20080209

El auténtico Melting Pot latino

Odio la música étnica llena de tambores, esos productos del marketing global (lo más gracioso es que a menudo los venden como productos antiglobalización, llenos de rastas, gorritas arcoiris y cintitas de colores) más cateto y machacón, no voy a decir nombres que están en la mente de todos. Odio la música folkclórica en estado puro, me aburre soberanamente. Me encanta el producto de la evolución humana (y luego social), es uno de mis grandes pecados. Y el producto de la evolución es el melting pot. Me aburre Camarón más que los entierros de pueblo (odio especialmente cualquier versión de "Volando voy"), y nunca les he visto ni la épica ni la estética a los yonquis (que por dos veces me dejaron, en mi paupérrima juventud, sin mis trabajadas colecciones de música, por dejarles yo a ellos la llave de casa); pero me encanta José Mercé cuando es infiel a los suyos, y mucho más todavía me gustan los de Chambao (no creo que haga falta linkarlos).

Bueno... Pues que me ha sorprendido descubrir (osea, no haberlos descubierto antes, pero afortunadamente el tiempo ya no existe; ya no existen los discos desclasificados, agotados, qué estupendo, ¿no?) a Kevin Johansen + The Nada (así,+ y no &), con residuos de todos los ritmos latinos, del flamenco a la cumbia, más la psicodelia, Nick Drake y el folk-pop anglo. Están Sui Generis en el fondo, cómo no en unos argentinos pop, y Calamaro (y por tanto Dylan), pero también Aute y Françoise Hardy, y claro, su regustillo muy lejano al jazz ligth. Sí, también Albert Plá y a su través Cohen (los tres) pero también Sisa (por fin en la Wikipedia aunque demasiado escaso, por sus años de españolismo, supongo que aún no perdonados del todo) y sobre todo Pau Riba... Y más cosas, más, como el sonido de los renos, o lo que fueran, de Doctor en Alaska, y otras obviedades, como el recientemente citado aquí Led Zeppelin III. Incluso el muermo nórdico y melancólico que tiene que arrastrar en los genes, por viejos y mezclados que estén, alguien que se llama Johansen. Qué horror, esto debe de sonar a las tonterías de esos cretinos catadores de vino que detectan maderas del brasil y regustos a fresas del bosque en un vino de uva normal, cosechada en un cutresecano y cocido en un depósito de acero inoxidable. Pero no es el caso: aquí sí que hay maderas tropicales... también.
Pues eso: melting pot. Un placer conocerles...

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