20110925

Calidad, esa nueva falacia...

...es una cantinela permanente que tenemos en la boca quienes observamos críticamente, desde dentro, lo que viene ocurriendo con la Universidad (vamos a dejar de añadir lo de "española", porque en eso estamos ya plenamente igualados: es una tendencia global). A medida que se profundiza en el discurso de la calidad, que se crean más y más organismos (personas, sueldos, méritos acumulables, gastos corrientes) y que se implantan más y más protocolos e indicadores... la calidad desciende. No hace falta mediciones: lo sabemos, porque somos quienes impartimos y evaluamos, rebajando cada vez más los contenidos (para poder adaptarlos a los calendaios y protocolos) y rebajando las exigencias (porque si apruebas a menos del 80% se te considera un caso patológico, hay universidades en las que directamente te envían al analista). Yo llevo años proponiendo en mi Facultad que hagamos un PISA para nuestros egresados, o dejemos de decir y hacer tonterías, pues no hay ninguna, absolutamente ninguna prueba empírica de que todo este montaje, en algún lugar, haya incrementado la calidad de la enseñanza. Hasta que no llegó PISA no hemos abierto los ojos al desastre de la LOGSE.  En otro de esos cada vez más numerosos blogs de profesores obsesionados con nuestro ombligo (un efecto más de la lógica del conocimiento moderno: la especialización, pero también del eterno ensimismamiento del profesorado universitario), este particularmente agudo, recogen un montaje de video genial, que resume la primera parte (o sea, la causa) de la creciente pérdida de calidad:





Pero mi intención no era hablar de la Universidad, sino de las grandes multinacionales de la High Tech  que supuestamente habrían inspirado a las listas (porque ellas son el mejor brazo armado de la Ola, por su capacidad de disciplina y sufrimiento, y por tener que demostrar que son más profesionales incluso que lo necesario...o sea que en el fondo la causa última hay que buscarla también en el machismo, en los eternos caciques) y listos (los jefes, porque arriba del todo siguen estando ellos... que no es lo mismo que nosotros) que nos han enmerdado en el calidadismo. Pero vayamos al caso...

Tengo un smartphone de esos estupendos de la muerte que son la envidia de los ifonistas porque hace todo lo que creían que haría el Iphone pero que no hace, aunque los pantallazos pasen más suaves (sí, es cierto: he visto a menudo, sobre todo en aeropuertos, a muchos ifoneros pasando el rato pasando y pasando páginas que no leen, sólo por el gusto que da verlas pasar bajo el dedo; describir la sensación me acerca a descripciones sexuales que quedan fuera de mi registro subcultural). En realidad para los perseguidores de tendencias ya está obsoleto, pues tiene año y pico; incluso está empezando a quedarse obsoleto su sucesor, el Galaxy S II.

Sí, un ordenador pequeñito, que dicen los cursis, porque no termina de ser cierto. A eso se acercaba más el Windows Mobile. Su sistema operativo es  Android, mucho más fácil, mucho más ligero, mucho más vistoso, pero más lejano a un auténtico ordenador (claro: los Iphone ya ni digamos). Los Android tienen (casi) lo mejor y (no todo) lo peor de las versiones móviles de ambos mundos (Mac y Windows).

Jo, qué introducciones me largo, cuánta disgresión... Así cómo voy a ser catedrático, en la vida (afortunadamente para mí, no me lo planteo). A lo que iba....

Resulta que Samsung cuida a sus usuarios, y publica en plazos razonables actualizaciones... y así llegó el penúltimo sistema operativo (el 2.3.4, o Gingernoséqué). La verdad es que no noté apenas cambios respecto al anterior, salvo estéticos (y ni para bien, ni para mal). Pero enseguida empecé a notar un consumo excesivo de batería, y sobre todo un sobrecalentamiento del aparato. Y claro... A los foros se ha dicho. Porque son los usuarios, y no los departamentos de marketing, ni los de diseño, ni los de calidad, quienes terminan resolviendo los problemas tecnológicos de los cacharros, sino los usuarios, que los comparten felices en foros.

El caso es que los foros están llenos de llantinas con el sobrecalentamiento del Galaxy, que en la mayoría de los casos la gente asume como propio de la máquina, un defecto con el que que hay que vivir, porque van al servicio técnico y nada... y así.... Hay que buscar, y buscar.... Hay que penetrar en la web profunda, mucho más allá de las primeras páginas que ofrece Google, para llegar a encontrar la solución a muchos de los problemas técnicos (como ocurre con los problemas sociales). Y ahí, en lo profundo, encuentro un comentario perdido en la nada, en un foro perdido en el cosmos digital: un usuario que cuenta cómo se ha entretenido en ir probando a quitar programa tras programa y comprobar el resultado. Y tras probar a desacticvar uno de los programas propios que Samsung añade al sistema operativo, como por arte de magia el teléfono comenzó a enfriarse, y a consumir menos batería.

Parecía resuelto el tema, pero entonces surge otro, digno también de comentarse. Resulta que el desarrollo del Linux debe su empuje al odio visceral (y por tanto irracional) de muchos frikis a Microsoft, y su bandera identitaria ha sido su condición de software abierto. Pues resulta que Google coge Linux, le hace unas adaptaciones y genera su versión para móviles (y ahora también para pequeños portátiles), el Android. Pues bien... resulta que los fabricantes cogen ese núcleo abierto..., lo empaquetan bien cerrado con sus propios añadidos, y lo entregan a los usuarios. Lo que significa que los usuarios no pueden modificar las entretelas del sistema operativo... salvo que revientes el sistema, que hackees tu propio aparato. A eso se le llama hacer root (entrar en las entretelas del sistema, romper las protecciones). De otra forma no se puede desactivar el dichoso programita.

El problema lo causa un programita que anda por ahí escondido, que en la vida se me habría ocurrido activarlo porque paso de las redes sociales de amiguetes que se cuentan los pedos que se tiran y los engreidos que creen que interesa a alguien si les ha gustado la última de Almodóvar, o que ya han llegado a Paris. Se llama Social Hub, y Samsung dice que es la leche. Pues bien, resulta que ese programita, como está en un teléfono de gama alta y que se supone que quien lo tiene disfruta de tarifa plana de Internet (lo que no se paran a pensar es que son falsas tarifas planas, que en cuanto te has bajado unos cuantos correos reduce su capacidad a los tiempos de los primeros modem de 56K), pues se la pasa intentando conectando continuamente a todas esas pesadísimas redes sociales, y se supone que te unifica todas las tonterías en un único buzón. ¿Consecuencia? El acceso 3G a tope, la tarjeta SIM prácticamente ardiendo, y una batería que debería durar entre 1 y 3 días, según el uso, dura cuatro horas. Y yo en vez de dedicarme a terminar el libro del grupo de Sociología y Medio Ambiente, o a preparar la conferencia de Mexicali, un par de días liado como un friki con la aparatología. Pues eso... Tiempo perdido en resolver ese problema, que no han resuelto los departamentos de calidad, sino los usuarios en la dinámica diaria.

Ay, calidad... ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre...!

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