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2018/04/06

¿Medio Ambiente y Sociedad, o Sociología Ambiental?

Dilemas en un campo de investigación transdisciplinario.

Artemio Baigorri, Universidad de Extremadura
Texto de mi intervención en I Jornadas DEMOSPAIN. Democracia, Territorios e Identidades. Universidad Pablo Olavide, Sevilla, 20 de marzo de 2018



En primer lugar agradecer a José Manuel su invitación. En mi caso, más que hablar de algunos proyectos concretos, para ver las posibilidades de investigación en un campo o topic determinado,  me ha parecido más interesante proponer algunas reflexiones e ideas fruto de mi ya larga experiencia con la cuestión ambiental, primero como activista, luego como consultor en urbanismo y ordenación del territorio, y finalmente como investigador, como homo academicus. Reflexiones que derivan tanto de proyectos realizados como de proyectos infaustos (o fallidos, fracasos en suma), a veces igual de importantes. Espero mostrar con esto algunas de las potencialidades de la Sociología en ese campo tan, tan, transdisciplinario, que casi empieza a ser atrás-disciplinario, pues la Sociología está perdiendo terreno (o no lo gana, que en estos asuntos, es lo mismo). Y tan importante como discutir sobre los potenciales, es tomar conciencia de las dificultades a las que la investigación se enfrenta.

Una larga introducción

¿Por qué me parece importante esa perspectiva, no centrada en un proyecto concreto? Con un par de ejemplos creo que lo entenderéis perfectamente. Uno, con el que quiero valorar los proyectos infaustos, es muy reciente; y el otro, sobre el potencial de la Sociología, es muy antiguo, así que empezaré por el más antiguo.

En 1981 un dirigente campesino, Antonio Aguirre, con quien habíamos compartido sesiones de debate y movilizaciones en defensa de los intereses de los agricultores, recién elegido presidente de la Cámara Provincial Agraria de La Rioja nos encargó la realización de un informe sobre la situación de los agricultores. Buscó financiación debajo de las piedras y, siguiendo la metodología del sociólogo Mario Gaviria, montamos un equipo mamotrético que yo tuve que coordinar y gestionar. Yo entonces ni siquiera me podía considerar sociólogo en términos estrictos; había abandonado el periodismo, y con el periodismo la carrera de Ciencias de la Información, atraído por la combinación de investigación comprometida y movilización ecologista que era Gaviria. Bien, el resultado de aquel trabajo, que duró casi un año, fue un gigantesco informe que se publicó en 1984 en dos tomos enormes, con el título de El Campo Riojano, que creo ha sido bastante útil a los investigadores riojanos en las siguientes décadas ( https://goo.gl/dzqa77 ).
Uno de los capítulos que yo realicé trataba sobre la competencia por el uso del suelo entre actores diversos, que estaba provocando el encarecimiento del precio de la tierra para los agricultores. Es un tema que acabábamos de descubrir meses atrás, analizando la problemática de lo que entonces se llamaba el Suelo Rústico, y luego No Urbanizable, para la revisión del Plan General.

Bastantes años más tarde, en 1999, ya sociólogo formalizado, en trance de convertirme en homo academicus, en un congreso de Sociología Ambiental al que asistí durante una estancia en Chicago, tuve ocasión de conocer a Ridley Dunlap, del que yo entonces no sabía nada, pero que enseguida descubrí era el Pope de la emergente Sociología Ambiental, y hoy lógicamente el gran patriarca global. Como la estancia la hacía precisamente para preparar los contenidos de una asignatura, Medio Ambiente y Sociedad, que iba a implantarse en una licenciatura nueva, Ciencias Ambientales, es decir para recopilar materiales y textos a los que aquí no tenía acceso o simplemente siempre desconocía, me apliqué a revisar todo lo que Dunlap había publicado, porque allí todo era accesible, y por supuesto me interesaban especialmente los primeros trabajos de aquella emergente Sociología Ambiental.

Pues bien, descubrí que en realidad esa rama había empezado a construirse en los Estados Unidos en la misma época, y exactamente con el mismo asunto (la competencia por el uso del suelo) en que lo habíamos tratado aquí. Llevábamos nosotros décadas hablando en prosa sin saberlo, como diría el poeta. Nos preocupaban los problemas ambientales, y preocupaban los problemas de los agricultores, e interesaban los problemas urbanísticos y de ordenación del territorio, y resulta que la interacción entre todos aquellos ámbitos de preocupación sobre los que habíamos trabajado entre 1977 en el Alfoz de Burgos, 1981 en el PGOU de Alicante, 1982 en La Rioja y 1984 en el Área Metropolitana de Madrid, constituía un topic sociológico importante, una de las fuentes de las que manaba la Sociología Ambiental…, en inglés, claro.

Lógicamente, con esto quiero decir dos cosas.

Una, a la que volveré, que conviene mirar hacia atrás cuando investigamos, más allá de lo que aparece en esa bibliografía reciente, o tópica, sobre un tema, que nos suele venir impuesta, y además hay que mirar fuera de la Academia, en la investigación aplicada, en los trabajos de consultoría, que a menudo son más interesantes que las publicaciones académicas de los journals.

La segunda, que los temas, los issues o topics de interés a la Sociología Ambiental están muy conectados con otras áreas o incluso disciplinas.

Respecto al interés de los proyectos infaustos, tengo un ejemplo que puede ser sugerente. Hace un par de años presentamos una propuesta al CIS, en la convocatoria para incorporar un módulo temático a una oleada del Barómetro. La trabajamos a fondo en mi grupo, y con la colaboración de colegas de otras universidades, porque teníamos una base previa importante en la revisión que habíamos hecho del histórico de preguntas del CIS para una investigación previa sobre actitudes hacia la energía nuclear en España que habíamos hecho para el anuario 2009 de la Fundación Encuentro. Habíamos observado el sepulcral silencio demoscópico del CIS sobre el cambio climático, por lo que nos parecía obvia la necesidad de ese módulo.

Lógicamente (la lógica la dedujimos después) el CIS no nos concedió el módulo, pues le pareció más urgente y acorde con los intereses nacionales un módulo sobre el dolor, casualmente propuesto desde el IESA-Andalucía. ¿Por qué digo “lógicamente”?. Porque la reflexión (que debe hacerse ante cada propuesta que fracasa) que hicimos a posteriori nos condujo a concluir que había una lógica. Sin duda no había sido un trato preferente a un centro digamos que mejor conectado, sino un comportamiento lógico, en la lógica de un gobierno que llegó al Poder negando el cambio climático, y que sigue teniendo entre sus apoyos económicos y sociales a no pocos negacionistas. Precisamente en el próximo número de Aposta Digital aparecerá un trabajo sobre el asunto, que puede interesaros leer. Bueno, no conseguimos el módulo, pero tenemos un artículo. El que no se consuela, es porque no quiere. Esperemos que cuando haya un gobierno más con menos negacionistas, el CIS se ocupe del que, junto al terrorismo, es considerado el principal problema global del planeta según datos del Pew Research.

