20121028

La vida en un chip (II)

Ya me he enrollado en alguna otra ocasión con la irresponsable gestión que hacemos de nuestra vida digital. Ya he sufrido en más de una ocasión perder el pendrive; verlo caer al patio desde el bolsillo de la camisa que estaba tendiendo, en una cuarta planta; inutilizarse por las artimañas del dicho virus; o averiase, sin más  (por cierto, nunca más un pendrive retráctil; el mecanismo se estropea demasiado fácilmente). El otro día fue una de esas, y la sensación fue terrible, pues no había hecho copia de seguridad desde hacía casi cuatro meses. Todo el seminario que imparto a partir de la próxima semana en Mexicali; el diseño de un master que estamos negociando con un centro universitario portugués; las liquidaciones económicas de los últimos meses para la unidad de gestión de investigación de mi Universidad; las revisiones últimas de los últimos dos artículos (perdón, papers) a publicar (al menos estos puedo recuperarlos en el correo, de la carpeta de enviados); y unas cuantas pérdidas más no menos dramáticas...
Y nada. No ha habido manera. Además en un formato de avería nuevo: el ordenador reconocía el pen, la distribución entre espacio ocupado y libre de los 32 Gb, incluso sugirió revisar y reparar, error que cometí pues convirtió todo lo que hubiese en fragmentos de esos de CHK, que no hay quien recupere con provecho.

Pues después de dos días desquiciado, con mucho estrés de por medio entre el viaje a Méjico a dos días vista, una inacabable baremación de candidatos a unas cuantas plazas en el área, las clases, dejar las macetas a resguardo, y tropecientos quehaceres más, he conseguido recuperar si no todo, mucho de lo perdido. Sólo ha sido el primer paso, claro, pero algo es algo. De eso va en realidad el post, que por qué no, también puede incluir utilidades.

Tras rebuscar en el baúl de la web profunda y descargar y probar con varios desconocidos programitas de salvación de pendrives, nada de nada. Al final, la solución que encontré picando aquí y allá fue la inversa a la que esperaba y deseaba. No hay que intentar "reparar", sino borrar el pendrive, esto es formatearlo (pero no a bajo nivel, naturalmente, sino el tipo de "formato rápido"). A partir de ahí los fragmentos y ficheros dejan de estar "atados" a las direcciones que el arranque les habría ido atribuyendo, y que al estropearse lógicamente el ordenador no podía encontrar. Y con cualquier buen programa de recuperación de ficheros borrados (a mí Recuva es el que más me gusta, y es gratuito) ponerse manos a la obra, a ver qué recupera.
El problema es que (especialmente si antes has aceptado erróneamente el "revisar y reparar" ofrecido por Windows, que te convertirá lo que recupere en ficheros ilegibles chk) no va a ser capaz de recuperar los nombres y datos de origen de la mayor parte de los ficheros que consiga rescatar (que, eso sí, serán la mayoría, incluso por duplicado porque recupera incluso versiones antiguas de los ficheros que no hayan sido reescritas físicamente).

Y aquí entra la auténtica utilidad, este programa, también gratuito, que tiene una capacidad enorme para buscar cadenas de texto dentro de los ficheros. Por supuesto que teóricamente Windows 7 puede hacer eso desde el botón Inicio, pero no es nada funcional. Mientras que FileSeek hace un barrido muy ordenado, y te permite abrir los ficheros para comprobar desde el listado.

Bueno... Me quedan días o semanas hasta que a ratos perdidos lo haya recuperado todo. Las copias de seguridad, cada menos tiempo. A ver si se me graba en mi Rom.



Este ha sido el culpable. Ojo con él. Afortunadamente, el servicio que la propia casa fabricante ofrece desde su Web para recuperar los pendrives estropeados es tan engorroso (ni utilizando la cámara de fotos como lupa era capaz de leer el número de serie) de utilizar que no me funcionó. Porque cuando me detuve a leer lo que hacía más detenidamente ví que en realidad hacía un formateo de bajo nivel. Es decir, eso sí que habría acabado con toda posibilidad de recuperar datos. Vaya caca de pendrive, y vaya churro de supuesto servicio postventa.

3 comentarios:

  1. No hay consuelo posible cuando perdemos datos así : )) Particularmente, me he acostumbrado a enviarme a mi correo de Gmail cualquier archivo con el que estoy trabajando o que quiera conservar, aunque también lo guarde en un pendrive.
    Esto de utilizar el Gmail como repositorio no es muy "ordenado" ni "ortodoxo", pero te proporciona tranquilidad con respecto a los ficheros.
    Saludos!
    Luis

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  2. Tiens razón Luis G. yo hago lo mismo, ya que el buscador de Gmail es bastante bueno y con un par de buenos filtros encuentras lo que buscas.
    Lo único malo que le veo es que en más de una ocasión sin entender como teniendo en cuenta las claves sin lógica alguna que llego a usar en internet con simbolos, letras númeras y hasta un dibujito de peterpan han logrado enviar spam desde mi cuenta de Google a todos mis contactos.
    Yo siempre he tenido excesiva confianza en Internet, pero de 4 años para acá la he perdido casi al 100%.
    Hoy por hoy digo lo siguiente: En internet como en la contabilidad Principio de Prudencia. :)

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  3. Bueno... También tengo copias on line en discos duros como Opendrive, Dropbox,Box y demás compañeros mártires (aunque con sus 25 Gb me voy centrando en SkyDrive, Dropbox me parece el más ágil para lo que propone Luis). El problema es que sincronizar es un coñazo, y lo vas dejando, y al final las copias de resguardo no están actualizadas. Y no puedes enviarte por Gmail por ejemplo todo, porque se agotaría la capacidad (el pendrive que se me jorobó tenía 29 de sus 32 Gb ocupados).
    En fin, que eso... que toda prudencia es poca, y aún así.
    Saludos

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