20110511

Días de mayo...


No es mala fecha para morir, en primavera... Mejor que en el deprimente invierno, cuando mueren los viejos comme il faut, por un resfriado. A Ramoncito -como le llamábamos algunos amigos allá por los primeros '80, incluso aunque fuésemos de una generación posterior- seguro que le hubiera gustado morir en mayo... pero del 68. En España hay pocos auténticos sesentayochistas, pero Ramón Fernández Durán lo era por antonomasia; no lo pilló a tiempo, pero en cuanto pudo se fue al Berlin que prometía ser el sucesor... aunque luego no fue así. Ha ocurrido con buena parte de los sueños de Ramón (que eran los nuestros): que no ha sido así. Tampoco han sido las cosas tan terribles como pronosticábamos, y seguramente no serán tan terribles como él seguía creyendo que serán en el futuro. Hace muchos años que no comparto su visión catastrofista, apocalíptica, pero entiendo que ese discurso también tiene un público, un nicho ecológico que precisa de nutricio ideológico, y Ramoncito ha sido un gran generador de ideas y discurso, en este sentido, para todo tipo de movimientos antialgo de las últimas dos décadas en España (él no creo que haya utilizado esa palabra por lo menos desde 1975, a mí hace años que me parece más funcional, y exacta, que estado español). Y sin esos movimientos el mundo estaría estancado... en la barbarie fascista y el lodo industrial.
Pero sobre todo Ramón Fernández Durán ha sido una gran persona, en tres sentidos. En primer lugar persona en el sentido de querer tener una vida plena, total, sin renunciar a nada de lo que la vida tiene de agradable, sea por una convención, sea por una imposición: es decir, un ser libre. Por otra parte, una buena persona, generosa intuyo que hasta el final de sus días. Conmigo lo fue. Y por otra parte, algo aún más difícil de encontrar en esta España semi-milenaria: consecuente. Fue capaz en pleno éxito profesional de dejarlo todo, y pasar de alto funcionario de uno de los cuerpos más poderosos y elitistas del Estado (los ingenieros de caminos) a activista que intenta sobrevivir (más que vivir) del propio activismo, de sus libros, sus conferencias, sus cursos en diversas universidades.
Una pena no haber tenido ocasión de darte un abrazo antes, Ramón... Me entero por casualidad, porque los contactos se diluyen en el tiempo: alguien me llama porque los de Ecologistas en Acción presentan sus últimos libros en mi facultad; me extraña la condición de "homenaje". Sabía (o creía) que había superado una dura enfermedad hace unos años. Echo un vistazo a la red, y veo que murió ayer mismo, Ufff... En cualquier caso, dejas un buen recuerdo, un gran recuerdo. Un beso, Ramón.

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