Pero entremos en materia, en la materia que hemos propuesto. Estamos aquí para hablar de Medio Ambiente. Y lo hacemos en el marco de un programa de Sociología.
Por eso lo primero que tenemos que plantearnos es si tiene sentido que lo hagamos desde la Sociología.

Si uno se mira los planes de estudios que conformaron a los sociólogos realmente existentes, en absoluto. Es cierto que en tiempos existía una materia que se llamaba Ecología Humana (en algunas universidades Ecología Humana y Población iban unidas) pero en realidad no tenía nada que ver con el medio ambiente, de verdad. Sólo se refería a un paradigma concreto de la Sociología, desarrollado en las dos primeras décadas del siglo XX en Chicago, que intentaba aplicar los principios de la Ecología y los Ecosistemas (exactamente de lo que hoy es la Ecología de Poblaciones) al estudio de la ciudad. Nada más.

Luego en España se dio una de esas casualidades. Irrumpió el ecologismo, en plena Transición, y el gobierno de la UCD echó mano de su sociólogo de cabecera, Díez Nicolás, que había hecho creo que su tesis y su proyecto docente sobre la Escuela de Chicago, y explicaba aquella Ecología Humana. “A ver, tú estudias eso de la Ecología, pues a Medio Ambiente”, debieron decirle, por los datos que conocemos. Son esas casualidades, que hacen, sin ir más lejos, que la gestión de las primeras preocupaciones medioambientales de un gobierno en España (la Comisión Interministerial de Medio Ambiente) se encargase a un sociólogo[2].

Pero es más gracioso. Porque resulta que algunos de los sociólogos de la Escuela de Chicago menos conocidos (completamente desconocidos, más bien), despreciados incluso a tener de algunas reseñas de sus libros en la época, sí que son auténticos pioneros en el análisis de las interacciones entre Medio Ambiente y Sociedad. Cabe citar a Thomas, o Mukerjee, despreciados como lo había sido en Europa el gran Patrick Geddes, a quien vetaron para la primera plaza de profesor titular de Sociología en Londres, y que tuvo que “retirarse” a Edimburgo. Geddes fue el primero en intentar sistematizar sociológicamente la interacción medio ambiente/sociedad.

En un ensayo que venimos trabajando, en el que hemos avanzado bastante en la tesis doctoral de Manuela Caballero y paseado por algunos congresos, y que espero verá pronto la luz como artículo (yo preferiría un libro, pero el monstruo ANECA manda), desarrollamos una genealogía de la investigación sobre medio ambiente y sociedad desde una perspectiva sociológica, incorporando a tantos olvidados por los manuales al uso. Porque también esto es gracioso, pues a la vez nos encontramos con facilidad con uno de esos latiguillos que de pronto tienen éxito, y como los memes, o las fakes news, se difunden hasta el infinito: el fake dice que los padres de la Sociología no se ocuparon de la dialéctica medio ambiente y sociedad. ¿Pero de dónde sale eso? De alguien que se mueva con pocos padres, será, o que sólo haya leído extractos pre-digeridos, aquellos libros de readings o fotocopias de fragmentos que se distribuían antes de las Leyes de Protección de las Editoriales.

Ese, justamente, es uno de los campos más vírgenes de la Sociología Ambiental, en el que hay mucho por trabajar: la recuperación de tanto material generado por la Sociología antes de que se diese por nacida esta subdisciplina. Y especialmente en otras lenguas distintas del inglés.

Eso de la Transdisciplinariedad

Un problema importante vinculado a esta temática es que nos enfrentamos a algo “afectado” por ese palabro tan incómodo de decir y teclear: la transdisciplinariedad.
Al enfrentarnos a la cuestión ambiental, estamos tratando sobre interacciones entre medio ambiente y sociedad, en dos sentidos: de un lado observando el medio ambiente como factor co-determinante de la estructura y la organización social; y de otra parte analizando los efectos/impactos de la sociedad sobre ese medio ambiente.

Esto implica de partida una concepción o paradigma muy particular de la Sociedad, una concepción en sí misma ambientalista. Implica entender la Sociedad actual como el producto de la interacción entre diversos factores, siendo uno de ellos la Naturaleza. Pero también implica entender que eso que llamamos Naturaleza es el producto también de la sociedad, esto es una construcción social. Porque si no lo entendemos así lo tenemos complicado, ya que el principio nuclear de la Sociología es intentar explicar los hechos sociales con otros hechos sociales.

Eso de la transdisciplinariedad es un término, además de difícil de pronunciar y teclear, sujeto a mucha confusión. Entre otras cosas porque algunos lo han intentado conectar con metafilosofías que salen del ámbito de la Ciencia, y a menudo rozan lo que ahora llamamos seudociencias.

En realidad la transdisciplinariedad sólo se refiere a la necesidad de tener en cuenta conocimientos, fundamentos y paradigmas de otras ramas de la Ciencia para poder tener una perspectiva superadora de las limitaciones de algunos campos de especialización. Henry Lefebvre planteó la necesidad superar de forma transdisciplinaria esa barreras en el Urbanismo; Edgar Morin respecto de la comprensión de los problemas ambientales; son cada vez más las temáticas que no caben en los cajones limitados de los paradigmas disciplinarios: el género, la comunicación, la inteligencia artificial...

Hay como tres escalones en ese proceso de acercamiento, desde las Ciencias Sociales y en particular la Sociología, a esa dialéctica transdisciplinaria Medio Ambiente y Sociedad: la Ecología Social, el Ecologismo/Ambientalismo, y la Sociología Ambiental. Todo está relacionado, pero todo hay que saber manejarlo de forma diferenciada.

