20070327

Techos de cristal

Superar los condicionamientos culturales que están detrás de ese socorrido concepto que es el machismo nos va a costar todavía unas cuantas generaciones más. Voy más allá de la espuma de la que se ocupan las (supongo que hoy necesarias, pero sólo provisionalmente) Leyes de Igualdad. Por ejemplo, la ironía. Su cultivo lo creeemos reservado, de forma 'natural', a los hombres, al igual que tantas otras virtudes que, grandes pensadores como César Vidal, han atribuido tradicionalmente a nuestro sexo. Por ejemplo: cuando vemos programas de humor, atribuimos inconscientemente a los hombres que dicen cosas graciosas su autoría, mientras que las de las mujeres se las atribuimos al guión. Para los hombres de más de 50 años, pensar en una mujer graciosa es pensar en Lina Morgan, algo casi asexuado. Así que no me extraña que entre los seguidores de ese tremendo blog que es La petite Claudine abunden quienes están convencidos de que la autora es, en realidad, un autor.

- "¡Cómo va a escribir una mujer esas cosas!. Puede optar por las gracias ñoñas de la seño de su señor, o por las payasadas de Lina Morgan... Pero hacer esgrima con la ironía volteriana...,¡ venga ya..!.".

Es ese un síntoma al que nos debemos de enfrentar, como siempre, con el látigo del conocimiento; el conocimiento es el único martillo que rompe, uno tras otro, los techos de cristal que las leyes no ayudan a romper. Pues bien... Aunque en este caso seguramente la propia autora alimente el morbo por respetables razones de marketing (por ejemplo, enviando a un amigo, o novio o hermano o lo que sea a recoger un premio bloguero), basta una breve investigación para determinar su existencia real y su condición femenina; no muy llamativa, pero mujer al fin, que es lo que importa. Aquí tienen la prueba (trabajen un poquito y búsquenla, que esto de los vínculos empieza a parecerse demasiado a la papilla, de lo mascado que lo damos todo). Sorry por desvelar el misterio, pero lo exigía el guión de la lucha por la igualdad de sexos. Es sólo una expresión más del desencantamiento de que hablaba Weber al referirse a los efectos del imperio de la racionalidad en las sociedades modernas.

1 comentario:

  1. marchista29/3/07 10:07

    Yo era uno de los que después de seguir tu primer link a su página, estaba convencido de que era un tío. Pero es verdad que el conocimiento nos hace libres: ahora sé más, pero además me siento libre para además de reirme, ponerme cachondo cuando la lea, jejeje. Gracias por la investigeision

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