todo... ¿Alguien cree que esa evidencia va a modificar en un ápice los malos hábitos de los manipuladores de la calidad?
Que la realidad no te estropee un indicador. O como decía aquel, que la realidad no te estropee un buen titular. Y así decía el otro, que la caída de los mercados no te estropee un buen modelo econométrico.
2013/10/07
2013/10/04
Algo más que una contradicción
Me llega este correo
Interesante título, me digo. Analizan fenómenos de solidaridad, a través de la compra colectiva de alimentos, en una Roma tan maltratada por la crisis como cualquier ciudad española. Le echaré un vistazo. Journal of Rural Studies... se dedican a temas de rurales, que ya sólo quedan, propiamente dichos, en los países pobres. Así que será una revista publicada en abierto, para que tengan acceso los pobres rurales del mundo mundial.
¡Joder! ¡Debe de ser para rurales europeos y norteamericanos subsidiados! Porque me voy a la revista y de abierta ni leches. ¿Saben lo que cuesta el articulito de marras, sobre la solidaridad y esas cosas? ¡45 dólares! ¡Un artículo! ¡Me da igual si fuese la revista entera! (no, no incluyo el enlace, no les voy a hacer publicidad gratuita). ¡Como no van a estar arruinadas nuestras universidades, si todas están enganchadas a la droga de las revistas de Thomson, Elsevier, Pearson y la madre que las parió!
Y pienso de pronto en cómo, durante los últimos diez años, estas empresas han estado financiando supuestas investigaciones independientes sobre el impacto de las publicaciones científicas, sobre indicadores de calidad, subsidiando seudocongresos (a alguno me he referido en este blog), seguramente untando de formas indirectas a cientos de vicerrectores y rectores en todo el mundo, a secretarios de Estado de Universidades, a la biblia en verso. ¿Hasta qué punto todo el rollo montado en los últimos años en torno a la calidad, sus indicadores, sus factores de impacto, y lógicamente las vías para conseguirlo, casualmente a través de las publicaciones de estas tres o cuatro empresas, probablemente incluso Bolonia en buena parte de sus presupuestos, no es sino una inmensa suflé montada por sus agentes comerciales? ¿Saben a cuántos creadores de opinión y constructores sociales de la realidad emplea solamente Thomson & Reuters? Sólo como periodistas a 2.400.
Es difícil encontrar trabajos que pongan de manifiesto esta que personalmente considero enorme estafa global, gracias a la cual unas pocas editoriales se están convirtiendo en las grandes señoras del multimedia, y por tanto a corto plazo en las controladoras no sólo de la ciencia admitida, sino asimismo de la opinión pública global. Pero hay alguno que sugiere hacia dónde van las cosas, como este trabajo de Aleixandre-Benavent. Y hay datos que nos indican por dónde van los tiros. Ahí están, sin ir más lejos, ocupando el ranking de las mayores editoriales.
¿Cosa de la ciencia? Que te crees tú eso. Standars and Pool, la más conocida de las calificadoras de riesgo, la madre de todas las burbujas de la última crisis, pertenece a otra de esas empresas Mc Graw Hill. Van ocupando todo espacio que intenta surgir con cierta independencia; acaban con todo sistema alternativo de referencias, para que haya que caer en sus autoreferenciadas revistas.
Y como, tras el desastre de la última crisis financiera, causada en buena parte por las falaces calificadoras y generadores de datos sobre la calidad de las cosas, las empresas, las gentes, las ideas, buscan nuevos caminos, también acuciadas por la Justicia nortemaricana (que esa sí persigue a los monopolios y los abusos de las empresas, no como la nuestra) miedo da en qué nos meterán ahora en nuestras Universidades. Porque su negocio tiene que seguir creciendo, y por supuesto a costa del nuestro, y desde luego también a base de trampas.
