20090723

Buscando el botellón por la Francia...

... me topo al llegar con una maravilla, que a priori hubiera pensado improbable en tierras vascas. Soirée en Itzassou, en donde entro a saludar a Maite Achiary, quien me invita al espectáculo que ha montado su marido Beñat, el más espléndido gritador que yo haya oido nunca (desde el Leo Ferré de Le Chien no había oido yo algo así... por supuesto siempre que busco algo suyo, termino de nuevo en La Solitude), con el acompañamiento de músicos de los lugares más variados. El espectáculo, dentro del Festival de las Ardillas, es una versión del Poeta en Nueva York de Lorca; una pena que no esté colgado en la red, porque disfruté como hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba con música (aquí una muestra, pero es un fragmento, en una versión previa sin todo el acompañamiento). Ojalá me pille otro año cerca... (por supuesto, el festival no es recomendable para quien puedan salirle sarpullidos si ve en el mercadillo del festival libros titulados "Cultura, sociedad y civilización vasca", y todo así), y ojalá alguien suba a la red esa maravilla que consiguieron orquestar toda esta gente, invitada por Beñat Achiary (chant): Pedro Soler (guit flamenca), Michel Queuille (piano), Kahil El’Zabar (batt de Chicago, de l’Ethnic Heritage Ensemble), Hamiet Bluiett (sax baryton, véritable légende vivante du jazz), Julen Axiari (perc), Gaël Domenger et Hamid Ben Mahi (danseurs, el segundo una maravilla, el hip hop convertido en arte), Emeric Remaux (images par ordinateur).



Pierdo la tarjeta de crédito de la forma más tonta en un peaje (eso me pasa por usar peajes, que me había propuesto no utilizar), y paso con el asunto 24 horas delicadas, hasta que puedo comprobar que nadie la ha utilizado. Me doy cuenta en Francia de lo fácil que es que te vacíen la cuenta corriente si te pillan la tarjeta; aquí no piden el DNI para utilizar la tarjeta, aunque en realidad en Internet no hay control alguno, pues en ninguna transacción se pide dato alguno que no esté en la propia tarjeta. Hasta que la pierdes, no te paras a pensar al respecto.

Y me adentro una vez más en esa tierra que mis genes, seguramente más que mi inteligencia, a veces añoran..., camino de Le Havre, un lugar como otro cualquiera para asentarse unos días a hojear la prensa local en busca de la temible plaga española... y descansar un poco, que me lo merezco.

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