20121023

Barry Commoner, gracias


La vida digital tiene estas cosas. Vemos demasiados datos, demasiadas letras, demasiadas imágenes. Pero también aquí se nos escapan las esquinas. En los tiempos en que consumía vorazmente la prensa y los libros de papel no me habría pasada desapercibida la noticia, porque el periódico de papel lo recorría completo, saltándome únicamente los Deportes. Y no es una noticia de portada. De portada digital, al menos.
Así que me he enterado un poco tarde de que Barry Commoner ha muerto. Contradiciendo sus propios pronósticos, desde luego; porque no creo que en los años '70 creyese que la Humanidad, y por tanto él mismo, que ha muerto nada menos que con 95 años, sobreviviese a la Química moderna, las radiaciones nucleares y la sustancia misma de una Tecnología regida por un sistema de producción guiado por el mercado. Y sin embargo estamos aquí, y él ha podido contarlo. Seguiremos aquí, de hecho, durante unos cuantos milenios, quizás millones de años todavía, adaptándonos a los desafíos de la Naturaleza y a nuestras propias meteduras de pata tecnológicas.

Me he enterado de su muerte cuando me ha llegado por email  la traducción que los de SP han hecho de la necrológica del New York Times.  Aunque creo que las necrológicas se quedan como muy ligth. Busco un poco por ahí y veo que Vicenç Navarro (antes Vicente Navarro López, pero ahora en la Pompeu) opina en esa misma línea. Pero lo que él interpreta, desde los principios de la teoría de la conspiración, como un silencio orquestado, para mí es el simple resultado de la obsolescencia planificada del pensamiento, y de la incultura de la mayor parte de quienes actualmente escriben en los medios. Los planteamientos de Commoner han pasado a ser de consumo minoritario. Por edad, sencillamente, no podía alcanzar a reciclarse; no alcanzó a introducirse en los discursos alter y post, ni a hablar de gobernanza, redes o empoderamiento. Simplemente, las oleadas de pensamiento pasan, como las modas en el arte, en la ropa, o en los sabores de los polos de hielo.

Sin embargo, más allá de que los medios lo reflejen con mayor o menor exactitud, sus aportaciones son ya definitivas. Lo que puede decirse, ahora mismo, de pocos de quienes quedamos vivos y pensando en el planeta. Sus tres obras fundamentales serán fundamentales para siempre, si alguien quiere entender qué ocurrió en el siglo XX: Ciencia y supervivencia, El círculo que se cierra y La escasez de energía. Sobre todo para entender el primero de sus cuatro principios de la ecología: que todo está relacionado con todo.



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