La Ecología Social


Algunos hablamos de Ecología Social para referirnos a lo que fue un lento proceso de construcción de un paradigma ecológico en el ámbito de las Ciencias Sociales, y que vendría marcado por estos cuatro componentes, que nos pueden inspirar muchas de nuestras investigaciones, y que nos conectan con otras disciplinas como la Antropología o la Geografía Humana, o lo que en términos más generales yo llamé las Ciencias del Territorio[3]:
1.     Una tradición que podemos llamar ambientalista en la Historia del Pensamiento, que intenta enmarcar la acción humana en su medio, y que a mediados del siglo XIX toma forma científica en teorías como el organicismo sociológico de Spencer, el determinismo geográfico de Ratzel, etc. Una tradición que a través de autores como Reclus o Kropotkin, que desde la Geografía se adentran en la Antropología, llegaría a Patrick Geddes, quien como decía intenta la primera síntesis teórica socioambiental.
2.     La Ecología Humana, la he citado, aunque no tiene nada que ver con la Sociología Ambiental, como primer intento de aplicar los principios de la Ecología al estudio de las relaciones entre los grupos humanos y su entorno social.
3.     La tradición antropológica es un aporte muy rico, pues desborda el sociologismo con el que Durkheim lastró a la Sociología, esto es el citado dictum de explicar los hechos sociales sólo con otros hechos sociales. Las Ciencias Sociales se han venido enriqueciendo desde mediados del siglo pasado con los trabajos de Leslie White, Julian Steward, Marshall Shalins o Marvin Harris.
4.     La Ecología Social propiamente dicha, autoproclamada, es un intento de encontrar la fusión transdisciplinaria de las distintas raíces de las ciencias sociales, y de los necesarios aspectos de las ciencias físico-naturales, en un corpus científico que sirva para explicar justamente las interacciones entre medio ambiente y sociedad. Es la propuesta analítico-normativa, con clara intencionalidad política, del anarquista Murray Bookchin, que por supuesto no tiene nada que ver con la Ecología Humana.

Ambientalismo y ecologismo


Ya tenemos un escalón recorrido, seguramente el que ha despertado nuestra inquietud por investigar cuestiones medioambientales. Pero hay otro escalón, aunque hay quien lo salta hasta el siguiente, y como veremos está en su derecho, es legítimo.

Me refiero al compromiso ambiental, o en otros términos al ecologismo. Es legítimo que un investigador socioambiental se lo salte en el sentido de no compartir las actitudes proambientales. Pero no es legítimo que desconozca su enorme influencia en la totalidad de los temas ambientales de interés para la Sociología.

Cualquier problema ambiental al que nos enfrentemos lo abordaremos más eficazmente si conocemos cómo han surgido las ideas, los movimientos, las organizaciones que le dan forma. Y es importante entender que hablar de problemas ambientales implica conocer bien las cuatro fases que, a lo largo de los últimos doscientos años (algo más de lo que normalmente se cree) lo han conformado:
1.     Los antecedentes ideológicos y políticos de la preocupación ambiental, que se pierden en el romanticismo del primer tercio del siglo XIX.
2.     La contestación ecologista primaria, que se configura a mediados del siglo XX pero madura a finales de los años ‘60 en un movimiento ecologista que rápidamente quedará entretejido con los nuevos movimientos sociales de carácter contestatario o incluso revolucionarios de la época. Esta fase del ambientalismo alcanzará su cénit en los años ‘70, para decaer profundamente en la siguiente década.
3.     El conservacionismo, o ambientalismo es una respuesta que en realidad se desarrolla en paralelo de la contestación ecologista, pero que a partir de los años ‘80 se constituirá en ideología hegemónica en términos de ambientalismo integrado, en torno a conceptos como el desarrollo sostenible, que intentan demostrar la capacidad (frente a la crítica ecologista) del sistema capitalista para adaptarse al nuevo paradigma ecológico. El ambientalismo es el que, a partir de la primera Cumbre de la Tierra, marca la agenda internacional, y sobre todo marca los temas de investigación para los que (por ejemplo, y hablando en términos prácticos) se puede encontrar financiación, pública o privada.
4.     Los límites del ambientalismo. En el marco de la globalización, el ambientalismo se muestra cada día más incapaz de responder a los más grandes y profundos desafíos que la cuestión ecológica plantea en nuestro planeta en el nuevo siglo. La propia conversión de los grupos conservacionistas en grandes corporaciones que responden a intereses materiales muy concretos, e incluso en multinacionales de la ecología que construyen la preocupación ambiental en función de sus propios intereses, son algunas de las principales limitaciones que se observan. Esto ha hecho que, en la última década especialmente, el ecologismo haya renacido de sus cenizas. Frente al ambientalismo integrado global, han renacido los ecologismos de dimensión local, a menudo de corte radical. 

Elementos de Sociología Medioambiental: ¿hay algo específicamente nuestro?


Bien. Y en en este marco, ¿qué puede hacer la Sociología Ambiental como tal? Frente a la Ecología Social como intento transdisciplinario e incluso metacientífico de comprensión de los problemas de la sociedad y su entorno, la Sociología Ambiental intenta aplicar el instrumental analítico de la Sociología al estudio de las cuestiones ambientales, esto es desde la perspectiva de la especialización sociológica.

Y esto es importante tenerlo en cuenta. Hablamos de Sociología, ya no de Ciencias Sociales, porque además los presupuestos de abordaje van a depender precisamente de la base epistemológica, y los método y técnicas vinculadas, de los diversos paradigmas que encontramos en la Sociología. Es decir, no hay una forma sociológica de abordar problemas o cuestiones ambientales, sino diversas, según partamos del funcionalismo, el marxismo, el interacionismo simbólico y subsiguiente constructivismo social, etc. Yo, del mismo modo que soy profundamente desleal a las disciplinas, no tengo el más mínimo espíritu gregario (desgraciadamente, en cierto modo), por lo que practico el más sucio eclecticismo, tomo lo que me interesa de cada propuesta teórica según me resulte útil para explicar o aplicar. Pero lo habitual, en unas ciencias sociales cada vez más sectarias, es limitarse a uno de esos paradigmas.