Y así acabamos (todos, porque a todos nos meten en el aro; algunos llegamos a denunciarlo, pero aún así terminamos jugando el juego de esa enorme estafa), como los (supongo que ansiosos investigadores buscando acreditaciones como locos para consolidar algo, lo que sea) de ese artículo: escribiendo sobre acciones solidarias en una revista que está haciendo un negocio abusivo con eso.
Interesante título, me digo. Analizan fenómenos de solidaridad, a través de la compra colectiva de alimentos, en una Roma tan maltratada por la crisis como cualquier ciudad española. Le echaré un vistazo. Journal of Rural Studies... se dedican a temas de rurales, que ya sólo quedan, propiamente dichos, en los países pobres. Así que será una revista publicada en abierto, para que tengan acceso los pobres rurales del mundo mundial.
¡Joder! ¡Debe de ser para rurales europeos y norteamericanos subsidiados! Porque me voy a la revista y de abierta ni leches. ¿Saben lo que cuesta el articulito de marras, sobre la solidaridad y esas cosas? ¡45 dólares! ¡Un artículo! ¡Me da igual si fuese la revista entera! (no, no incluyo el enlace, no les voy a hacer publicidad gratuita). ¡Como no van a estar arruinadas nuestras universidades, si todas están enganchadas a la droga de las revistas de Thomson, Elsevier, Pearson y la madre que las parió!
Y pienso de pronto en cómo, durante los últimos diez años, estas empresas han estado financiando supuestas investigaciones independientes sobre el impacto de las publicaciones científicas, sobre indicadores de calidad, subsidiando seudocongresos (a alguno me he referido en este blog), seguramente untando de formas indirectas a cientos de vicerrectores y rectores en todo el mundo, a secretarios de Estado de Universidades, a la biblia en verso. ¿Hasta qué punto todo el rollo montado en los últimos años en torno a la calidad, sus indicadores, sus factores de impacto, y lógicamente las vías para conseguirlo, casualmente a través de las publicaciones de estas tres o cuatro empresas, probablemente incluso Bolonia en buena parte de sus presupuestos, no es sino una inmensa suflé montada por sus agentes comerciales? ¿Saben a cuántos creadores de opinión y constructores sociales de la realidad emplea solamente Thomson & Reuters? Sólo como periodistas a 2.400.
Es difícil encontrar trabajos que pongan de manifiesto esta que personalmente considero enorme estafa global, gracias a la cual unas pocas editoriales se están convirtiendo en las grandes señoras del multimedia, y por tanto a corto plazo en las controladoras no sólo de la ciencia admitida, sino asimismo de la opinión pública global. Pero hay alguno que sugiere hacia dónde van las cosas, como este trabajo de Aleixandre-Benavent. Y hay datos que nos indican por dónde van los tiros. Ahí están, sin ir más lejos, ocupando el ranking de las mayores editoriales.
¿Cosa de la ciencia? Que te crees tú eso. Standars and Pool, la más conocida de las calificadoras de riesgo, la madre de todas las burbujas de la última crisis, pertenece a otra de esas empresas Mc Graw Hill. Van ocupando todo espacio que intenta surgir con cierta independencia; acaban con todo sistema alternativo de referencias, para que haya que caer en sus autoreferenciadas revistas.
Y como, tras el desastre de la última crisis financiera, causada en buena parte por las falaces calificadoras y generadores de datos sobre la calidad de las cosas, las empresas, las gentes, las ideas, buscan nuevos caminos, también acuciadas por la Justicia nortemaricana (que esa sí persigue a los monopolios y los abusos de las empresas, no como la nuestra) miedo da en qué nos meterán ahora en nuestras Universidades. Porque su negocio tiene que seguir creciendo, y por supuesto a costa del nuestro, y desde luego también a base de trampas.
Y así acabamos (todos, porque a todos nos meten en el aro; algunos llegamos a denunciarlo, pero aún así terminamos jugando el juego de esa enorme estafa), como los (supongo que ansiosos investigadores buscando acreditaciones como locos para consolidar algo, lo que sea) de ese artículo: escribiendo sobre acciones solidarias en una revista que está haciendo un negocio abusivo con eso.
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