Por lo demás, el número de temas posibles objeto de investigación desde la Sociología Ambiental es enorme, y lógicamente se ensancha a medida que los problemas ambientales se complejizan. Es imposible que ahora los abarque todos, e incluso seguro que se me escapan algunos que yo mismo he investigado. Yo tengo especial aprecio a algunos que creo haber introducido, como el ruido, el agua, o la competencia por los usos del territorio, pero hay muchos. Tanto para la investigación académica como para la investigación aplicada, que es en lo que los estudiantes más deberían pensar, porque los sociólogos deberían estar ahí, ayudando en la gestión de esos problemas. Yo los agruparía, como temas de investigación, en cinco grandes áreas.
1.     Las causas sociales del problema ecológico, esto es los modelos de desarrollo, la evolución demográfica, los sistemas de gestión energética, los hábitos de alimentación y consumo, los estilos de movilidad, que están en la base de los grandes problemas ambientales contemporáneos. Aquí incluiríamos el estudio de las actitudes ambientales.
2.     La construcción social de los problemas ambientales. Una de las perspectivas sociológicas más productivas en las últimas décadas se ha centrado en mostrar el relativismo de los problemas ambientales. Cómo la percepción que de éstos tenemos está condicionada por diversos hechos (e intereses) sociales. Los medios de comunicación, los científicos, los movimientos sociales y políticos, nos conducen a prestar mayor o menor importancia a los distintos problemas con independencia de su importancia objetiva. Esa debería ser una línea temática exclusiva de la Sociología, y permite mucho juego, aunque el fuerte peso cuali que suele caracterizar este tema lo hace compartido con la Antropología Social.
3.     Los conflictos ambientales constituyen también uno de los principales campos de estudio de la Sociología Ambiental. El análisis de su dinámica, estrechamente relacionada con el punto anterior, la definición de actores y agentes, la construcción de discursos y relatos, etc.
4.     La desigualdad ambiental ha de constituir siempre un lugar centrar en el estudio sociológico de los problemas ambientales, como la desigualdad social lo es en la Sociología. Los grupos sociales del mismo modo que se  enfrentan de forma desigual al acceso a los recursos económicos, disfrutan de forma desigual de los recursos naturales y, sobre todo, sufren de forma desigual los efectos de los desequilibrios ambientales. La injusticia social también se puede observar en relación a estas cuestiones, tanto en términos de estratificación social en una sociedad dada (en términos de clases y grupos de estatus), como en términos de desigualdad espacial. Los estudios de justicia ambiental, aunque compartidos con otras disciplinas (la Ciencia Política, el Derecho) son muy propios de la Sociología.
5.     La participación es otra de las grandes áreas de estudio de la Sociología Medioambiental. Los procesos de surgimiento, desarrollo y desaparición de las organizaciones ecologistas y ambientales, los niveles de concienciación social y participación en las organizaciones civiles de protección de la naturaleza, la burocratización y des-democratización de esas organizaciones, son algunas de las cuestiones que interesan, en el marco del estudio de los denominados nuevos movimientos sociales.

Hay una última cosa con la que yo tengo cierta obsesión, porque me tomo en serio la Sociología.

He hablado de tres componentes diferenciados, interconectados, pero que no deben confundirse. La Ecología Social es un paradigma sobre las relaciones entre medio ambiente y sociedad, compartido con otras disciplinas, pero la Sociología Ambiental es un ámbito estrictamente sociológico. Y por supuesto a mí personalmente me resulta mucho más atractivo y enriquecedor el navegar transdisciplinario en la dialéctica Medio Ambiente/Sociedad, pero la Sociología Ambiental es una subdisciplina propia de la Sociología, y que debería estar limitada a los sociólogos, aunque lamentablemente no siempre sea así, porque sólo los sociólogos (y sociólogas), mejor si lo hacen embebidos de los otros componentes, cuentan con las herramientas conceptuales, epistemológicas y metodológicas para abordar esos problemas en toda su complejidad.

El problema es la incompetencia de la Sociología (o de los sociólogos y sociólogas) para mantener una demarcación. Igual que permite el intrusismo, no es capaz de defender su papel y sus exclusividades.

Insisto, por tanto, en no confundir Ecología Social con Sociología Ambiental, porque una cosa es la cuestión ambiental (el issue, el topic), y otra la Sociología Ambiental.
De la misma forma, tampoco podemos confundir Sociología Ambiental con Ecologismo, ni siquiera en su forma light de Ambientalismo. Una cosa es el compromiso ecologista, otra la voluntad comprensiva transdisciplinaria, la Ecología Social si queremos ponerle etiqueta, y otra la Sociología Ambiental. Los sociólogos deben bailar entre las tres patas, pero sin confundirse, si quieren ser científicos.

Recuerdo el primer congreso de Sociología al que asistí, en Granada, en 1995, coincidía con las primeras sesiones sobre Medio Ambiente, promovidas por Mercedes Pardo. Me sorprendió que casi todo lo que oía eran discursos ecologistas, o proambientalistas. Y yo, que había pasado del ecologismo a la consultoría, y estaba migrando entonces de la consultoría a la academia (tan distintas) defendí entonces la necesidad de una Sociología ambiental con tópicos, métodos, competencia..., sociológicos. Es más aburrido, más limitado, pero necesario también. Y algunos de los colegas decían “pero éste de qué va, se ha pasado al enemigo...”

El único enemigo, para el científico, es el sectarismo. Max Weber se lo dejó aclarado para quien quiera hacer Sociología hace casi un siglo, en El político y el científico. Puedes hacer las dos cosas, puedes relacionarlas, pero no tienes por qué hacer las dos cosas en la misma acción. Esto es muy importante, porque precisamente abre el campo de trabajo de los sociólogos, el ámbito de investigación. Por ejemplo, unos de los trabajos que yo he utilizado a menudo son los que han hecho algunos sociólogos para el lobby nuclear. Investigaciones realizadas para legitimar lo nuclear, que vienen a intentar demostrar, dicho a lo bruto, que los españoles son antinucleares (pues mayoritariamente lo son) porque son tontos. Bueno, es una opción, decir esas cosas, y que un sociólogo las intente sustentar, si puede (creo que las hemos desmontado suficientemente en nuestros trabajos). Es su trabajo. Porque un sociólogo ambiental perfectamente puede trabajar para una compañía eléctrica que vaya a inundar un precioso valle y necesita de la Sociología para convencer a los afectados...

No es menos Sociología Ambiental la Sociología que se pone al servicio de quienes destruyen lo que llamamos Medio Ambiente, o ponen en riesgo nuestras vidas. Con la Ciencia Social, para sea digna de tal nombre, ha de pasar como con la Democracia, que implica defender el derecho a decir lo que piensan de quienes a mi juicio dicen barbaridades. Todo lo que hay que hacer es, como en el resto de las ramas de la Ciencia, es contrastar los resultados y desmontar los errores.

Muchas gracias por su atención








[2] Cierto que eso no significa mucho. Tras tres o cuatro ministros sociólogos, o asimilados, la Sociología probablemente sea la disciplina más maltratada en la Universidad, y lo que es peor, en Secundaria, donde sigue ignorada. Pero esa es otra.
[3] A.Baigorri, “Del urbanismo multicisciplinar a la urbanística transdisciplinaria. Una perspectiva sociológica”, Ciudad y territorio: Estudios territoriales, ISSN 1133-4762, Nº 104, 1995, págs. 315-328



Citación: Baigorri, A. (2018): "¿Medio Ambiente y Sociedad, o Sociología Ambiental?. Dilemas en un campo de investigación transdisciplinario.", I Jornadas DEMOSPAIN. Democracia, Territorios e Identidades. Universidad Pablo Olavide, Sevilla, 20 de marzo de 2018 https://baigorri.blogspot.com.es/2018/04/medio-ambiente-y-sociedad-o-sociologia.html 


2012/10/17

Recuperando tacita a tacita los déficits fiscales

Hace unas semanas me contactaron de la Oficina del Medio Ambiente (sic) de mi universidad, para hablar de "economía ambiental" en unas jornadas de "economía ambiental dentro de un desarrollo sostenible"(sic). Les dije que no, por algo tan simple como que yo no soy economista, ni hago "economía ambiental".

Y hoy el secretario de mi facultad (la de Económicas y Empresariales, que aprobó hace diez años pasar a denominarse de Ciencias Sociales, pero nunca se aplicó) nos envía el anuncio de las jornadas, que ahora parecen ser un curso, o ciclo, o qué se yo. El contenido presenta un cierto cacao, que yo intuía ya de origen, pues se mezclan peras con manzanas e incluso con champiñones. Normal, teniendo en cuenta la escasísima formación en materia socioeconómica de nuestros ambientólogos (nula en el caso de los biólogos y químicos, que son quienes realmente hacen de ambientólogos).



Me sorprende que no figure entre los ponentes ningún compañero economista de mi Facultad, a pesar de que algunos hay (poquísimos, ciertamente) que por una u otra vía se acercan o tratan temas ambientales. Y me hace sentir un poco mal porque si yo hubiese aceptado, al menos aparecería alguien de la Facultad. Y de esta forma, nada (por lo demás, como no se celebran en el entorno de la Facultad de Económicas, sino en el de la de Ciencias, pues tampoco se enterarán del baldón nuestros alumnos).

Pero cuando reviso un poco más detenidamente el programa, veo que todo tiene un sentido. Pues descubro que para hablar, nada menos que de “Influencia del medioambiente en la empresa y los sectores económicos de Extremadura” viene un economista  "del Colegio de Economistas de Cataluña" -oigan, que esa es su carta de presentación, que no es coña-. Espero que al menos haya pasado alguna vez de vacaciones por acá.

Así que ya no me siento mal por no haber contribuido a que mi Facultad de Económicas y Empresariales estuviese presente y contribuyese a unas jornadas sobre Economía Ambiental organizadas en mi propia universidad. Porque creo que con mi negativa a participar he contribuido a que los empresarios y emprendedores catalanes (que son quienes, como es sabido, financian el bienestar de esta región, y aún más allá) recuperen siquiera una tacita de ese déficit fiscal.

Claro que también, según se mire, es para mear y no echar gota.

2012/05/29

Interesante encuentro

Lunes intenso en la Carlos III, y una pena que no pudiese quedarme los dos días siguientes, porque las sesiones del encuentro de la Red Iberoamericana de Investigación en Ambiente y Sociedad han sido  sumamente provechosas.


Es agradable descubrir que, a saber a través de qué caminos, nuestras antiguas reflexiones críticas, desde la Sociología, para con la comprensión de lo ambiental, y sobre todo, para con la comprensión ambientalista, de corte ecocéntrico, de la protección ambiental, se ha extendido entre muchos jóvenes investigadores. De las que tuve ocasión el primer día, algunas comunicaciones fueron especialmente sugerentes, como el brillante manifiesto pan-antropológico del chileno Francisco Ther. Las comunicaciones de la brasileira Yara Camargo y de la chilena Cecilia Godoy me aportaron argumentos para un asunto de hormigas y de hombres que he de comentar por aquí un día de estos. Pero también se agradecen los estímulos/provocaciones intelectuales de los portugueses Nelson Lourenço y Luisa Schmidt, aunque no pude quedarme a sus comunicaciones.

Acceso a mi intervención.

2012/05/25

Y luego dicen que la naturaleza es sabia

Me encontré el otro día con el gorrión más tonto del mundo. El típico ejemplo que desmonta las tonterías de los etólogos que, amando más a los animales que a los seres humanos, nos ponen continuamente ejemplos de la supuesta inteligencia superior de nuestros convecinos planetarios. No digo yo que no sean inteligentes los elefantes que recuerdan sendas, sonidos, olores... No digo yo que no sean complicadas las ciudades de barro que construyen las golondrinas (que me tienen perdido de guano unos cuantos rincones). Los (otros) animales dan, sin duda, muestras continuadas de "inteligencia", esto es de capacidad para encontrar soluciones ex novo a partir de los instintos. Pero los hay también tan empeñados en absurdas metas como nosotros...


.
Como para creerse lo de Gaia....


2011/08/24

Queríamos cambiar el mundo...

...y sin duda lo cambiamos. O contribuimos a que cambiase. Por supuesto, nunca en la línea prevista. Pero sin la batalla antinuclear sería inexplicable el fuerte desarrollo de las energías renovables (precisamente las centrales nucleares son la última rémora para el pleno desarrollo de la una energía ubicua e inagotable, toda ella procedente del sol). Por supuesto, habría quién podría argumentar que la batalla antinuclear empezó en Francia, y sin embargo ese país, que camina hacia la decadencia, es el principal valedor de la energía nuclear en el mundo, la principal amenaza nuclear en Europa, hoy que sabemos que los accidentes nucleares nunca son locales. Y todo esto me lleva a pensar en mis queridos zombis del 15-M, que sin duda van a cambiar también el mundo, pero no (seguro) en la dirección que ellos creían.


Solarquedada
Bueno... El asunto es que en la Solquedada de este año los solarinos nos reunieron en un pueblo de la Ribera del Ebro a algunos históricos del movimiento antinuclear (ex-combatirentes, más bien) para reflexionar sobre cómo dar la puntilla a ese absurdo de la inteligencia, creado para la guerra y que ha causado muchas más muertes que vidas ha podido salvar.


No avanzamos mucho al respecto, pero lo pasamos bien, le hicimos un homenaje al pionero de las renovables, Pep Puig, y recuperamos la sonrisa solar, que el monstruo de Fukushima casi consiguió dejarnos helada para siempre. Gaviria propuso recuperar la idea del primer estudioso de los efectos de las bajas radiaciones (esas que los vendedores de chatarra nuclear cuentan a los niños de las escuelas que no son peligrosas) de denunciar a los directivos y principales accionistas de las empresas propietarias de centrales nucleares por genocidio planificado. Que corra la voz, y a esperar que un juez quiera pringarse. Puede ser clave para la historia de la Humanidad.


Buena gente estos de la energía solar... y buena comida (vegetariana, of course) cocinada en cocinas solares.

En la urbe global

Pero ¿cómo es que he puesto casi dos kilos tras mi periplo por Cortes (el barrio navarro de mi pueblo, je)?. También pasé por Ribaforada, en donde Gaviria anda todavía formando sociólogos, metido en una investigación sobre la integración de los inmigrantes. En Ribaforada escribí mi primer librillo individual (no llega a libro, apenas un folleto, que tuvo dos ediciones pero lleva décadas agotado, pero que todavía es, treinta años después, el único "libro" escrito sobre el pueblo, es cuando los pueblos fijan sus objetivos culturales no en el ser, ni siquiera en el estar, sino en el tener), por el empeño de Carlos, quien (en 1979 ó 1980) tras haber trabajado en las normas subsidiarias me encargó escribirles la historia del pueblo, y luego un librito sobre su potencial económico, y que allí sigue de secretario del Ayuntamiento. En su biblioteca obtengo una de las mejores perspectivas de La Ribera en su plenitud.


Pura urbe global, que se percibe mucho mejor al acercarnos a pasear por el Moncayo, aquel  viejo Dios del que el pesado de Labordeta decía erróneamente que "ya no ampara". En Veruela, en donde tantas tardes de verano pasé, en mi adolescencia, intentado emular a Becquer, han colgado una exposición hipermoderna de un hiperhortera, mientras cuatro o cinco kilómetros más allá, en el merendero de las cuevas de Añón, se nos avisa a los visitantes de que cuidemos el paisaje, y los recursos naturales, de esta guisa.



El chalet del coronel
No, no es una historia corta de Vargas Llosa. Hablaba de Veruela... En donde en mi adolescencia soñaba con superar a Becquer, y en donde luego tuve mi primer batacazo urbanístico. A principios de los '80 teníamos montado en Zaragoza un buen equipo de urbanismo  (del que han salido algunos de los mejores arquitectos urbanistas que andan hoy por Aragón), y trabajábamos en las Normas Subsidiarias Comarcales del entorno del Moncayo, cuando nos topamos con la realidad: un coronel de aviación, a quien por lo visto debían favores todos los del pueblo a quienes había tocado la mili en aviación, empeñado en hacerse un chalet junto a la misma cruz de Becquer, por sus cojones. Y claro, todo el pueblo a favor, y el alcalde, a pesar de ser un joven supuestamente izquierdoso y ecolo, sin ganas de enfrentarse al cacique y sus comparsas. Y de abogado defensor tenía nada menos que a Emilio Gastón, otro supuesto rojo oficial, senador y poeta supuestamente ácrata, ahora dice él que nubepensador, pero que no hacía ascos a la hora de defender barbaridades urbanísticas. Como la legalidad amparaba al equipo redactor, la Diputación de Zaragoza, gobernada por el PAR, encontró la solución: rescindirnos por las bravas el contrato de redacción (pagando el 100% del importe, para acallar protestas). Así dejaron sin planeamiento a la zona durante años, para hacer y deshacer a su antojo. Creo que fue mi último trabajo aragonés. Aragón: eso sí que es un verso suelto...


Al menos la movida sirvió, aún cuando la batalla la perdimos, para generar la idea de que el Moncayo era sagrado. Ahora (burradas aragonesas, de nuevo) se han pasado, y lo han hecho tan sagrado que sólo es de uso y disfrute de los biólogos... con lo que la gente ha dejado de acudir. Hace sólo unas décadas la Virgen de agosto era un  hervidero de gente comiendo las chuletas a la sombra de las hayas, refrescándose con agua de la fuente del Sacristán.

Hoy sólo pueden hacerlo quienes se construyeron chalets en medio de las huertas y bosques del piedemonte del Moncayo, esos sí pueden asarse las chuletas. Mientras que los  asadores que se construyeron en los '70 para disfrute del pueblo decaen aburridos, en desuso por la persecución ecocéntrica. 
Pero ¿es que no hay manera de que entiendan, estos cenutrios empollones, que si no es para la felicidad de los hombres (de la mayoría, a poder ser de todos), conservar la Naturaleza es un objetivo absurdo?

En fin... Esperemos que nos dejen seguir disfrutando siquiera de pasear por el Moncayo, y nos dejen beber el agua de sus fuentes

2005/07/19

REFINERÍA 2 (Respondiendo a Demïo)

Pongo aquí la respuesta a su comentario; supongo que el motor de Blogia no permite incluir comentarios muy largos, y me ha impedido seguir el hilo en su sitio. Para no perderlo (el hilo) incluyo primero el comentario que Demïo había hecho a mi artículo:

[[Dice Demïo, a partir de un parrafo de mi artículo:
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" (...)o para comprar jamones que luego eran salmantinos; pimientos que se vendían como murcianos; espárragos que luego eran navarros; bordados que luego eran de Lagartera; o vino barato al por mayor que por arte de bilibirloque se convertía en Rioja… Ahora el personal pugna por quedarse a trabajar aquí, incluso cuando llega de rebote; tenemos en algunos ámbitos una proyección no ya nacional, sino mundial; y la gente viene a comprar productos extremeños. O simplemente a conocernos, porque han leído que vale la pena". ¿Por qué no invertir en eso? Creo que nada de esto agrava el asma de los asmáticos... Muchos de los que decimos "no" sólo pretendemos proteger nuestra salud. Y es que ¿quién se puede fiar de nadie si pagar multas sale más barato que reducir emisiones?]]

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Y digo yo:

Bueno... En jamones ya se ha invertido todo lo invertible. La cosa no da más de sí, y de hecho se está falsificando mucho producto. Los espárragos vienen mucho más baratos de Perú y China, y digo yo que tendrán derecho a desarrollarse un poco también. Del vino, como digo en el artículo, ya se ha sacado también todo lo que puede dar de sí (demasiado quizás, pues los vinateros extremeños están a un tris de matar la gallina de los huevos de oro, tan caro como lo están poniendo). Los bordados también llegan más baratos de la India y China, y con buen criterio ya no quedan mujeres aquí que se quieran dejar los ojos haciéndolos. En suma, lo que presentas como una alternativa ya no lo es.
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Por otra parte, el "¿Por qué no invertir en...?" es un poco capcioso. ¿Quién impide invertir en eso? A quien lo ha hecho la Junta de Extremadura supongo (estoy seguro) que le habrá dado la misma ayuda proporcional que a las industrias de Gallardo. Pregunta en tu entorno, seguro que conoces a alguien con uno (o más) pisos comprados como inversión; averigua por qué no han invertido ellos en esos sectores. Es un buen ejercicio, te lo aseguro.
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Lo del asma ciertamente es mala cosa, pero convendrás conmigo en que también tiene algo de falaz el argumento. Imagino que, si eres de la zona y tienes asma, evitarás pasear por el campo durante las muchas ocasiones en que, a lo largo del año, se utilizan productos fitosanitarios, tanto en la viña como en el olivar, particularmente peligrosos. No es el momento para hablar de la contaminación de la agroindustria, pero digo yo que habrás tenido noticia de los gravísimos problemas ambientales que durante muchos años han provocado los alpechines (procedentes de Barros) en el Guadiana, hasta acabar prácticamente con la población piscícola. No hagamos demagogia barata, porque todos sabemos que una refinería no tiene nada que ver con el polo petroquímico de Huelva.
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En lo que estoy plenamente de acuerdo contigo es en que sale más barato pagar multas, en ocasiones, que reducir emisiones. Sin embargo, hoy en España tenemos, además de las multas administrativas, tipificado el delito ecológico. Hay industriales catalanes que han entrado ya en la cárcel. Vamos a confiar un poco más en nosotros mismos, en la capacidad de denuncia de las organizaciones ecologistas y en las instituciones democráticas.
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También coincido plenamente en otra cosa contigo: si te la ponen cerca de casa, jode a poca sensibilidad que tengas. Pero claro, hace ya muchos años que en Estados Unidos se denuncia al falso ecologismo NIMBY (Not in My Back Yard) de la ciudadanía, que no renuncia al consumo de productos altamente contaminantes pero protesta cuando a alguien se le ocurre fabricarlos en su patio trasero. Seguro que no es tu caso. Pero convendrás en que hay mucho de eso. Demasiado...


(Post original en blogia)

2005/07/11

Refinería: mojándome....

Aquí va la versión definitiva del artículo publicado en "El periódico de Extremadura". 

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REFINERÍA: UNA APUESTA ARRIESGADA
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1. EL MODELO EXTREMEÑO HA FUNCIONADO, PERO SE AGOTA
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En otro tiempo llegamos a creer que en Extremadura era posible alcanzar un buen nivel de vida, si no de 'ricos' sí de 'nopobres', sin pagar el peaje de la industrialización. Yo lo llamé, en un más usado que citado artículo, el paso "De los santos inocentes a la Extremadura postindustrial" (1987).

Tiempos lejanos, con fracturas en el gobierno regional por el desarrollo industrial o la protección ambiental, en los que Extremadura optó por una vía de desarrollo (haciendo de la necesidad virtud, pero fue una opción asumida) basada en unos pocos elementos: un patrimonio ambiental inigualable; un territorio despejado y cómodo; un millón de nuevos consumidores con unas pocas pesetas recién llegadas al bolsillo; y una buena posición en el triángulo Madrid-Lisboa-Sevilla.

Era una ventaja el hecho de ser pocos, pero sobre todo contábamos con tres flujos básicos: los fondos por la reconversión de los jornaleros (incomparables con los de las reconversiones industrial y minera, pero una ayudita); las pensiones de los jubilados, locales y retornados (incomparables con las de vascos, madrileños y catalanes, pero para miles de familias fueron el primer ingreso mensual fijo); y sobre todo los que empezaban a atisbarse ingentes e inagotables fondos europeos.

Y la cosa ha funcionado. Basta tener más de cuarenta años, y no ser lerdo o ideológicamente obtuso, para ver a simple vista que entre casi todos hemos conseguido sacar adelante una tierra por la que casi nadie daba un duro. A donde casi nadie venía por voluntad propia, salvo para sacarse esa plaza universitaria inalcanzable en Madrid o Barcelona; para ascender en el IRYDA o las compañías eléctricas (ascenso que a veces incluía matrimonio con cortijera); o para comprar jamones que luego eran salmantinos; pimientos que se vendían como murcianos; espárragos que luego eran navarros; bordados que luego eran de Lagartera; o vino barato al por mayor que por arte de bilibirloque se convertía en Rioja… Ahora el personal pugna por quedarse a trabajar aquí, incluso cuando llega de rebote; tenemos en algunos ámbitos una proyección no ya nacional, sino mundial; y la gente viene a comprar productos extremeños. O simplemente a conocernos, porque han leído que vale la pena. Y uno puede ir por ahí diciendo que vive en Extremadura sin tener que dar explicaciones por ello. Estamos, vivimos, lo hemos contado, y contamos...

Pero, con muy buen criterio por su parte, los jornaleros prácticamente se han extinguido. Sólo quedan enganchados al magro subsidio algunas de sus señoras y las de algunos pequeños y medianos agricultores, algunos inmigrantes asentados, y unos pocos jóvenes rústicos irreconciliables con la ESO. No diré que no alivie los inviernos de quince o veinte mil hogares, pero ya no supone un flujo importante para la región. En cuanto a las pensiones, han perdido importancia a medida que se han normalizado los ingresos de los activos, aunque siguen siendo un buen colchón para las familias atenazadas por el paro o el empleo precario. Y los que parecían inacabables fondos europeos, esa ubre que ha alimentado tantos pisos, volvos, mercedes y 4x4, y tan pocas inversiones productivas, se empiezan a esfumar. 

Es decir, la ayudita se acaba, y entretanto no han ocurrido algunas cosas que esperábamos. La maduración de los regadíos de las Vegas del Guadiana, el Zújar, el Tiétar y el Alagón ha coincidido con una etapa de la economía española marcada por una fuerte cultura especulativa. Mientras la Sociedad de Fomento tiene que andar por el mundo mundial persiguiendo inversores, la gente que tiene unos duros sobrantes los invierten en ladrillos o en bares.

En este sentido, hay que tener precaución con lo que se dice. Pues se da por supuesto en ciertos discursos que la Tierra de Barros es hoy una especie de paraíso en la tierra gracias a un vino que, por lo demás, cada vez está menos al alcance de los propios extremeños; pero cuando observamos los fríos datos las cosas cambian. 

Por ejemplo, si bien es cierto que Almendralejo ha ganado población en los últimos años, no es menos cierto que ganó población incluso en los años más negros de la emigración extremeña. Entre 1996 y 2004 ha tenido un crecimiento del 7% (un 0,88 anual), pero es que entre 1981 y 1996 creció más de un 15% (un 1,01 anual). Es decir, digámoslo claramente, Almendralejo está perdiendo fuelle.

En Villafranca de los Barros la situación es más preocupante, pues entre 1996 y 2004 el crecimiento ha sido de apenas un 1,83% (un 0,23 anual). En Los Santos de Maimona la cosa está peor: aunque en el último año parece que ha empezado a recuperarse demográficamente, entre 1996 y 2004 perdió el 1,83% de su población, tras un largo periodo (entre 1982 y 1996) de recuperación. Por lo que podemos deducir que, hoy por hoy, si bien el dinámico policultivo intensivo de secano, y sus productos estrella (el aceite y el vino) han permitido sujetar a la población de Tierra de Barros (en una parte importante gracias a las ayudas, subsidios y subvenciones), el futuro a corto y medio plazo no se presenta tan boyante, y veremos en cuanto se reformulen las ayudas de la PAC.

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2. REFORMULANDO EL MODELO: DÉMOSLE UNA OPORTUNIDAD A LAS CHIMENEAS
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Podríamos intentar, como los catalanes, el aumentar el flujo de transferencias del Estado. Hay vías, aunque los llamados expertos no las vea, que pasan precisamente por el federalismo fiscal. Basta que a Eroski, la Caixa, Caja Madrid, El Corte Inglés, Iberdrola, etc, se les obligue (como a nivel nacional se obliga a las multinacionales) a tener una sede fiscal regional. Si por la producción y los beneficios obtenidos por General Motors en España ésta debe pagar impuestos en Madrid, y no en Detroit, ¿por qué ha de pagar La Caixa el impuesto de sociedades en Barcelona, o Eroski en Vitoria, por sus actividades en Extremadura?. El impuesto a la banca fue una buena ocurrencia, pero es el chocolate del loro. 

Pero mientras tanto llega Jauja hay que plantearse qué hacer con las cinco o diez mil personas que, anualmente, van a tener que largarse de la región en los próximos años. Y es en este marco en el que hay que ubicar, a mi juicio, el apoyo que la Junta viene prestando a las iniciativas industriales de Alfonso Gallardo, "el tipo ese de la chaqueta a cuadros", como lo intentaban ridiculizar las élites económicas y académicas de la región hace apenas unos años. Ese tipo que ha tenido la mala suerte de hacerse rico trabajando, en una tierra pobre y encima con un producto miserable. Un contrasentido, un imposible socioeconómico. Sólo el componente psicoanalítico de ese absurdo puede explicar su empeño en desarrollar inversiones productivas que generen empleo en su tierra, en lugar de dedicarse a disfrutar de la vida que le quede a caballo entre Jerez y Florida, como un tío Gilito.

Porque aquí no se trata de decidir en qué invertimos un-no-se-sabe-muy-bien-qué-dinero-de-aún-se-sabe-menos-de-quienes, sino de decidir si se le deja invertir a alguien que pone dinero suyo encima de la mesa. Entre quienes plantean alternativas genéricas delicuescentes, como "industrias agrarias", "productos naturales", "energías renovables", habría que indagar qué porcentaje suplementario de impuestos están dispuestos a pagar para realizar esas inversiones desde ámbitos públicos, y qué compromiso de consumo de esas producciones adquieren. Porque el gasóleo de Gallardo’s Oil seguro que lo consumen para ir a las manis.

Personalmente creo que no nos queda otra opción, ahora mismo, que probar. Hemos establecido una especie de acuerdo general, en esta región, sobre el carácter irrenunciable de espacio ambientalmente de calidad, y debemos seguir vigilantes (ahora más vigilantes) al respecto, pero ese compromiso no puede implicar el cercenar toda iniciativa que suponga algún coste ambiental. 

Hace más de 100 años hubo en el País Vasco un debate semejante, entre los carlistas que con la excusa de proteger a la madre tierra, al tío bosque y al señor Dios, pretendían mantener sus privilegios, y quienes propiciaban la industrialización. Hace treinta años, a la gente sensata que visitaba Euskadi nos parecía que había sido un error aquella industrialización, con efectos perversos, como la contaminación, el arrinconamiento de los defensores del terruño (que generó un Sabino Arana que terminó mutando en ETA), y la desestructuración de miles de familias de inmigrantes. Pero los vascos no se equivocaron. Basta pasearse hoy por la ría de Bilbao para darse cuenta de que el error hubiera sido impedir la industrialización de un País Vasco que hoy estaría mendigando subvenciones para mantener sus rebaños de ovejas.

Démosle, por tanto, una oportunidad a esas chimeneas de las que aceleradamente queremos, en cualquier caso, alejarnos. Ahora sabemos lo que puede pasar si no mantenemos un férreo control de las emisiones al medio ambiente; ahora tenemos mecanismos administrativos y políticos para controlar eso; y sobre todo ahora tenemos voz para denunciar los impactos. 

Hace ahora 25 años que una pandilla de indocumentados encerramos a casi cien alcaldes en Villanueva de la Serena, para protestar contra la aprobación de la central nuclear de Valdecaballeros. A la manifestación con que cerramos la movida la gente tuvo que ir a pie, sorteando acequias y controles de la Guardia Civil, que husmeaba buscando la vietnamita con la que imprimíamos el boletín diario "Extremadura Humillada". Contamos casi 25.000 personas. No me digan que no es diferencia que a manifestarse contra la refinería fuesen a Mérida unas 3.000 en tractor, en coche... y hasta en avión. Es símbolo de progreso económico, pero es, sobre todo, símbolo de que no faltarán quienes permanezcan permanentemente alertas, vigilando que se cumplan los bajos impactos prometidos.

Esta es una apuesta arriesgada. Para los viticultores y bodegueros de Barros, sin duda. Pero también para Ibarra, que se juega sus rentas políticas, y para Gallardo, que apuesta sus cuartos. Lo malo que es no queda otra, porque el horizonte se ve plomizo.


(post original en blogia)  Aquel posicionamiento me generó algunos ex-amigos (obviamente no eran amigos) y bastantes enemigos. Arrastramos los mismos riesgos desde Voltaire: la libertad de pensamiento tiene costes.


2005/06/09

En la entrega del Premio Nacional de Medio Ambiente a Gaviria


Un viaje rápido y agotador a Madrid, para acompañar a Mario y su familia. La Narbona lo hizo bien. A mis alumnos de Ciencias Ambientales, y de la Facultad de Economía, les hubiera encantado ver pronunciar a la ministra esa palabreja que tanto odian: "transdisciplinariedad"...

..Me encuentro en la meréndola ministerial a Jose Santamarta, un ya ’viejo ecologista’ (al menos tanto como yo) que hacía creo que veinte años que no veía, que ahora está de asesor ministerial, y que me cuenta -como un gran descubrimiento, y como si fuesen ciertos- los bulos y fantasías animadas que la Plataforma-Anti-refinería-de-Gallardo-en-Extremadura viene difundiendo desde hace meses. En fin... ..Por allá anda también algún otro conocido, como Pablo Campos (Pablo ’dehesas’ para los amigos), que intenta afiliarme a su asociación transfronteriza de análisis de los recursos naturales, o algo así. Y hay también políticos (o lo que sean) como Labordeta, que cantaba rancheras con Gaviria en el cuartel, haciendo la mili, antes de cantar jotas largas y muermas. ..La foto es cutre, pero es que es de móvil. ..En las cañas de después otro político (... en deferencia a Mario, esta parte la aligero un poco...), bla bla bla (...) y hasta le dí una idea -gratis, of course, no como las suyas- para la Expo del 2008. Osea, que si algún lector de esto se pasa por la Expo de Zaragoza dentro de tres años, y tiene ocasión de correr vaquillas, que sepa que fue idea mía... y gratis. Por cierto, espero que hacia el 2008 no sea hable en Aragón de los "blascones", como en 1992 se hablaba en Andalucía de los "pellones". ...En fin... a) Qué bien se está lejos de todo...b) ¿Por qué será que despierta tanta malsana envidia la mera independencia, que por lo demás ni te hace más alto, ni más guapo, ni te da de comer?



(post original en blogia)

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